La segunda vida de Viola Wither,Los Wither esperan la llegada de Viola, su nuera y la esposa de su difunto hijo Teddy. Está la madre, conciliadora; la hija mayor, Madge, obsesionada con tener un perrito y con una vida solitaria a sus 40 años; la pequeña, Tina, que ya ha cumplido 35 y parece bastante aburrida de la vida en el campo; y el señor Wither, recto, aburrido y obsesionado con el dinero. No es que la familia no tenga dinero:  The Eagles, la casa familiar, es grande y un poco imponente (y aunque al señor Wither no le gustan todos los elementos decorativos heredados en el domicilio no los quita porque a saber lo que costaría) y tienen un completo servicio, con chófer incluido.

A esa casa aburrida y gris llega Viola, de veintipocos años y terriblemente apesadumbrada porque ya nos imaginamos lo que se le viene encima (ella también). Pero Viola no tiene más alternativas. Su padre murió hace unos años (si no no estaría ahí y tampoco se habría casado con Teddy) y no tiene ni ingresos ni dinero en el banco. Porque Teddy Whiter no hizo previsión de lo que podría pasar si fallecía y ella – como su familia política no deja de recordar – no era antes de casarse más que una simple dependienta. Así que Viola no tiene más remedio que sepultarse en  The Eagles y esperar a que la rescate el príncipe encantado, es decir, Victor Spring, el rico local con el que sueñan todas las chicas del pueblo (aunque todas saben que no van a poder hacer más que soñar).

 Así comienza La segunda vida de Viola Wither , de Stella Gibbons, que Impedimenta ha traducido al castellano (en inglés su título no tiene nada que ver, aunque para los lectores castellanohablantes sugiere mucho menos que el de la edición española, Nightingale Wood) y que como todas las novelas de Gibbons (al menos las que Impedimenta ha publicado en castellano) tiene mucho de ironía. Cierto que Viola Wither no es como Flora, la hija de Robert Poste, y no tiene que moverse en ese mundo tan paródico y divertido que es Cold Confort Farm, pero la novela también arrancará unas cuantas sonrisas mientras se lee. Gibbons es una maestra en el uso del lenguaje. 

Hacía un poco de todo (escibe sobre un hombre solterón y de avanzada edad). La gente era amable con él. De haber vivido en una tribu salvaje, lo habrían enterrado hasta el cuello y lo habrían dejado morir. Según dicen, los salvajes son criatura lógicas salvo cuando se enfrentan a sus propios tabús. Pero la gente, por lo general, era amable con el señor Spurrey. 

Y aunque Viola es el persoaje que va al título, no es la única protagonista de la historia (que sí, también puede leerse como una versión moderna de La Cenicienta, en la que las cosas suceden en los años 30 y las referencias al contexto nos llegan vía Guerra Civil española). Ahí están Hetty, la prima de Victor Spring que sueña con independizarse e irse a vivir a una buhardilla en Bloomsbury, o Tina Wither, y la pasión que desarrolla por el – mucho más joven – chófer de sus padres, Staton. A todos observa Stella Gibbons y de todos nos habla, sin en el fondo concesiones sentimentales sobre las cosas que hacen.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...