Medio sol amarilloMedio sol amarillo fue el símbolo que aparecía en la bandera de Biafra, un icono que conjuraba un nuevo amanecer para ese país que se quedó en nada (porque finalmente, Biafra duró únicamente tres años, fue reconocido solo por cinco países, perdió la guerra y volvió a Nigeria). Pero ‘Medio sol amarillo‘ es también el título de la segunda novela de Chimamanda Ngozi Adichie, una historia que nos habla, precisamente, de esos tres años de Biafra, o más bien, de lo que hizo la guerra con aquellos que la sufrieron, incluso si consiguieron sobrevivirla.

La novela nos presenta a tres personajes: Ugwu, un chico de pueblo que trabaja como criado en la casa de un profesor revolucionario, Olanna, una mujer de familia rica, “ilógicamente guapa”, que es la mujer del profesor, y Richard, un británico que acude a Nigeria en busca de material para un libro y que se enamora de la hermana gemela de Olanna. Todos los hechos se nos irán presentando a través de uno de estos tres puntos de vista, desde la vida en paz de principios de los años 60, hasta la convulsa época de la guerra, a finales de los años 60.

Hay muchas razones para leer ‘Medio sol amarillo’; la principal, que la prosa de Chimamanda Ngozi Adichie es tan buena como dicen (por ejemplo, otros autores africanos de la talla de Chinua Achebe o Coetzee). Es suave pero despiadada, lúcida pero tierna, cuidada pero intensa, y consigue hacer que vivamos a través de los tres personajes, creíbles y bien construidos, cada una de sus emociones. Las escenas de amor son tan certeras que asombran. También la profundidad y la deriva de los personajes transformados por la guerra, y las relaciones entre ellos.

Y es que otro acierto de esta obra es la estructura: cuatro partes, dos de ellas a principios de los años 60, dos de ellas a finales. Eso le sirve a  Adichie para mostrarnos el interior de cada uno de los caracteres, porque además, van intercaladas. Vemos así la vida cotidiana de estos tres personajes que prestan su mirada, pero también de otros fundamentales como el marido de Olanna o su hermana gemela, antes y después. Vemos en definitiva, la vida de la clase media alta, educada, en período de paz. Son idealistas, son felices, son vitales, se dedican a trabajar en la universidad, a hacer tertulias en casa, a beber, a pasarlo bien, es la existencia que conocemos. Los vemos de nuevo transformados en período de guerra, se vuelven escépticos, tristes, enfermizos, deben dejar su hogar, pasan hambre, están desesperanzados, sufren abusos, y son los que parecían fuertes los que más se debilitan. Aunque lo peor es que sabemos, Adichie nos lo cuenta, que su caso está lejos de ser el peor (hubo tres millones de igbos, el grupo étnico de estos personajes, muertos al final de la guerra de Biafra).

También la temática es una razón de peso para leer ‘Medio sol amarillo’. Está claro que uno no lee para aprender historia, pero no lo es menos que estamos hartos de leer libros ambientados en la guerra civil, o en la segunda guerra mundial, o en cualquier momento -más o menos- de la historia europea, y que apenas hemos leído nada de África o ambientado en África. En esta novela escuchamos hablar de Biafra, ese país que podría existir o no sin que nos enterásemos, y del que la única imagen que teníamos es la de niños esqueléticos, moribundos, con la barriga para fuera. Y ahora sabemos el cómo, el cuándo y el por qué, y percibimos su latido, porque el contexto de esta novela de personajes, vívido, se adueña por momentos del protagonismo. Y porque finalmente, la única manera de conocer un lugar es a través de sus habitantes, los reales y los ficticios.

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