Charlotte BuffHay muchas cosas terribles que te pueden pasar relacionadas con los libros. Puede ser que tengas un talento brillante para la escritura y que estés creando obra maestra tras obra maestra… pero que nadie sea realmente consciente de tu arte y que, por tanto, tus libros no lleguen ni siquiera a ser publicados.

También puede que escribas una obra sublime y maravillosa, que la lea todo el mundo y que tenga un éxito abrumador. Tras ese éxito abrumador y sobrecogedor, ninguna de tus obras será igualmente exitosa y, por tanto, te verás abocado a ser uno de esos autores que metemos en todas esas listas un tanto deprimentes de lo que pudo ser y no fue.

Y puede también que te veas salpicado por el efecto llamada de una obra, que seas la víctima de un best-seller. Para eso además no tienes que ser ni siquiera el autor del mismo, puedes ser una pobre víctima inocente que prácticamente pasaba por ahí. Y eso, amigos míos, fue lo que le pasó a Charlotte Buff.

Charlotte Buff era una jovencita en la ciudad de Wetzlar allá por el año 1772. Era conocida como Lotte y así la acabamos conociendo quienes leemos su historia. Lotte tenía dieciocho años, era guapa y extrovertida y conoció a Goethe en un baile en honor de su hermana Karoline, que se acaba de comprometer. Goethe, que estaba en Wetzlar para cumplir con una obligación familiar, se enamoró profundamente de ella. Lotte estaba enamorada de otro, su prometido Johann Christian Kestner y a pesar de los intereses de Goethe no correspondió a su amor. Cuatro meses después el escritor se marchó de Wetzlar, Lotte se acabaría casando con su enamorado y la historia podría haber culminado como tantos enamoramientos que no llegan a nada.

Pero… no fue así. Lotte se acabaría convirtiendo en un personaje clave de la literatura de masas. Su historia se puede seguir en el capítulo que Stefan Bollmann dedica en Mujeres y libros a la fiebre Werther.

Unos meses después de que se produjese este enamoramiento no correspondido por parte de Goethe, un amigo común al escritor y al prometido de Lotte se suicidó. Las pistolas, nos cuenta Bollmann, eran del propio Kestner, que se las había prestado, y las razones de la dramática decisión del hombre algo que Goethe conocía muy bien. El amigo se había suicidado porque estaba enamorado de una mujer que estaba prometida a otro. Como nos cuenta Bollmann, Lotte y Kestner hablaron mucho con Goethe de la historia y Kestner, que se sentía culpable por lo sucedido (al fin y al cabo eran sus pistolas), escribió un informe contando con todo detalle la historia. Por supuesto, Goethe no solo habló con ellos de la historia sino que además leyó el informe que había escrito el prometido de su amada.

Y en medio de todo esto escribió su historia, Las desventuras del joven Werther. La historia se parecía demasiado a la historia real del suicidio, desde los motivos que lo habían impulsado hasta la ropa que llevaba el protagonista de la historia (el que sería conocido como el uniforme de Werther). La mujer por la que Werther se quita la vida se llamaba, además, Lotte.

El libro se convirtió en un bombazo tal que la gente se lo arrancaba de las manos para leerlo. Los ejemplares circulaban de forma acelerada y todo el mundo quería leer la historia. Y quienes conocían a todo este círculo de personas no tuvieron más que atar cabos. Lotte era sin duda Lotte. Y así la pobre Lotte real (imaginaros el percal para el pobre matrimonio…) se convirtió en la Lotte de la ficción.

Por supuesto, la gente empezó a confundir realidad y literatura y a peregrinar en masa (sí, en el siglo XVIII) a la tumba del hombre que se había suicidado, que empezó a ser la tumba de Werther por aclamación popular. Tras la visita tocaba el siguiente punto del recorrido de turismo literario y Bollmann nos cuenta que los visitantes preguntaban entonces por la casa de Lotte, la Lotte que no había correspondido a Goethe. Poco importaba, en honor a la verdad, que la mujer por la que se había suicidado el que todos creían que era el Werther real fuese otra.

Podréis pensar que al menos a Lotte no le tocó vivir en la época de los trending topics y las redes sociales y que no tuvo que sufrir el acoso masivo de los lectores de medio mundo. Quizás no fuese a una escala tan elevada como ahora pero no cuesta imaginar que Lotte tuvo lo suyo. Al fin y al cabo, a la Lotte literaria (y real) se le escribían canciones y lamentos por el amor perdido (la Lotte real tuvo 8 hijos y 4 hijas con Kestner) y los lectores – fans de la obra hacían, ya en una fecha tan temprana como 1776, quedadas (masivas) en Wetzlar que incluían lacrimógenas visitas al cementerio.

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