Desconozco si alguna editorial ha comprado ya los derechos de traducción de The summer before the war, de Helen Simonson, aunque este es ese tipo de libros que una da por hecho que acabarán en las mesas de novedades de las librerías en castellano y que no tardarán además mucho tiempo en hacerlo. La cuestión es qué editorial una espera que lo traduzca. Es muy probable que sea alguna de las que publica grandes bestsellers, en alguna edición de tapas duras que se colocará de forma destacada en las mesas de novedades de las grandes cadenas de librerías. Aunque lo cierto (y como lectora de la novela voto por ello) es que también podría acabar en manos de alguna pequeña editorial independiente de ediciones bonitas y cuidadas que hará que el libro llegue a un público más amplio que si sale con el apellido ya de bestseller (podríamos debatir sobre si la gente que lee(mos) bestsellers suelen tener menos problemas para leer otras cosas que quienes leen solo lo que dan por hecho es alta literatura, que suelen mantenerse alejados de la literatura popular). La novela de Simonson funciona a muchos niveles y puede meterse en muchos apartados, aunque se corre el riesgo de dejarse atrapar por la idea de que una historia con encanto y un final satisfactorio (sí, todos damos por hecho que ciertas cosas van a pasar) solo pueden entrar en ciertas etiquetas.

the summer before the warY después de todo este párrafo infinito vamos a lo que vamos: ¿qué es lo que cuenta la novela y por qué debería editarla alguien en España? La novela es la segunda obra de Helen Simonson, lo que le ha garantizado bastante cobertura por el éxito de la primera historia en los medios anglosajones pero que no supone ningún problema para quien la lee sin conocer a la autora antes (como es mi caso).

La novela nos transporta al idílico comienzo de verano de 1914, a Rye, en el sur de Inglaterra. Agatha Kent, una de las damas locales influyentes y una de las combativas integrantes del consejo escolar, ha hecho lobby para que contraten como nuevo profesor de latín a lo nunca visto, una mujer muy formada que posiblemente esté sobrecapacitada para el puesto pero que cuenta con la oposición de los demás miembros de la junta escolar.

Y, aunque están en plenas vacaciones de verano (y ahí están los dos sobrinos de los Kent, en ese momento en el que se acaba la universidad y se enfrenta uno al último verano antes de empezar la edad adulta), la profesora de latín llega al pueblo. Se llama Beatrice Nash, tiene 23 años y es mucho más joven de lo que todos daban por hecho. También es más moderna de lo que esperaban. Y ahí empieza un tira y afloja entre las fuerzas vivas del pueblo para acabar con la señorita Nash y poner a un profesor de latín como está mandado y los Kent y sus aliados por otro para mantener a Beatrice en su puesto (y enseñarle que a veces, para lograr lo que se quiere, hay que jugar el juego de las apariencias… aunque Beatrice no acabe de estar de acuerdo).

Pero, como todos sabemos, estamos en el verano de 1914, acaban de matar en Sarajevo a Francisco Fernando y las cosas no serán tan idílicas como los engañosos días de sol parecen indicar. Y esa realidad, y el modo en el que se integra en la historia, es lo que hace que esta novela sea especial.

Porque la novela funciona a varios niveles. Por una parte, está la historia adictiva, esa especie de pequeño Downton Abbey cómico y esa novela de aires encantadores muy al estilo de todas esas escritoras de principios del siglo XX británicas de las que somos tan fans. Una vez que se entra en la historia es muy fácil dejarse llevar por el leer de una sentada (y teniendo en cuenta que mi método de acceso a la novela fueron las peores galeradas vía Netgalley para lectura para medios que he visto en mucho tiempo, con una edición horrible en mi versión para Kindle, una de esas en las que te puedes encontrar con líneas en las que solo hay dos palabras y en las que las mayúsculas se usaban de forma no correcta, se puede ver el peso de este punto) y por el quedarse con la novela de costumbres de pequeño pueblo que parece encantador como una miniserie de época… pero que es bastante corrosivo.

Por otro, está el jugar a leer entre realidad y ficción. Ver cómo el pueblo acaba dejándose llevar a la guerra y cómo reciben a los refugiados belgas funciona a ese nivel, como también la presencia de Henry James. Cierto, no es Henry James, sino Mr Tillingham, un escritor estadounidense que lleva décadas viviendo en Rye y que vampiriza las vidas reales de sus conocidos en sus obras (pero sí, solo hay que buscar los paralelismos…).

Pero, por otro, está también el entramado literario, que funciona como un engrasado reloj, y el artefacto, que bajo su apariencia encantadora y su aparente banalidad de contarnos lo que pasa en  un soleado verano descubre una historia mucho más compleja y aborda muchos más temas (y sí, sabemos que hay muchas novelas así, pero también lo increíblemente difícil que es hacer algo así bien y lograr un armonioso resultado final). Porque en la novela, como ocurrió en la vida real, la vida encantadora de la campiña se ve de pronto golpeada por la realidad sórdida de la batalla (esa misma que había sido idealizada con pasacalles y cuadros vivientes de la valiente Britania acabando con Alemania).

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