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Este año se celebra el año de las hermanas Brontë. Se cumplirán 200 años del nacimiento de Charlotte y eso capitalizará un año de eventos (a la exposición en Londres le tenemos muchas ganas), artículos en masa (esperad a que llegue el cumpleaños – 21 de abril – para ver la gran avalancha) y muchas novedades literarias (especialmente en inglés, aunque damos por hecho que las editoriales españolas también se acabarán sumando a la marea). Y si queréis quedaros con un libro de todos los que van a aparecer como lectura para la fiebre Brontë, ya sabemos con cuál tenéis que quedaros.

El libro Brontë que yo recomendaría para quedarse con uno y sobrevivir a la avalancha de novedades es The Madwoman Upstairs, de Catherine Lowell, que la editorial británica Quercus lanzará en unas semanas. De hecho, si yo fuese la responsable de comprar derechos extranjeros de alguna editorial española, este sería el libro que compraría (sí, es uno de esos trabajos que parecen los mejores del mundo… siempre que quites que los libros cuyos derechos compras tienen que ser un éxito).

¿Por qué semejante canto de sus alabanzas y entusiasmo? No. Ni su autora ni su editorial me han mandado un jamón de pata negra a casa. He leído la novela y me ha encantado, tan simple como eso. Confieso que no tenía muchas esperanzas. Vi la novela en Netgalley* y decidí pedirla porque siento bastante interés por todo lo que las editoriales lanzarán en el año Brontë. El resumen parecía un poco más de lo mismo (la novela la venden como «una ingeniosa moderna historia de amor que bebe de los clásicos Jane Eyre o Cumbres Borrascosas, perfecto para fans de El club de lectura Jane Austen«, que es un poco como venden millones de cosas – quizás millones no, vale – de aires literarios) y lo cierto es que rápidamente lo olvidé. Tampoco tenía muchas esperanzas de que la editorial me mandase el libro**, pero lo hicieron (¡bien por ellos!).

the madwoman upstairsLo descargué en mi ereader, se quedó en la larga lista de libros por leer y este viernes, antes de comer, empecé a leerlo un poco por casualidad. No recordaba muy bien de que iba (volví a leer el texto de presentación cuando iba por el capítulo dos) y no tenía grandes expectativas. Si os confieso que se me hizo tarde y me olvidé de hacerme de comer (solo el hambre rompió la lectura) comprenderéis que el libro me enganchó rápidamente. The Madwoman Upstairs, de Catherine Lowell se puede leer de tantas maneras que cuando llegué al final estuve tentada a empezar a leerlo otra vez (y lo releí por encima).

Tiene lo bueno de los best-sellers y es una novela que se lee fácilmente, tiene lo bueno de lo muy (y usemos la palabra en inglés, que es la que mejor lo describe) bookish y hay maravillosas conversaciones literarias y es tremendamente divertido (y por divertido digo reírse en voz alta). Y aunque es una novela fascinantemente literaria en la que se habla mucho de literatura no es de forma pedante y pesada. ¡La protagonista (y la narración) se ríe de toda esa pedantería! (Y sí, a veces quería parar de leer y aplaudir).

¿Cuál es la historia? Samantha Whipple tiene 20 años y acaba de ser admitida en una facultad un tanto chapada a la antigua de Oxford para estudiar Literatura (tan antigua que no hay clases sino un tutor que dirige tus lecturas y al que hay que entregarle ensayos sobre lo que se lee). Samantha ha tenido una educación un tanto irregular, educada en casa por su padre escritor que le hacía leer complejas novelas cuando era pequeña y la mantenía completamente alejada del resto del mundo, que ha hecho que sus conocimientos sean precarios en muchas áreas. ¿Cómo una persona como Samantha es admitida en una de las mejores universidades del mundo? Pues porque no solo su padre era un escritor famoso sino (y sobre todo) porque Samantha es la última de los Brontë, la única descendiente de uno de los hermanos de Patrick Brontë y la que se supone que es la receptora de una herencia llena de secretos sobre las tres hermanas. La gente suele preguntarle si escribe y por la gente entendamos periodistas, personas que hacen entrevistas de entrada en la universidad y desconocidos, porque Samantha no tiene en realidad muchos amigos (podríamos decir que incluso ninguno) y no sabe relacionarse con la gente un tanto emocional (como por ejemplo digamos su madre).

Y así Samantha llega a Oxford, donde tiene que vivir en un torreón sin ventanas digno de una novela gótica (era, nos cuenta Samantha, donde en el siglo XIV se mantenían en cuarentena a las víctimas de la plaga) y donde empiezan a aparecer, como por arte de magia, libros que podrían ser las pistas para un gran misterio. Por supuesto (ya nos lo decía el eslogan ese tan igual al de tantas novelas), hay una historia de amor. El tutor de Samantha es un niño prodigio de la investigación literaria, que no tendrá más de 30 y que es el clásico profesor del que todas las alumnas se enamoran. “Me quedé mirándolo fijamente y empecé a entrar en pánico, porque se me ocurrió que quizás ese hombre no-viejo, no-gris y no-feo podría ser James Orville III”, cuenta Samantha sobre su primer encuentro, en un modo en el que podréis ver claramente la clase de narradora que es. “Me paré delante de él. Hubo un momento de silencio. Tenía una frente noble que me hacía sentir ganas de escribir caligrafía en ella”. “En algún lugar, lo supe, debe tener un montón de hijos ilegítimos, todos llamados Bartholomew”, añade.

Toda la narración está llena de ironía, de imágenes perfectamente logradas (y perfectamente divertidas) y de toques que hacen de esta novela algo especial. La historia es, al final, bastante vieja. No es más que un misterio literario y una novela sobre novelas y sobre la fama literaria y los juegos de espejos sobre lo que fue y lo que creemos que fue (y este último punto, confieso, es uno de los temas que me fascina literariamente), con toques de historia de amor encantadoramente victoriana. Pero lo que hace de esta novela algo especial, es no el qué sino más bien el cómo y también el modo en el que es cómo se usa para decirnos muchas más cosas y para invitarnos a pensar sobre muchas otras cosas literarias (y además, ¡qué demonios!, la novela es super pro-Anne y eso me encanta, que la pobre Anne siempre es la olvidada).

Y todo está lleno de ecos de las propias novelas de las hermanas Brontë y de sus propias vidas, porque si algo tiene esta novela (pero de una forma muy natural y muy bien llevada) son conocimientos literarios. Cuando acabas de leer, quieres entregarte a un maratón de lectura sobre las hermanas. De hecho, debería dejar de escribir y ponerme ahora a releer Agnes Grey.

*Netgalley es un servicio para blogueros, libreros, periodistas y gente variada del mundo de los libros (en el que cualquiera que encaje con ese perfil puede darse de alta), en el que se pueden ver los libros que van a lanzar las editoriales, pedir que te den acceso a leer una galerada y que te la faciliten (o no) en formato electrónico.

** Ellos pueden rechazar tu petición y escribiendo en un medio que no es de ninguno de los países de las editoriales que usan Netgalley es lo que suele suceder.

 

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