annebronteDe Anne Brontë no sabemos ni siquiera a ciencia cierta cuál era su tono de color del pelo. Puede parecer un dato irrelevante en medio de toda la avalancha de temas literarios y de datos a buscar, pero es, sin embargo, un ejemplo claro de la situación. Charlotte Brontë fue muy popular en sus últimos años de vida y después de su muerte gracias a la biografía (hagiografía no muy realista, como demuestra en The Brontë Myth Lucasta Miller) que publicó Elizabeth Gaskell. Cuando la fama de Charlotte empezó a decaer (en parte porque salieron a la luz las cartas que le escribió a su profesor en Bruselas y que no tenían nada que ver con el mito de la santa señorita Brontë que se había creado), llegó el momento de Emily Brontë, la hermana favorita del siglo XX. Emily era misteriosa, pasional y una mina para todas esas interpretaciones literarias de principios del siglo XX. Anne, la tercera hermana, nunca tuvo su momento de gloria y se ha quedado como una suerte de eterna secundaria (todo el mundo tuvo biografía propia antes que ella), una figura difusa del fondo. Hasta Branwell, el hermano, tuvo más momentos de gloria que Anne Brontë.

En la mitología de los Brontë que se ha ido construyendo década a década y siglo tras siglo, Anne, la pequeña de las hermanas, es aburrida, sosaina y demasiado religiosa, la hermana que menos te interesaría si pudiesen mantener una conversación con una de las tres hermanas (insistimos: en ese contexto, hasta Branwell tiene potencial para una conversación más emocionante). Es la ‘clásica solterona victoriana’. Sus novelas son ‘las aburridas’, o al menos eso es lo que nos ha quedado claro.

¿Pero es Anne Brontë realmente eso? Para empezar, ella tuvo más éxito literario en vida que sus otras dos hermanas. La inquilina de Wildfell Hall agotó su edición a las pocas semanas de llegar al mercado del libro (algo que hasta entonces no habían conseguido ninguna de las novelas de Charlotte y Emily Brontë). Para continuar, Anne Brontë es posiblemente muy diferente a cómo nos la han ido vendiendo. Se ha ido construyendo un mito sobre Anne, una historia que no es exactamente cómo podría haber sido la Anne de verdad.

take-courage-anne-bronte-samantha-ellisDe estos puntos y sobre estos puntos se centra Take Courage, de Samantha Ellis (editado por la británica Chatto & Windus). Ellis no escribe una biografía de Anne Brontë, aunque sí un ensayo sobre lo que creemos, lo que pudo ser y lo que nos han vendido sobre Anne Brontë partiendo de su propia experiencia de búsqueda de la autora y de lo que fue.

Ellis empezó su libro (y su obsesión por la tercera hermana, la que a nadie interesa) cuando pudo leer en el museo de la familia en Haworth la última carta que Anne Brontë escribió en vida. Ellis se quedó muy sorprendida porque la Anne de la carta estaba aferrándose a la vida, estaba buscando soluciones e ideas para mejorar su salud. La historia nos ha contado una y otra vez que Anne Brontë era una especie de muchacha delicada que vio venir la muerte y la abrazó con resignación cristiana, sin luchar contra ella. Anne Brontë era la hermana angelical y eso es lo que tenemos que tener en cuenta. ¿Cómo la Anne que conocíamos y la Anne que se veía en esa carta eran tan diferentes?

Así empezó Ellis una peregrinación por lugares y lecturas para intentar descubrir a la escritora, una mujer que protegía su vida personal y que no dejó por tanto tantas cosas de las que podamos sacar datos de su vida (de sus cartas solo nos han llegado cinco: posiblemente el resto se perdieron o fueron directamente destruidas). Si a eso se suma que Charlotte Brontë primero y los biógrafos después, ayudaron a crear una cierta idea de Anne y su autoría literaria se puede encontrar más pistas para comprender por qué las cosas fueron modificadas. En la edición de los poemas de Emily y Anne Brontë que apareció tras sus muertes, Charlotte no solo aplicó la tijera (y los expertos aún no tienen claro si publicó todo o quemó un número indeterminado de poemas) sino que también cambió frases y palabras, modificando muchas veces el sentido de lo que quería decir.

La clave está en que las obras de sus hermanas pequeñas le horrorizaban, porque eran brutales y capturaban problemas y cuestiones terribles y sin ser edulcoradas. Las novelas de Anne son, como apunta Ellis, radicales. Agnes Grey es la visión realista de la vida de las institutrices de entonces, sin cortapisas ni edulcorantes románticos. La inquilina de Wildfell Hall es la historia de una mujer que huye de su marido alcohólico, una historia que entonces se veía como no muy digna de salir de una pluma femenina. En las ediciones póstumas de la obra, se eliminaron y cambiaron pasajes para ‘domesticar’ la novela (primero por Charlotte, luego por los editores). Lo más impresionante es que la mayor parte de las ediciones de La inquilina de Wildfell Hall que se siguen publicando siguen cayendo en esos errores y partiendo de versiones mutiladas (Ellis ha convertido este dato en una obsesión vital y cada vez que cae una edición en sus manos la comprueba para ver cómo es y si sigue las versiones publicadas en la vida de Anne Brontë). Estas versiones mutiladas hacen que la novela pierda calidad, sentido y su esencia. Y, intentando convertir a Anne en una suerte de muchachita victoriana digna, se creó esa imagen que dos siglos después la persigue.

Anne Brontë es, de las hermanas, la que escribe novelas sobre los problemas reales de las mujeres de la época y con una historia plausible y realista, pegada a la realidad, en la que, como apunta Ellis, las mujeres se salvan solas y toman el control de su destino.  Y que Anne Brontë hiciese eso, nos invita a reflexionar la ensayista, tiene mucha importancia y muestra que la autora quería indicar algo y denunciar algo. La propia biografía de Anne Brontë debe mirarse incluso, apunta Ellis, de un modo distinto. A la pequeña de la familia, se la mete en ciertas caracterizaciones que su propia trayectoria vital debería poner en entredicho. Se la hace casera, cuando vivió fuera de casa trabajando y era feliz estando lejos de casa.

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