Cuando en 1886 el escritor Eça de Queirós se casaba con Emilia de Castro (o Emilia de Resende, sus padres eran los condes de Resende), una dama de la nobleza portuguesa – y una muy influyente – le escribía a su hija: “Sobre el casamiento de Emilia de Resende, no puedo ni pensar. ¡Semejante locura!”. La dama, Isabel, la condesa de Rio Maior, no creía que Eça de Queirós estuviese haciendo un mal matrimonio, sino más bien que Emilia de Resende estaba tomando una fatal decisión. Claro que la condesa era bastante clasista y ponía a la religión católica por encima de todas las cosas. De hecho, como apunta en Os Ricos Maria Filomena Mónica, lo terrible para la condesa no era tanto que su prima, Emilia, se estuviese casando con alguien socialmente lejos de ella sino “el haberse casado con ateo”. “Creo que Emilia ha perdido el norte”, señalaba.

Leyendo el pasaje, simplemente un párrafo en medio de la historia de la familia de la condesa dentro del más amplio análisis que Mónica hace de los ricos del último siglo en Portugal, se acaba queriendo saber mucho más sobre el matrimonio del escritor, uno de los nombres más populares fuera de las fronteras portuguesas de su literatura del XIX, con Emilia de Resende. La condesa señalaba que el matrimonio era escandaloso porque Eça de Queirós estaba excomulgado y había tenido que esperar a que le levantasen la excomunión para casarse. (Mónica explica en una nota a pie de página que, aunque se suele decir que O Crime do Padre Amaro estuvo en el índice de libros prohibidos de la iglesia católica, no lo estuvo).

De hecho, Eça de Queirós se casó en una iglesia (el oratorio de la casa familia de Emilia de Resende) y lo que ocurrió antes de su matrimonio fue que sus padres ‘legalizaron’ su situación. Porque lo que había de escandaloso en el escritor y lo que lo hacía un mal partido para una chica ‘de buena familia’ eran, posiblemente, sus orígenes.

Un nacimiento irregular

Como explica en Eça de Queiroz. Testigo y crítico de la sociedad portuguesa, Alicia Langa, el nacimiento del escritor estuvo rodeado de cierto drama. Sus padres no estaban casados. La madre, Carolina, pertenecía a una familia aristocrática que posiblemente se oponía a que se casase con el padre, José María. El escritor nació así a finales de noviembre de 1845, pero fue bautizado el 1 de diciembre como hijo de madre desconocida. En su partida de bautismo aparece el nombre del padre, José María de Almeida de Teixeira, pero no el de la madre. Sus padres no se casarían hasta unos cuantos años después, en septiembre de 1849. Los abuelos maternos del escritor ya habían fallecido.

Pero que sus padres se acabasen casando no implicó necesariamente que el escritor entrase en la unidad familiar o que su situación social se hiciese más sencilla. Siguiendo con lo que cuenta Langa, se puede ver que Eça de Queirós seguía siendo socialmente algo complicado en la vida de sus padres, con los que no pasó su infancia ya los que no conoció realmente hasta mucho más tarde El escritor viviría sus primeros años de vida con su madrina y, entre los cuatro y los diez años, con sus abuelos paternos.

Solo tras la muerte de su abuela paterna, sus padres lo incorporarán a su vida familiar, aunque no harán el proceso para convertirlo en hijo legítimo (y, aunque ahora todo lo de ser o no legítimo o ilegítimo nos parece irrelevante, en el XIX no lo era, al menos entre las clases medias y las altas). Langa apunta que se sitió marginado en su familia.

No lo legitimarían hasta diciembre de 1885. El escritor había pedido la mano de Emilia a sus padres en agosto de ese año y no se casarían hasta febrero de 1886.

La lista de características de la novia ideal

La esposa era doce años más joven que el escritor y una de las hermanas de uno de los amigos del autor, con el que había estudiado en la universidad. De hecho, será su hermano quien ayude en el ‘cortejo’. Al principio, Emilia de Castro no se mostraba muy receptiva al interés que despertaba en Eça de Queirós, pero su hermano Manuel, amigo del escritor, trabajó a favor del autor.

Eça de Queirós empezó a interesarse por Emilia de Castro en unas vacaciones, que pasó en casa de la familia de los condes de Resende y por tanto más cerca de la joven. En ese momento, era proclive al matrimonio y buscaba a la ‘mujer ideal’. La lista de características, que compartió en una carta a un amigo escritor y que publican en la web de la Fundación Eça de Queiroz, es práctica y hace sentir una cierta piedad por la futura novia.

“Necesito una mujer serena, inteligente, con una cierta fortuna (no mucha), de carácter firme sobre un carácter dulce – que me adoptase como se adopta a un niño; que me pagase el grueso de mis deudas; que me obligase a llevar ciertos horarios adecuados – y no cuando los demás comen – que me alimentase con simplicidad e higiene, que impusiese un trabajo diurno y saludable, e que, cuando yo empiece a llorar porque quiero la luna, me la prometiese, hasta que lo olvide…”, escribe. “Esa dulce criatura salvaría a un artista”, añade, preguntándose dónde estará.

 

*Queirós es el modo en el que se escribe ahora el apellido del escritor con las normas ortográficas actuales del portugués y es el que usan las editoriales en las ediciones actuales de sus obras. Queiroz es el modo en el que se escribía en su época. Hemos respetado las fuentes que emplean la grafía antigua.

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