Cuando las palomas cayeron del cieloCuando las palomas cayeron del cieloes un libro fascinante, pero no la obra maestra que pretenden hacernos creer.

Se trata del último trabajo de Sofi Oksanen, la escritora finlandesa de ascendencia estonia, autora de la celebrada (y muy vendida): Purga. En ‘Cuando las palomas cayeron del cielo’ vuelve a ambientar la trama en la Estonia de los años de la II Guerra Mundial y el período posterior, lo que resulta ya de por sí bastante interesante. Porque libros ambientados en la II Guerra Mundial hemos leído para dar y tomar, pero casi siempre situados en los mismos países: Alemania, Francia, Inglaterra… De la historia de Estonia, anexionada por los soviéticos ya antes de la guerra, “liberada” por los nazis, y recuperada por la URSS en 1944 (imaginaos que trasiego de lealtades) poco se sabe (al menos yo).

Pero al igual en en ‘Purga’, el contexto histórico es solo el telón de fondo (pero que influye, pero que moldea) donde dar vida a unos personajes que son la esencia del libro. En este caso tenemos a Roland, un hombre sencillo, honesto, que busca una Estonia libre; su primo Edgar, arribista, sin principios ni moral alguna, y la mujer de este último, Juudit, desconfiada, apasionada, condenada por las circunstancias a ser una infeliz.  En la descripción del interior de estos personajes encontramos sin duda una de las principales fuentes de placer del libro: con su lenguaje crudo y a la vez poético, Oksanen acierta a reflejar pensamientos y sentimientos, tanto pueriles como profundos, con una intensidad y un poder de evocación tremendos.

Pero además de novela psicológica, ‘Cuando las palomas cayeron del cielo’ es también un thriller, una obra construida en relación a la resolución de un misterio. Así, mediante la narración a través de diversos personajes, mediante saltos en el tiempo, mediante pequeños enigmas inconclusos… conocemos a los personajes, indagamos a la vez en la historia de Estonia y en el alma humana, y construímos un camino que debe llevarnos a la conclusión final. Y algo falla cuando esta te deja fría.

Porque el suspense mal dosificado se vuelve contra la autora, porque el desenlace, rápido y abrupto, resulta precipitado, pero sobre todo porque el libro resulta confuso, desde la primera a la última página. Una no entiende hasta la mitad del libro de qué huye Roland, y necesita volver para atrás de vez en cuando para comprobar que no se ha saltado una página (y no, no la ha saltado, simplemente se presenta una situación de forma, a mi entender, incorrecta). Y no creo que el libro quiera ser un reto para el lector, ni gane siéndolo.

Lo curioso es que a pesar de fallar en su objetivo, volvería a leer este libro otra vez, porque no sobra ninguna escena, simplemente no están bien hilvanadas, pero sobre todo por su belleza y por su fuerza intrínsecas.

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