oyster

Mi penúltima experiencia lectora, justo antes de sentarme a escribir esto, fue un poco (más) diferente a lo que es habitual. No dediqué un tiempo a buscar entre los estantes de mi biblioteca personal entre los libros que quedan por leer (y que deberían ser leídos) el ganador para esta ocasión. Tampoco navegué por la tienda online que surte de ebooks mi ereader y me dediqué a buscar la mejor lectura para pasar las próximas horas. En realidad, abrí una nueva pestaña en mi navegador, me fui a un apartado llamado ‘biblioteca personal’ en un servicio de lectura online y escogí entre los cinco títulos que tenía en oferta. No duré mucho porque si encontrar la posición más cómoda para leer con un libro tradicional o con un ereader es complicado, más lo es para hacerlo en la pantalla de mi ordenador.

Pero poco importa lo mucho o lo poco que duró mi lectura, porque en cierta forma fue un momento en cierto grado pionero. Estaba leyendo en la nube y estaba siendo una de las lectoras de la avanzadilla de internautas que están cambiando el modo en el que consumiremos contenidos en el futuro próximo. Si hemos cambiado el CD primero por los mp3 y luego directamente por el streaming en el mundo de la música y si las películas ya no llegan vía alquiler en el videoclub de la esquina sino en taquillas virtuales, ¿no serán los libros en el futuro simplemente archivos que vivirán en bibliotecas virtuales a las que accederemos desde nuestros smartphones, nuestros ereaders y nuestros demás dispositivos inteligentes?

Hace unos cuantos años, el cloud era un concepto que llenaba de artículos y análisis los medios especializados en nuevas tecnologías y especialmente aquellos que estaban destinados a los decision makers del mundo de los negocios. La nube (o el cloud) iba a cambiar prácticamente todo lo que conocemos. Los escritorios iban a estar en remoto, la información ya no tendría que ser almacenada con tanto coste, los costes – en general – iban a bajar, el trabajo ya no tendría que estar ligado directamente al lugar, etc y etc. Todo esto, que podía parecer confuso y complicado para quien no estaba, por así decirlo, en el ajo, parecía a años luz para el consumidor final. Al fin y al cabo, a nadie más que a los expertos le interesaban las siglas que iban cubriendo las noticias de esos medios o los debates sobre en manos de quién debían estar las nubes. Al consumidor final, todas esas cosas le sonaban a un idioma complicado y exótico.

Hasta ahora. La nube dejó, casi tan rápido como empezó a tomar los debates de los medios especializados, de ser solo cosa de los expertos. Las fotos del cumpleaños o de las vacaciones se almacenan en Dropbox, los contenidos se consumen bajo demanda (y están en la nube de alguien) y el destino de una compañía de cloud, Megaupload, fue cuestión de preocupación global (y de debate no menos global). Por haber, hasta hay un blockbuster, uno de los estrenos de cine de palomitas del verano, sobre los problemas del cloud. En España lo han titulado Algo pasa en la nube, confirmando que la nube ha dejado de ser cuestión solo de expertos y que ya todo el mundo sabe que está ahí y que algo pasa en ella.

El cloud es una industria poderosa y un poderoso motor para las demás industrias. Amazon, por ejemplo, está invirtiendo fuertemente en desarrollar su potencial en la nube a pesar de que está teniendo un efecto en sus resultados financieros inmediatos. A cambio supondrá una riqueza futura. Según un estudio de Cisco, a finales de 2017 el tráfico de datos en la nube alcanzará los 5,3 zetabytes anuales, lo que supondrá 443 exabytes al mes (frente a los 98 de 2012).

cloud

Todo este guirigay tecnológico tiene una traducción clara: la nube ya ha cambiado cómo consumimos ofimática (¿quiénes no han dejado Word por Google Docs?), qué hacemos con las fotos de nuestras vacaciones o cómo nos ofrecen contenidos audiovisuales. Y, por supuesto, acabará cambiando cómo leemos (y cómo nos ofrecen lo que leemos).

