Un buen cirujano de principios del siglo XIX tenía que tener dos cosas en común. Tenía que haberse acostumbrado a los gritos y al ruido (al fin y al cabo, iba a operar sin anestesia de por medio y su paciente estaría quejándose durante el proceso) y tenía que ser muy rápido. El cirujano estrella no era aquel que fuese meticuloso, o que pudiese hacer grandes y osadas cosas. Lo era el que fuese capaz de cortar una pierna en una cuestión de segundos. Robert Liston, uno de los cirujanos más rápidos de la Inglaterra de la primera mitad del XIX, era capaz de cortar una pierna en 30 segundos, usando la mano derecha para hacer el corte y la izquierda como torniquete. Era tan rápido que una vez se llevó (o eso dicen) los dedos de tres de sus asistentes en el proceso.

La cirugía era por tanto una especie de espacio casi salvaje. Por supuesto, si el proceso no te mataba, podía hacerlo la recuperación, porque entonces no se comprendía cómo funcionaban las infecciones y cómo había que actuar para atajarlas. De hecho, no era tan complicado que un cirujano muriese después de cortarse él mismo durante una operación e infectarse.

Este entorno es en el que arranca The Butchering Art, de Lindsey Fitzharris, que apareció hace unos meses en inglés y que, por lo que hemos descubierto vía buscadores, se acaba de publicar en castellano como De matasanos a cirujanos (Debate). Fitzharris escoge el momento en el que todo empezó a cambiar, con la aparición de la anestesia, para arrancar una historia que nos llevará por todo el proceso que culminó con uno de los momentos clave para comprender la medicina moderna.

La autora sigue para ello a Joseph Lister, en el proceso que le llevó a comprender qué era lo que hacía que los pacientes enfermasen (tras la aparición de la anestesia, los cirujanos se volvieron más osados a la hora de cortar, lo que hizo que aumentase el riesgo de infecciones) y qué debía hacer para luchar contra ello.

El libro realiza un fascinante recorrido por el proceso seguido por Lister y por su evolución y lo hace además de un modo abierto a todos los públicos. Ese es, posiblemente, la mejor baza de este libro. A pesar de que es un ensayo científico sólido (ha estado nominado a varios premios de ensayo en inglés), no es un libro para científicos o para expertos. Es un ensayo de divulgación que acerca uno de los momentos cruciales de la historia de la medicina a todos.

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