luna-melies

Poner nombre a las cosas en el espacio está regulado por un organismo internacional. No todo el mundo puede nombrar accidentes geográficos espaciales y estos funcionan como una especie de homenaje a las personas que les dan nombre. Pero, como suele ocurrir en tantas cosas, esos homenajes no siempre están completamente equilibrados. En la Luna hay 1586 cráteres que llevan nombres de científicos y filósofos (hombres), pero solo 28 que llevan el nombre de una científica o de una filósofa. Esas mujeres son las protagonistas de Las mujeres de la Luna, el libro que han escrito a dos manos los científicos Daniel Roberto Altschuler y Fernando J. Ballesteros (y que acaban de publicar de forma conjunta Next Door Publishers y Jot Down Books).

las-mujeres-de-la-lunaAltschuler y Ballesteros repasan la biografía de cada una de las 28 mujeres que han dado nombre a uno de los cráteres de la Luna. El libro funciona así como un pequeño compendio biográfico de (una parte de) las mujeres de la ciencia de los últimos siglos, pero también como una manera de descubrir no solo lo difícil que llegó a ser para las mujeres entrar en este entorno (y ser tenidas en cuenta) sino también de las muchas injusticias que se cometieron con su trabajo.

Como los propios autores explican en varias ocasiones, a unas cuantas de estas mujeres se les obvió su contribución en el campo científico (ahí están premios Nobel que se llevaron otros o que hubo que insistir para que fueran justos – como ocurrió con el primero de los premios Nobel que se llevó Marie Curie y ante el cual su marido, Pierre, tuvo que insistir que tenía que ser para ambos cuando solo se lo querían dar solo a él – o mujeres cuyos descubrimientos fueron obviados o infravalorados) o simplemente se las consideraba irrelevantes o de menos valor. Las computadoras de Harvard, por ejemplo, ganaban mucho menos que los hombres, no se les dejaba margen para hacer un trabajo científico propio u original y su trabajo era eclipsado por el que hacían otros hombres, ya fuesen miembros de su equipo o de su propia familia. El libro funciona así también como una reivindicación del trabajo de las mujeres en la ciencia, un trabajo que está ahí y que debe ser recordado.

Teniendo en cuenta el tipo de libro que es, cada capítulo merece una atención individualizada. Por supuesto, no todas las historias son igual de interesantes y no todas las historias son igualmente cautivadoras (dos de las mujeres que dan nombre a cráteres en la Luna lo consiguieron, directamente, porque lo compraron: si recibieron esta distinción fue, simplemente, porque habían sido importantes mecenas y habían donado dinero para la ciencia), aunque muchas de ellas harán que se sientan muchas ganas de saber mucho más y que se despierte mucho interés por estas científicas y por aquellas que aparecen mencionadas de pasada, ya que no tienen su homenaje lunar aunque sean igualmente muy interesantes (como es el caso de Émilie du Châtelet).  Y, quizás por ello, Las mujeres de la Luna es, ahora que vienen las fechas de hacer regalos, una buena idea para regalar o para autorregalarse.

Foto La Luna según Melies 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...