La revolución electrónica

Según datos que incluía en una de sus últimas presentaciones la plataforma de lectura Nubico, en España ya existen 9 millones de ereaders y de otros dispositivos de lectura y en 5 años la creación de contenidos digitales ha aumentado un 50%. Y aunque el ebook supone todavía solo el 3,7% de lo que facturan las editoriales españolas de forma anual, según los últimos datos de la Federación de Gremios de Editores (FGEE), es de esperar que esa cifra crezca en el futuro próximo. Al fin y al cabo, en otros mercados, los ebooks han escalado hasta hacerse con cifras muy importantes dentro del consumo de literatura.

Y no solo eso: el ebook ya ha supuesto un cambio en cómo leemos y qué leemos. El libro electrónico ha traído de vuelta géneros olvidados, como sucede con el folletín, y ha conseguido que géneros más o menos condenados en el consumo de literatura por la sociedad biempensante culturalmente viviesen un boom gracias al anonimato de la lectura electrónica, como ha sucedido con la novela romántica o la novela erótica. Por impulsar, hasta ha impulsado la recuperación de la novela corta o ha creado el clima necesario para el nacimiento de nuevos subgéneros que nunca habrían pasado de la risotada escéptica en la mesa de un editor, como puede ser el (delirante) caso de la novela erótica con dinosaurios.

Hasta ahora, el principal soporte para acceder a toda esa avalancha de contenidos generados por la revolución de la nueva literatura electrónica ha sido el ereader. Pero los lectores también tienen tabletas, cada vez más, y smartphones, ya un montón, lo que genera un terreno de juego más completo. El 75% de los europeos adultos accede a internet de forma regular, según un estudio de Forrester, y no hay más que sumar dos más dos para ver el papel que tienen en ello esos dispositivos. “Los consumidores en Europa están más conectados hoy que nunca”, señalaba con las conclusiones del informe la directora de investigación en Forrester, Reineke Reitsma.

Y unos dispositivos siempre conectados a la red permiten experimentar con cosas que no son las que se estaban haciendo hasta ahora. Unos consumidores siempre conectados fueron los que descubrieron el encanto de Spotify. La red ha cambiado igualmente la idea de posesión y de valor. Los consumidores no están dispuestos a pagar precios tan elevados como antes por los productos culturales y al tiempo no necesitan realmente poseerlos (quien escucha música en Spotify no tiene esa música, solo, por así decirlo, la alquila). Y lo mismo puede pasar con los libros.

Leyendo en la nube (de forma real)

La teoría y las predicciones de los analistas, pero ¿qué ocurre cuando se intenta leer directamente en la nube hoy en día? Lo cierto es que en los últimos años la oferta de plataformas que usan la nube para acceder a los libros ha vivido un crecimiento notable. Ya sea en Estados Unidos, donde han alcanzado acuerdos con muchas de las ‘big five’ (los cinco grandes grupos editoriales que poseen todo lo que lees), como en España, donde curiosamente se puede encontrar a una de las pioneras de este terreno, los que siempre son presentados como el Spotify de los libros son cada vez más.

Por entrar, hasta Amazon ha entrado de varias maneras en el mundo de la lectura en la nube. Lo primero que hizo fue lanzar su Kindle Cloud Reader, una herramienta que permite leer los ebooks comprados pero sin hacerlo en un dispositivo en el que se han descargado. Todos los libros que se han comprado en la tienda en formato ebook están ahí, esperando, para que con abrir una pestaña en el navegador se puedan volver a leer. En España, la herramienta funciona desde mayo. Funciona para para Chrome, Firefox, Safari en iPad y escritorio e Internet Explorer y ofrece las habituales capacidades de lectura que Amazon da a sus consumidores, como subrayados o notas. Y Amazon, por cierto, también la está empleando cuando sus clientes se hacen con un libro en papel (que tenga una edición en ebook) en su tienda. Cuando compras, un mensaje te dice: ¿por qué esperar a que llegue a tu casa para leer las primeras páginas?

