mary shelley

Tanto Mary Wollstonecraft como Mary Shelley estaban unidas por muchas más cosas que el hecho de ser madre e hija. El talento de la primera tiene un eco en el talento de la segunda, convirtiéndolas en dos de los exponentes de una familia eminentemente literaria (al fin y al cabo el padre de la segunda Mary era el filósofo William Godwin y el marido era el famoso Percy Shelley). Pero esas no fueron las únicas relaciones que se establecieron en la vida de las dos, como bien se puede ver mientras lees Romantic Outlaws , la biografía dual que Charlotte Gordon le ha dedicado a madre e hija y que Random House ha publicado en inglés (dado que también tienen filial en España esperamos – crucemos los dedos- que algún día la editen también en castellano).

Las dos tuvieron suertes similares después de muertas: fueron sepultadas por el mito que se construyó entorno a su identidad y fueron difuminadas para la historia. Como explica Gordon en los capítulos finales de su apasionante biografía, a Wollstonecraft, la madre, fue el libro de recuerdos que escribió su marido poco después de su muerte el que hundió su memoria. William Godwin decidió centrarse en la vida privada de su esposa y la convirtió en una suerte de heroína romántica, no ocultando sus historias amorosas (y el hecho de que la primera hija de Mary, Fanny, no era hija legítima, sino el fruto de una apasionada historia amorosa). La recepción de la sociedad del momento fue muy crítica y Mary Wollstonecraft fue clasificada rápidamente como libertina y poco más. Su obra, y especialmente su Vindicación de los derechos de la mujer, quedaron oscurecidas por todo el escándalo sobre su vida. De hecho, Wollstonecraft (aunque algunos la reinvidicaron en el XIX) no sería recuperada como merecía hasta que el efecto del feminismo en la investigación en los 70 empujó a que se buscasen nuevos enfoques.

Mary Shelley también fue recuperada en esa época, curiosamente, aunque por una razón completamente diferente. La Mary Shelley que había huido con un hombre casado y la que había sido una oveja negra en la Inglaterra de la Regencia (la misma que era persona non grata en todas las listas de invitados de la buena sociedad del momento) fue reinventada durante la época victoriana como la perfecta esposa del autor, la abnegada mujer del poeta romántico, y esa imagen de esposa perfecta hizo que se perdiese de vista no solo que había escrito Frankestein sino también había sido una mujer que se había ganado la vida con la escritura.

La propia Mary tuvo en parte la culpa, al optar por la discreción y por difuminar la biografía de su marido, Percy Shelley, cuando preparó la edición completa de sus escritos un par de décadas después de su muerte. Los herederos de Mary, su único hijo superviviente, pero sobre todo la esposa de este Jane, tuvieron el punto final. Jane Shelley fue la heredera de Mary en lo que a gestión de su legado literario se refiere y publicó ella misma los recuerdos que quería que se mantuviesen sobre sus famosos suegros. De los textos que Mary dejó, Jane tomó cartas en el asunto para que lo más escandaloso y lo que menos se ajustaba a lo que ella creía que era su suegra desapareciese para la posteridad. Cartas polémicas y entradas de diario de épocas escandalosas fueron quemadas y arrancadas de los cuadernos. Y así, por ejemplo, nunca sabremos si cuando Mary huyó con Shelley en su adolescencia llevándose a su hermanastra Claire con ella, esta última se convirtió también en la amante del poeta.

Es difícil resumir en un artículo lo que suponen las vidas paralelas de Mary Wollstonecraft y de Mary Shelley (sí, lo mejor es ir y hacerse con el libro), aunque lo cierto es que la biografía de ambas es absolutamente fascinante y tiene todos los rasgos para convertirse en una lectura apasionante. La vida en común de ambas fue muy limitada y dramática. Mary Wollstonecraft falleció poco después del nacimiento de Mary (entonces Godwin), la que fue su segunda hija. El parto no fue tan sencillo como la madre esperaba. Su primera hija, Fanny, había nacido de forma rápida y sin complicaciones, pero la segunda, Mary, llegó al mundo tras un parto largo y complicado.

Tras el nacimiento, de una niña un poco pequeña, la comadrona hizo llamar a un médico, ya que la placenta no daba salido. Y ahí fue donde se selló el destino de Mary Wollstonecraft. El médico llegó directo de un hospital e intentó retirar la placenta, que se fragmentó antes de salir. El médico creyó que había sacado todos los trozos (posiblemente no lo hizo) y Mary enfermó poco después. Se había desarrollado una infección. Murió a los pocos días, dejando a un viudo desconsolado (se habían casado cuando descubrieron que ella estaba embarazada, aunque lo cierto es que Mary fue por así decirlo su gran amor: Godwin era plenamente consciente de que no sería capaz de tener una relación igual con ninguna otra mujer… y se lo decía así a todas las mujeres con las que intentaba casarse por segunda vez) y a dos niñas de corta edad. La primera, Fanny, fue la protagonista de una existencia de esas que se quedan ocultas en las notas al pie de las biografías de los demás y se suicidó muy joven. La segunda, Mary, a la que su padre enseñó a leer con la inscripción de la tumba de su madre, se convertirá en la heredera del legado literario del matrimonio.

romantic outlawsAunque no podía tener recuerdos de su madre, ya que a diferencia de Fanny no la había llegado realmente a conocer, Mary tuvo muy presente a su progenitora toda su vida y la presencia de Mary marcó, más allá del hecho de que se acabaría encontrando con Percy Shelley antes de huir juntos al continente en el cementerio y ante la tumba de su madre, de una manera o de otra todas las decisiones de su vida, como bien se puede ver leyendo el texto de Gordon. La hija leía a la madre y sentía que la conocía. En su juventud quería vivir acorde con sus ideales. A medida que iba madurando, y que la vida la iba golpeando, quiso, sin embargo, aprender de sus errores.

Sintetizar la biografía de Gordon es muy difícil (y no muy recomendable, ya que lleva a perder mucho de una historia fascinante). Hay muchas otras biografías de las dos autoras, cierto es (y la de Claire Tomalin de Mary Wollstonecraft, una de las primeras que se publicaron más completas sobre ella es una de mis biografías literarias favoritas, debo confesar), pero esta tiene el punto de unir a madre e hija y permitir así ver como sus existencias están incuestionablemente ligadas. Gordon hace además un recorrido que se centra sobre todo en sus vidas privadas. Su obra está presente, por supuesto, pero Romantic Outlaws no es un texto académico sobre su obra sino uno de esos ensayos (y aquí los autores estadounidenses lo saben hacer muy bien) que permite descubrir la fascinante biografía de dos mujeres que, a pesar de lo que pudiesen creer los victorianos, fueron algo más que una amante liberada o un perfecto ángel del hogar. En realidad dos mujeres revolucionarias, que intentaron vivir acorde a sus ideas y ser libres, y que tuvieron una influencia indiscutible en la historia de la literatura y de las ideas.

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