Leí Sexismo cotidiano, de Laura Bates, durante las últimas Navidades y en varios viajes en tren. De hecho, usé durante todas mis lecturas como marcapáginas uno de esos billetes de media distancia de tamaño gigante que imprimen las máquinas de la estación. Pero si cuento todo esto no es solo por la anécdota, sino que es por una razón.

Mientras viajaba en tren y leía el libro de Bates, una de las novedades de este invierno de Capitán Swing, acabé analizando el comportamiento de mis vecinos. En uno de mis trayectos de ida, compartí espacio con un hombre, un hombre que acabó acaparando todo el reposabrazos e invadiendo mi espacio personal (y casi se podría añadir un por supuesto ante el comportamiento). En otro de mis trayectos, mi compañera era una señora. Nos sentamos prácticamente a la vez en la estación de Santiago y, no, en ningún momento sentí que mi compañera mujer me estuviese quitando espacio en mi asiento y que tuviese que renunciar a mi espacio.

Y lo cierto es que nunca había visto la situación en clave de género, no hasta que estaba leyendo a Bates y enfadándome por el hecho de que iba a llegar a mi destino con tortícolis por no ser capaz de sentarme cómodamente a menos que entrase en una guerra de guerrillas por unos milímetros de reposabrazos o incluso por reconquistar la parte de mi asiento que invadía el codo de mi vecino (afortunadamente mi compañero de asiento se bajó en una estación antes). Como me dijo una amiga cuando le conté todas estas reflexiones ligadas a mi lectura, lo de quedarse sin espacio en el tren en estas condiciones no es tan raro y es que, a los hombres, les han permitido siempre hacerse con un más amplio espacio (y si no, solo hay que sentarse a observar cómo nos sentamos unas y otros cuando vamos en metro) mientras que a las mujeres se nos ha metido machaconamente la idea de ‘no molestar’.

Es difícil escribir sobre Sexismo cotidiano de Laura Bates sin partir del simplemente señalar que este es un libro que hay que leer y que hay que recomendarle a todo el mundo. De hecho, eso fue lo que hice todas estas Navidades, hablando de este libro cada vez que venía a cuento y deseando poder recomendárselo a los participantes en varias conversaciones que escuché de pasada. La actualidad informativa no hacía además más que hacerme pensar en lo que Bates cuenta y en cómo lo cuenta y en lo necesario que sería que más personas leyesen libros como este.

Laura Bates es una periodista británica que un día abrió una plataforma online en la que las mujeres pudiesen contar sus experiencias y sus encuentros de primera mano con el sexismo. De los testimonios recopilados en la plataforma, acompañados por datos estadísticos y conclusiones de diferentes estudios, es de los que parte la autora para crear este ensayo, que tiene también mucho de crónica periodística. La conclusión es un texto muy necesario y de lectura más que recomendada, en el que se pone de manifiesto todo lo que queda aún por hacer y todo lo que queda aún por conquistar, por mucho que mientras lees no dejes de pensar en que todo es por desgracia bastante deprimente.

Los datos de los que parte Bates son británicos, pero eso poco importa. En realidad, con las cosas que cuenta y con las experiencias del día a día que narra nos podemos sentir identificadas las mujeres de cualquier lugar. Eso es lo importante y lo interesante de este libro (y lo que hace que deberíamos hacer una colecta para regalarle un ejemplar a todos esos hombres que cuando se habla de feminismo y sexismo dicen que lo primero no es necesario y lo segundo no es para tanto…) Bates no ha escrito un tratado de feminismo teórico, sino que ha capturado los problemas de la sociedad en la que no nos queda más remedio que vivir. Y eso es lo que hace que este libro sea todavía más recomendable.

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