En 1919, Erich Reiss Verlag publicaba en Alemania una novela. Se titulaba Cárcel, la firmaba una mujer y se convirtió en un éxito, una novela de esas que causan “sensación”. La autora era Emmy Hennings, que además de escritora era actriz y cabaretera y que estaba muy vinculada a los movimientos expresionistas. Ella era una de las piezas clave del movimiento dadá, la fundadora – junto con su marido, Hugo Ball – del Cabaret Voltaire en Zúrich.

Pero además la novela tenía una vertiente aún más poderosa: la historia que narraba Hennings era completamente autobiográfica (y quizás tendríamos que preguntarnos cuánto se puede considerar novela y cuánto no). Ella misma había estado en la cárcel en 1914, tanto preventiva como cumpliendo la sentencia (como la protagonista de la historia, Emma), tras haber sido acusada por uno de sus clientes (Hennings había sido prostituta) de haberle robado.

Y, como explican en las notas que acompañan la edición que El Paseo ha hecho ahora de la historia (que ha sido traducida por primera vez al castellano), esto dota también a la narración de otro elemento de mérito. Hennings publicó un texto que criticaba la “ruindad del sistema jurídico germano” y la “indefensión de las mujeres” sin tener detrás el respaldo de una situación social ‘segura’. A diferencia de otras escritoras surrealistas y de la época, que venían de las capas acomodadas de la sociedad (y que por tanto tenían ese ‘colchón’), Hennings salía de las masas no burguesas.

Emmy Hennings era, de hecho, cabaretera en el momento en el que acabó en la cárcel. La novela empieza con su preocupación sobre un contrato que había cerrado para ir a actuar a París, pero que no podrá cumplir por estar en cárcel preventiva. Durante la época, en Múnich, donde vivía, ya había entrado además en los círculos de poesía expresionista. En esa época también conocería a Hugo Ball, con quien se acabaría casando años después y con quién se mudaría en 1915 a Zúrich, donde fundarán el Cabaret Voltaire.

Cárcel es una especie de fluir de la conciencia en el que no se nos cuenta exactamente todo (¿será acaso la enfermedad que la protagonista tiene cuando entra en la cárcel por vez primera simplemente los efectos del síndrome de abstinencia, dado que Hennings era en aquella época adicta al éter y a la morfina?) pero en el que tenemos la sensación de asistir a una narración especialmente sincera de lo que se vivía y se sentía siendo una mujer en una cárcel en la Alemania de 1914. Como notas a pie de página vemos arrancar el comienzo de la I Guerra Mundial y el mundo que ocurre fuera de los muros de la cárcel, mientras la narración nos adentra no solo en la existencia de la protagonista, sino también de sus compañeras de presidio.

Y al acabar de leer no puede dejar de sorprender que esta novela se haya quedado un tanto borrosa en la lista de libros que han ido llegando hasta nosotros y que Hennings haya caído en un cierto olvido. Afortunadamente, la publicación de esta traducción funciona como una llave para adentrarse en su figura y la propia editorial ya ha anunciado que publicará la otra novela de la escritora próximamente.

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