Y lo segundo que hizo fue lanzar su propia herramienta de lectura ilimitada. En la versión estadounidense de Amazon, la compañía ya contaba antes con una especie de biblioteca bajo préstamo. Pagas, te llevas el libro electrónico una temporada para leer y luego lo – por decirlo de alguna manera – devuelves. Ahora, el gigante ha lanzado Kindle Unlimited, una plataforma que por poco más del equivalente a 7 euros permite lectura ilimitada de los 600.000 títulos en formato ebook y a los miles de audiobooks de su catálogo a los que se accede en la nube. No están algunos de los títulos de las grandes editoras (con las que están peleados), pero aún así es una de las propuestas más arrolladoras de la lectura cloud.

Como ocurre con las demás competidoras, y como ocurre con Spotify en el caso de la música o de Filmin en el de las películas, los lectores no compran los ebooks, ni siquiera se los dejan en préstamos de lectura. Lo que hacen es acceder a ellos, en una suerte de alquiler.

Que Amazon haya entrado en el juego demuestra que la idea tiene mucho potencial de futuro. El hecho de que su oferta pueda ser consumida desde todos sus dispositivos, el ereader Kindle incluido, hará que sea aún más atractiva que la de sus competidores. Y no, por el momento no ha llegado aún a España.

Las plataformas españolas

Una de las primeras en intentar hacerse con este mercado fue la española 24Symbols. Hace años que se habla de ella y hace años que intenta convencer a los consumidores del potencial de leer en la nube. Pero a pesar de que Spotify consiguió hacerlo con la música a pesar de venir como ellos de la periferia tecnológica, por así decirlo (Spotify son suecos y tampoco están en el tradicional centro de innovación tecnológica, Silicon Valley), ellos no han conseguido ser tan efectistas. Aunque su diseño y su catálogo han mejorado mucho desde su lanzamiento en un primer momento y a pesar de contar a su favor con la posibilidad de leer de forma freemium (con anuncios pero sin pagar), su oferta de libros palidece aún frente a lo que pueden dar las estadounidenses y probar a leer en 24symbols demuestra todavía ciertos problemas. Están pensados, sobre todo (y como la gran parte de sus competidores) para tabletas.

Nubico_iPad

Es algo que una de las últimas en sumarse a este mercado ha conseguido evitar. Nubico es la versión más avanzada y mejorada de algo que ya intentó antes Círculo de Lectores. La editorial – club de lectores lanzaba hace unos años Booquo, que permitía leer en la nube. En el caso de esta nueva plataforma (que sustituyó a la otra), lo ha hecho con el apoyo de Telefónica (y de hecho, ya han hecho promociones específicas para los clientes de Movistar). Nubico tiene tarifa plana, bastantes ebooks para leer y el bonus track de que sus contenidos pueden leerse en un ereader y por tanto con la más cómoda tinta electrónica. La app viene preinstalada en dos ereaders de bq, lo que sumado a un catálogo bastante atractivo (tienen bastantes novedades) podría darles cierto ascendente en el mercado.

Probamos las de fuera

Las opciones se amplían cuando se abre el abanico a las plataformas de fuera de España. Las estadounidenses cuentan con catálogos abrumadores (aunque no todos los ebooks pueden ser leídos cuando se intenta acceder a ellos) para aquellos que se sienten cómodos leyendo en inglés. Cualquiera pueda darse de alta en Scribd, aunque no esté en Estados Unidos, y emplear el mes de prueba para ver si le convence. Lo hicimos, por supuesto, dejándonos un poco los ojos en el smartphone. Scribd solo puede leerse vía app (o en su site en escritorio) para Android o iOS. También tienen app para Kindle Fire, lo que es bastante sorprendente. Pero, eso sí,  si no tienes una tableta (o un teléfono inteligente), estás perdido.

Según las cifras de la propia compañía, 80 millones de lectores de todo el mundo (más de cien países) están suscriptos a Scribd (lo que supone para lectores y editores una audiencia más que atractiva) que acceden a cientos de miles de títulos por menos de 9 dólares al mes. Para quienes leen mucho y de forma variada, es casi, casi, como entrar en una tienda de golosinas. Cierto, ninguno de esos libros será realmente tuyo, pero es como estar en un bufet libre de palabra escrita.

scribd

Scribd tiene además un diseño muy cuidado (y a pesar de que no tiene mucha oferta en castellano la plataforma sí se ofrece parcialmente en castellano) lo que lleva a pensar que tienen muchas posibilidades para ser las reinas del mercado en cuanto la lectura en la nube pase de ser la próxima tendencia a la gran moda lectora.

