Tea roomsMatilde ha comenzado a trabajar en una confitería-cafetería. Una tea-room. Le pagan bastante mal, tiene jornadas laborales infernales, le cambian el turno y le hacen chanchullos con las vacaciones y no es realmente feliz, pero ahí está, a pie de mostrador cada día. Como le dice una compañera, no se pueden quejar, que tal y como están las cosas mejor dar gracias por tener trabajo. Mientras no acabe la crisis…

La historia de Matilde puede parecer de lo más habitual y puede parecer la que posiblemente protagonice cualquier dependienta de cualquier cafetería de cualquier ciudad española y, sin embargo, no lo es, o no lo es exactamente. Porque sí, Matilde es una dependienta de una confitería de una ciudad española, Madrid, pero lo es en pleno 1933. Matilde es uno de los personajes de Tea Rooms: Mujeres obreras, una de las novelas de Luisa Carnés, olvidada escritora de la Generación del 27, que ahora ha recuperado Hoja de Lata. La novela llegará a librerías el próximo día 30, pero a mi casa llegó esta mañana (Correos fue asombrosamente eficiente…) para desbaratar todos mis planes y todos mis compromisos laborales. Empecé a leer la primera página con el café de la merienda y ya no pude despegarme del libro. Y sí, Tea Rooms es uno de los libros que tenéis que leer este año.

Carnés es una figura fascinante. Fue considerada en su tiempo una de las mejores narradoras de la época y, sin embargo, fue completamente olvidada en las décadas siguientes. Luisa Carnés era una mujer de clase obrera, que tuvo que ponerse a trabajar a los 11 años en un taller de costura. De formación plenamente autodidacta. Leía a los clásicos en las ediciones que salían serializadas en los periódicos porque no podía permitirse comprarlos (los libros a comienzos de siglo eran carísimos) y en la biblioteca. A los 20 y pocos años escribió su primera novela y se convirtió en una sensación en los medios (Antonio Plaza, el responsable del epílogo que acompaña a la edición de Hoja de Lata da unas cuantas pistas sobre su vida) y en los años de la II República se ganó la vida como periodista y escritora. Tuvo un momento en el 32 en el que su situación económica era muy apurada y trabajó en una cafetería-confitería. De la experiencia salió Tea Rooms.

Luisa CarnesLuisa Carnés es por pleno derecho una de las Sinsombrero, una mujer moderna y fascinante que fue olvidada cuando marchó al exilio. En la nota de prensa de presentación del libro, los editores lo apuntan. ¿Se han lanzado a recuperar a Carnés por ello o ha resultado una carambola de casualidades que hará que sea mucho más fácil acercarse al libro? ¿La tenían los editores en plantilla ya de previsiones o la buscaron al hilo de este boom que estamos viviendo de recuperación de las olvidadas mujeres del 27?

Lo que verdaderamente aceleró la publicación fue lo mucho que nos gustó el título, en verdad”, me explicaba por mail Laura Sandoval, una de las editoras de Hoja de Lata. “Lo del boom de las Sinsombrero lo descubrimos después. Otra maravillosa coincidencia. Lo que sí quisimos fue que la novela estuviera lista para poderla presentar en esta próxima Feria del Libro de Madrid, ¡nuestra primera Feria de Madrid!”, añade.

Los editores descubrieron la novela por casualidad y se enamoraron de ella. “La referencia de la novela nos llegó como suelen llegar las mejores cosas: por maravillosas coincidencias y por sorpresa. El pasado mes de diciembre tuvimos la suerte de compartir charla sobre las novelas de Upton Sinclair con David Becerra, doctor en Literatura Española y autor de La guerra civil como moda literaria, y fue él quien nos habló de esta pequeña joyita borrada por el olvido y por los muchos sombreros de su tiempo”, apunta Sandoval. La leyeron, se enamoraron de ella y “no lo dudamos ni un segundo”. El libro entró en el catálogo. “Es de esos libros necesarios, sugerentes, sorprendentes, de los que uno se siente orgulloso de poder publicar”, reivindica Laura Sandoval.

¿Qué es lo que tiene Tea Rooms que capta y seduce? Confieso que con la nota de prensa de presentación ya estaba muy enamorada del potencial del título, pero la lectura no hizo más que confirmar que es una novela que hay que leer. Carnés centra toda la acción, salvo los primeros capítulos en los que Matilde busca trabajo, en la propia cafetería. Sabemos lo que les ocurre a los personajes por la actividad que allí desarrollan y por las conversaciones que mantienen. Es una novela fascinantemente moderna (aunque en realidad siempre olvidamos que los años 20 y 30 en España eran fascinantemente modernos y que los escritores de entonces lo eran) y dinámica. Todo es ágil, todo es rápido y la lectura también lo es. Cuando llegas a la página final, tras todo este ir y venir de charlas y de miserias del trabajo, te das cuenta de que te han dado una ventana para ver muchas cosas. Carnés ha capturado la vida de las mujeres de su época, una vida en la que (a pesar de las distancias) no es difícil encontrar paralelismos con las cosas de ahora.

Cuando llegas a la página final también empiezas a tener necesidad de leer más sobre Carnés y de Carnés (no es tan fácil, aunque Renacimiento ha publicado algunas cosas). Le preguntaba antes de empezar a leer a Hoja de Lata si pensaban recuperar a más escritoras de esta época. “No lo descartamos, ni mucho menos, porque hay un montón de grandes autoras por descubrir y visibilizar, sin duda”, me decía, “pero aún no lo tenemos planeado ni hemos rastreado a este maravilloso grupo de mujeres lo suficiente”. Ahora quiero saber si van a publicar Natacha, la novela que Carnés publicó antes que Tea Rooms.

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