las vacas de stalin¿Es Purga un único libro brillante? Leí Purga hace unos años, cuando acababa de llegar de un viaje por el norte de Europa (Estonia y su compleja historia del siglo XX vía museos en Tallin incluida) y la revista del aeropuerto de Helsinki me recomendó encarecidamente leer Las vacas de Stalin de Sofi Oksanen. La autora era una de las jóvenes promesas de la literatura finlandesa, ganadora de incontables premios literarios y (posiblemente ahora) una de las escritoras más conocidas del norte de Europa. Entonces, la obra más reciente de Oksanen aún no estaba traducida al castellano y Las vacas de Stalin (que sí lo estaba en una edición de hacía unos cuantos años de una pequeña editorial independiente) era muy difícil de encontrar. Stock acababa de editar en francés en su colección La Cosmopolite la traducción francesa de la más reciente, Purge , y decidí empezar por ahí.

Una cinta anunciaba que se había hecho con el Prix Femina en 2010, lo que aumentaba las garantías de calidad de la obra.

Y tras leerla la recomendé a un montón de gente. Cuando Purga salió editada en España, me convertí en evangelista. La obra es una fascinante aproximación a la historia reciente de Estonia desde dos puntos de vista. Por un lado está Aliide, una anciana que vive en una granja en la Estonia rural, llena de secretos del pasado. Por otro está Zara, una misteriosa chica que llega a la granja en la que vive Aliide contando una confusa historia y hablando en un estonio que suena antiguo (y que nos hace prever que vamos a encontrarnos otra ración de secretos). Y la historia, que va y viene en el tiempo, funciona, funciona muy bien, porque la tensión dramática está muy bien gestionada y los secretos se van revelando a su debido tiempo.

Okasen se convirtió en una autora muy valorada con esa obra y era de esperar que sus obras anteriores y posteriores consiguiesen gran atención mediática. Cuando las palomas cayeron del cielo  es la última de sus obras, que yo no he leído aún pero que – apuntan – parte de un contexto histórico fascinante pero que es confusa. En este caso, volvemos a enfrentarnos a la historia reciente de Estonia, con una historia que se remonta a  la II Guerra Mundial en el país, que cambió de manos en varias ocasiones. La primera novela de Oksanen sigue teniendo la tirada agotada en castellano, pero ha sido editada y reeditada en otros idiomas.

¿Y cómo es Las vacas de Stalin, que hemos descubierto vía su edición francesa, Les vaches de Staline ? Tras haber leído Purga, resulta decepcionante. La historia se centra como es habitual en la autora en la historia reciente de Estonia, en este caso vista por los ojos de la hija única de una estonia y un finés, nacida en los años 70 (justo como la autora). El título rememora el nombre irónico que los estonios deportados en Siberia le habían dado a las cabras delgadas y miserables que se encontraban en la zona. Y lo que nos promete la novela es cruzar tres historias: la de Anna, la chica contemporánea, que sufre trastornos alimenticios; la de Katariina, su madre estonio, que conoce en los 70 a un finlandés que llega a Tallin para construir un hotel; y la de Sofia, su madre, que sufrió las penurias de la II Guerra Mundial.

Pero en realidad, solo leeremos la historia de Anna y sus problemas alimenticios. La historia de Katariina es despachada de forma mucho más superficial (a pesar de que ofrece algunos conflictos literarios muy interesantes, como por ejemplo su rechazo a todo lo estonio una vez llegada a Finlandia y como es considerada una eterna extranjera en su nuevo hogar) y la de Sofia directamente sobra. Solo consigue unas cuantas páginas en la parte final, que realmente tampoco aportan tanto para iluminar el resto de la historia, y en la que se concentran demasiadas cosas (Sofia, su familia, los deportados, los huidos en el monte…) sin que lleguemos a profundizar en nada. La narración fragmentada y no lineal que tan bien funcionaba en Purga, aquí dificulta la lectura y hace que la narración no llegue a explicarnos muchas más cosas más allá de los problemas de alimentación de Anna. Y de las vacas de Stalin, en realidad, no acabamos por saber nada…

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