De EEUU también llega Oyster, aunque por el momento es difícil de juzgar porque solo está disponible para Estados Unidos. Solo para quienes tienen una tarjeta de crédito estadounidense se abrirán los 500.000 ebooks que ofrecen. Rooster, aún más barata que sus competidoras (por debajo de los 5 dólares), solo está disponible para las versiones más avanzadas del iPhone.

Y el futuro, ¿por dónde pasará?

Pero la adopción de la nube por la industria editorial y por los lectores no solo supondrá un cambio en cómo se lee, también modificará muchas otras cosas. Hace unos años, en uno de los primeros Liber en los que el ebook tuvo una presencia destacada, una de las responsables de Barnes&Noble habló de cómo sabían cuando sus lectores iban a comprar ebooks: el análisis de datos permitía descubrir que cuando se enfrentaban a demasiado tiempo en casa y con la familia, caían más datos.

Pero el refinamiento de lo que se puede saber ahora es mucho mayor que eso. El big data es la nueva palabra de moda. Las empresas pueden conseguir cada vez más datos sobre sus consumidores y usando las nuevas tecnologías analizarlos para descubrir patrones, tendencias y adelantarse a las necesidades. La lectura en la nube hará eso mucho más fácil a los editores y a los comercializadores de libros y podría hacer que la literatura y la producción literaria cambiarán en el futuro próximo.

Una de las predicciones para 2014 de Forrester sobre cómo la tecnología cambiará el mundo señalaba que los productores de contenidos iban a aprovechar la avalancha de datos para generar productos que respondieran a lo que los datos les están diciendo. Es decir, los espacios publicitarios serán más eficientes porque conseguirán conocer mejor a los lectores y lo que les puede interesar que les ofrezcan.

Pero lo cierto es que ese conocimiento podría ir más allá. De hecho ya va más allá. El modelo de éxito de Buzzfeed parte del uso de la información que tiene de los lectores para saber qué contenidos ofrecerles: el medio de comunicación, uno de los que más tráfico tiene en Estados Unidos, empezó, de hecho, siendo simplemente un algoritmo que escogía en la red lo que los lectores querían leer.

¿Por qué la literatura se iba a quedar al margen de los cambios que impone el que las empresas te conozcan mejor de lo que te conocen tus padres? Algunas de las plataformas de lectura en la nube ya han empezado a usar esa información para hacer vistosas presentaciones e infografías, sacándose como magos de una chistera el secreto de lo que más nos emociona de Orgullo y Prejuicio y la velocidad a la que leemos por tanto el libro. Saben cuándo dejamos el libro, cuándo nos saltamos partes para ir a lo más importante o los géneros que nos gustan de verdad. Da igual que jures que lo que te motiva para leer en el ensayo crítico económico, ellos saben que lo que consumes con verdadera pasión lectora son novelas románticas de lo más tradicionales. Saben que si los libros tienen capítulos cortos hay más posibilidades de que llegues al final.

Las grandes compañías del mundo de la venta de ebooks y de dispositivos ya sabían cómo éramos como lectores, porque cada vez que pasamos una página, como denunciaban ya hace unos años desde la ONG Electronic Frontier Foundation, les estamos mandando un aviso. Y así, saben cuán rápido leemos. Pero la lectura en la nube hace más difícil mantenernos al margen de todos ellos y añaden más capas de conocimientos sobre quiénes y cómo somos. Oyster ha creado perfiles de lectores – y de consumidorespor el tipo de smartphone que usan para leer.

Saber qué queremos leer – sumado al perfeccionamiento de la inteligencia artificial – podría hacer que los best-sellers del futuro los escriban robots. Pero también podría hacer que el final cambie para convencernos más, que las partes aburridas desaparezcan a medida que los lectores abandonan ahí la lectura o que los personajes tengan las características que realmente queremos leer. La nube haría aún más sencillo ofrecer esa lectura a la carta. Aunque, por el momento, simplemente está haciendo que sea más sencillo acceder a los libros. Y ya es, ciertamente, bastante importante.

Fotos George Thomas y diferentes plataformas 

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