No aparece Los amnésicos, de Géraldine Schwarz, en las listas de libros que queríamos leer después del verano y en la que peinábamos las novedades de las editoriales que iban a llegar con el trimestre de la vuelta al curso. ¿Se nos coló entre los títulos? ¿O simplemente nos dejamos llevar por una cierta saturación de no-otro-libro-más-sobre-nazis? Sabemos que es muy importante que se publiquen libros de historia sobre la II Guerra Mundial, pero también que a en ciertos momentos las listas de novedades incluyen tantos que acaban difuminándose y mezclándose unos con otros.

Así pues, al libro de Schwarz acabamos llegando por otro medio. El suplemento de domingo de El País publicaba a principios de septiembre una entrevista con la autora. “Lo que hacen los populistas no es un trabajo de memoria: la instrumentalizan. Un trabajo de memoria bien hecho significa no mentir”, señalaba en la respuesta a una de las últimas preguntas, sobre justamente si había o no demasiados libros sobre el mismo tema.

La premisa del libro va, directamente, al fondo de lo que supone adentrarse en esa memoria de una manera sincera. Schwarz se preguntó por el papel de sus abuelos paternos, alemanes que vivían en la Alemania nazi antes y durante la II Guerra Mundial. ¿Hasta que punto habían colaborado con el régimen siendo Mitläufer, ese alto porcentaje de población que no estaba ni manifiestamente a favor ni en contra?

La edición de Tusquets no estaba entonces todavía en el mercado, pero sí lo estaba la edición francesa y ya incluso en bolsillo. El libro salió, en un primer momento, en una edición francesa y en una alemana. Compré Les Amnésiques en la edición de bolsillo de Flammarion online poco después de leer la entrevista y lo recibí muy rápido. Creo que indica el poder del libro el hecho de que, aprovechando los días de buen tiempo veraniego que tuvimos en Galicia a principios de septiembre, me lo acabé llevando a la playa, a pesar de que es el libro menos indicado posible para leer en la playa. Pero era incapaz de dejar de leerlo. Ahora es un tomo de bolsillo machacado y lleno de arena.

De entrada, Los amnésicos es una historia bien escrita, narrada con cierto cariz periodístico. Es como leer un reportaje extenso, una crónica amplia sobre el viaje de descubrimiento de la autora en su historia familiar (y quizás por ello los últimos capítulos quedan un tanto más planos estilísticamente hablando, ya que abordan la memoria en Europa de un modo más amplio y analizando lo que ha ocurrido en otros países en relación con lo que ocurrió durante la II Guerra Mundial). Para continuar, no solo el continente es poderoso, sino también el contenido.

Schwarz, nacida en los 70, es hija de un alemán y de una francesa y estudió entre los dos países. Su padre había nacido durante la II Guerra Mundial y creció durante la posguerra, aunque siempre tuvo muy claro el peso de la historia reciente de su país y cómo se entrelazaba con la vida cotidiana de sus habitantes. Cuando Schwarz empezó a escribir esta historia, su hermana le señaló que no le sorprendía, que era algo que unía a la figura de su padre. Y curiosamente el modo en el que su padre se enfrenta a la memoria histórica de su país y el modo en el que la tía de la autora lo hace (nacida antes de la guerra y que, por tanto, tiene recuerdos propios de la guerra y de lo que ocurrió después) es muy diferente y ayuda a comprender y visualizar cómo los ciudadanos se enfrentan a la memoria histórica de un modo distinto. Su padre ha sido activo reconstruyendo la historia familia. Su tía, sin embargo, acaba justificando las posiciones de sus padres y señalando que es el pasado.

Schwarz descubrió, abordando la historia de sus abuelos, la complejidad de lo que habían hecho – o dejado de hacer- los Mitläufer, aquellos que “se dejaron llevar por la corriente”. Es el término que se usa para hablar de esa mayoría de la población alemana que se dejó arrastrar por la historia (aunque, como Schwarz invita a reflexionar durante el libro, esa afirmación es bastante más cuestionable de lo que pueda parecer a primera vista).

Su abuelo, Karl, fue uno de los (muchos) alemanes que compraron bienes que pertenecían a la población judía durante los años previos a la guerra. Tras la guerra, su propietario reclama una indemnización, pero Karl no comprende el proceso. Él, que como insiste en sus cartas al antiguo propietario lo está pasando muy mal en la Alemania de la posguerra, no hizo nada malo. Y como Schwarz explica no, sobre el papel de la ley en la que vivía, no lo hizo y puede incluso que tuviese una cierta relación de amistad o colaboración con el dueño de la empresa comprada, pero la realidad no es tan fácil como su abuelo parecía ver.

La historia de sus abuelos (Schwarz también ha investigado la de sus abuelos maternos, él gendarme en la Francia de Vichy, y dedica una parte del libro a desarrollarla) sirve a la periodista para analizar la memoria, lo que la gente hizo y lo que no y lo que después se aseguró como una suerte de mito europeo, la de cómo la gente no hizo nada porque no sabía o no podía hacer nada.


 

El libro del mes destaca aquella lectura – leída ese mes – que más nos ha impactado en la redacción durante el mes que acabe de finalizar. Se publica el último día del mes en cuestión o en los primeros del mes siguiente y se centra en nuestra experiencia lectora en relación con el libro en cuestión.

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