El ruletistaPocos saben como se llama, porque lo que hace ha acabado por borrar su nombre. Ahora es simplemente el Ruletista, el mendigo reconvertido en estrella del juego de la ruleta rusa. Por él, los miembros de la alta sociedad, como el escritor de éxito que narra su historia, bajan primero a sótanos apestosos y luego a lugares más elegantes en los que el Ruletista se enfrenta a la muerte. Y sale siempre con éxito. Ese es el protagonista de uno de los cuentos de Nostalgia, de Mircea Cărtărescu, titulado justamente El Ruletista. El breve cuento ha sido además publicado en un volumen propio por Impedimenta, la editorial española que está recuperando para el lector español la obra del autor rumano, lo que lo convierte en un primer acercamiento a la obra de Cărtărescu.

Cărtărescu es uno de esos habituales en las quinielas para los premios Nobel de Literatura (aunque el favorito este año es Haruki Murakami) y es claramente el más popular exponente de la literatura rumana contemporánea. Nostalgia, y con él El Ruletista, es una obra de juventud de Cărtărescu, un libro que tuvo que ser publicado en Rumanía con otro título y siendo víctima de la censura (uno de los cuentos se titula El arquitecto, el nombre popular por el que era conocido Nicolae Ceaușescu, y Nostalgia era también el título de una película de Andréi Tarkovski en el exilio), aunque volvió a ser editado en los 90 en la forma en la que Cărtărescu había decidido. Del libro, Cărtărescu considera que REM es la mejor historia aunque El Ruletista es muy poderosa.

¿Por qué funciona tan bien El Ruletista? Es una historia breve y, aunque narra algo que tantas veces hemos escuchado (el auge y caída de un don nadie), resulta original. Sabemos que algo malo va a tener que pasar, lo buscamos y lo intuimos a cada cambio de párrafo. El protagonista es un jugador de ruleta rusa, un juego en el que los participantes luchan contra la muerte basándose únicamente en su buena fortuna, por lo que nada bueno puede salir de allí. Pero Cărtărescu nos va llevando por el texto: nada pasa como esperábamos y nos va guiando hasta un final sorprendente. Al ser la historia un relato, el autor no nos lo da todo hecho así que no nos queda más remedio que imaginar la época, el decorado y, sobre todo, lo que ocurre en la mente del Ruletista. Cărtărescu nos da algunas pistas, pero nosotros como lectores tenemos que hacer nuestro trabajo. Y eso es una de las mejores cosas del relato. Y aunque el Ruletista es el protagonista (es el quien se enfrenta a la muerte) también nos preocupamos por ese narrador, ese protagonista alternativo, que es el escritor de éxito que nos cuenta la historia de la ruleta, ocurrida en sus tiempos de juventud. 

En definitiva, un maravillo relato para leer y releer.