novelas de formación femeninas

Debo confesar que las novelas de formación están entre mis géneros favoritos. Leer como un pobre muchacho sale al mundo, descubre que este es un lugar despiadado y finalmente consigue adaptarse a él (para bien o para mal) puede que nos suene algo repetitivo, pero da muchísimo juego para enseñarnos las entrañas del personaje, y cómo se enfrenta a su carácter/destino.

En el caso de las novelas de formación femeninas, los personajes se encuentran muchas veces con un problema añadido, deben madurar en un entorno que no deja de considerarlas como niñas, por mucho que hayan dejado atrás la adolescencia. Ser fiel a una misma en estas circunstancias es casi imposible, y las novelas pueden optar por la rebelión, o el desencanto, pero en todo caso arrojando luz muy reveladora sobre la protagonista. Es el caso de estas cinco novelas:

Evelina

Escrita por Fanny Burney, la que quizá sea la primera novela de formación femenina se publicó en 1778 de forma anónima, antes incluso de que existiera el término bildungsroman. Habitualmente definida como novela de costumbres, lo que nos cuenta en realidad es la evolución de Evelina, una chica que ha tenido una infancia más o menos feliz (más allá de ser hija ilegitima y huérfana de madre), y que al llegar a edad casadera debe hace entrada en sociedad. Aunque es cierto que la protagonista no cambia de forma evidente en su forma de ser, sí  debe aprender cómo manejarse  e integrarse en una sociedad hipócrita y opresiva hacia las mujeres.

Jane Eyre

La novela más famosa de Charlotte Bronte es una autobiografía en la que asistimos a la evolución de una protagonista fuerte y con carácter, que va ganando seguridad con el paso de los años: Jane dice lo que piensa, aunque eso siempre le acarrea problemas. De hecho, hacer valer su voluntad es lo que causa que  muchos la tilden de insolente en su niñez, que su tío la envíe al internado, o que el director del internado prevenga a las otras niñas en su contra. También es esa la razón por la que no se casa con alguien a quien no quiere, y por la que abandona a alguien a quien sí quiere. Porque Jane no le teme al trabajo duro, a la soledad, o a las injusticias de la vida. A lo único que teme es la a la falta de libertad. Y  aunque sea por una carambola del destino, lo que nos enseña esta novela es que no renunciar a lo que eres es la única forma de lograr la felicidad.

La Maestra

En esta novela breve de Clarice Tartufari, publicada en 1887, el aprendizaje es mucho más agrio. Ginevra es una chica con inquietudes que sueña con ser maestra, para poder ayudar a su familia y para ser feliz ella misma. Lo cierto es que su familia debe pasar aún más estrecheces para que ella pueda estudiar, pero todo habrá valido la pena cuando vuelva a casa con un buen sueldo. El problema es que hay muchas más chicas con ganas de estudiar (y hacerse profesora era la única opción) que puestos de profesora, y Ginevra acaba en un pueblo perdido con un sueldo mediocre, y sobre todo, desprotegida ante el acoso sexual y la maledicencia de los vecinos. Debe huir, y buscar trabajo, pero sin recomendaciones ni contactos es casi misión imposible. Lo que aprende, finalmente, es que no debe soñar con lo imposible, sino conformarse con lo que el destino le pone a mano.

El Principio De La Sabiduría

Henry Handel Richardson publicó en 1910 esta novela, que resulta también bastante desesperanzadora. Laura es una niña inteligente, espontánea y con carácter que debe aprender a comportarse en sociedad cuando entra interna en un colegio de clase alta. Es lo que espera su madre, que empiece a ser más femenina, y que elija ser más buena que inteligente. Al principio se siente insegura, sufre muchísimo, y descubre que ser fiel a una misma no lleva necesariamente a la felicidad. Lo que aprende en su proceso de maduración es que hay que fingir para adaptarse al entorno, hacer lo que otros hacen, desear lo que otros desean, porque solo así se puede, si no ser plenamente feliz, al menos vivir una vida tranquila.

Memorias de una joven formal 

Aunque se trata de una obra autobiográfica, Simone de Beauvoir no deja de contarnos el proceso de aprendizaje de una adolescente, en este caso, ella misma, desde la infancia hasta los 20 años. Criada en una familia burguesa, cristiana, culta y muy conservadora, tuvo una infancia feliz, pero su proceso de maduración la llevo lejos de las creencias familiares. Primero rompió con la religión, después los valores tradicionales, y finalmente rompió con todo lo que se esperaba de ella (gracias, en parte, a un revés económico que la hizo menos atractiva para un matrimonio concertado, y por lo que sus padres la animaron a estudiar). Aquí la protagonista, la propia Simone, aprende a renunciar a falsos ideales, y a buscar su verdad, aún con la sociedad en contra.

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