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Nick Dunne tiene 34 años y hasta hace un par de años era un periodista especializado en cine que no supo adaptarse a la digitalización de los medios (resumen: en el segundo recorte de plantilla, se fue a la calle). Amy Dunne tiene 38, escribía test de personalidad para revistas y también perdió su trabajo. Los dos están casados y dos han acabado en North Carthage, la pueblerina ciudad de Missouri en la creció Nick. Para Amy, neoyorkina, la mudanza resulta dura. Aún así allí están ambos en la mañana de su quinto aniversario de boda: él intentando sacar adelante el bar que ha montado con su hermana Margo, ella aburrida de la vida provinciana. Pero algo va a cambiar ese día, porque a lo largo de la mañana de la jornada de su quinto aniversario de boda Amy desaparece.

244_GM26821.jpgAsí comienza Gone Girl, Perdida en su traducción al español (Mondadori), la novela de la escritora estadoundiense Gillian Flynn que se convirtió en uno de los éxitos de crítica de 2012 en Estados Unidos y cuyo rodaje de su adaptación al cine (dirigida por David Fincher) acaba de empezar en una pequeña localidad de Missouri. Aunque tuvo un gran éxito de crítica y público, el libro no se hizo con ninguno de los grandes premios literarios de la temporada en Estados Unidos (quizás, como apunta este artículo de Salon, porque el género en el que se encaja Perdida no es  el que habitualmente se lleva premios serios). Porque Perdida es un thriller, una novela de misterio centrada en un posible asesinato (¿qué ha pasado con Amy Dunne? ¿Y qué papel tiene Nick Dunne en todo ello?), un género muy popular y populachero, aunque en realidad es algo más que eso.

Por supuesto (creo que ninguna novela contemporánea que se precie consigue escapar ya a ello), Perdida habla del impacto de los medios de comunicación en el día a día y su poder para hacer víctimas o culpables. Gillian Flynn trabajó durante años en Entertainment Weekly, donde como Nick Dunne perdió su trabajo en un recorte de plantilla. Flynn conoce muy bien como funcionan los medios de comunicación, de hecho en un primer momento quiso ser periodista especializada en crímenes (aunque se dio cuenta de que no tenía lo necesario para ello), y lo demuestra mostrando como los medios se comportan en relación con Nick Dunne. Pero no es el único tema que se analiza. La novela es también una historia sobre el declive económico: sus protagonistas pierden sus trabajos (Amy incluso la fortuna familiar), se mudan a una ciudad que ha sufrido duramente los efectos de la recesión y viven en una de esas casas que el crash económico (y las hipotecas) han dejado vacías.  Pero no son los únicos temas que toca el libro: también nos encontramos ante un chica rica conoce a chico pobre, ante un análisis de lo que se espera de las relaciones amorosas y lo que se obtiene realmente y un estudio del funcionamiento de la justicia en la era del social media.

Es difícil hacer una crítica más completa de la novela sin desvelar partes de la trama, que juega con lo que esperamos y lo que no es (aunque es posible que hoy ya nada sorprenda tanto como en el pasado, Perdida evita caer en lo obvio). La historia la narran tanto Nick como Amy Dunne (y lo que hace que inevitablemente se acabe tomando partido por uno o por otro) hasta acabar en un final que ha sido analizado, criticado y bendecido en redes sociales por sus lectores. Flynn escribe bien una historia que huye de los clichés del género (aunque en general Flynn parece escribir historias atípicas: tras la lectura de su obra más popular opté por leer Sharp Objects, la primera novela de la escritora, y también presenta a unos personajes que poco tienen que ver con lo habitual).

Foto |  chicagogeek