Reloj

Siempre lo confesamos. Los lectores, en el fondo de nuestro corazón allí donde guardamos los deseos secretos, queremos ser también escritores y poder crear mundos de ficción como hacen nuestros autores favoritos, aunque antes de lanzarnos a hacerlo siempre nos planteamos que nos falta el talento, que nos falta la imaginación y que nos falta el tiempo necesario. Porque si ya tenemos problemas para encontrar todo el tiempo que necesitamos para leer, ¿de dónde vamos a sacar el tiempo para escribir obras maestras?

Lo cierto es que para escribir no se necesita tanto tiempo (o eso prometen algunos). Ahí está por ejemplo la iniciativa que invita a escribir una novela en un mes, durante el NaNoWriMo, y ya hemos probado que aunque duro es factible. Y aquí está el ejemplo que justifica este titular tan clicable. ¡Sí! ¡Albricias! Es posible escribir 40 novelas dedicándole simplemente 15 minutos de tu día a la literatura. Eso sí (y quizás esta es la puntualización que hará que tu alegría se desinfle como un bizcocho cuando abres la puerta del horno antes de tiempo) para llegar al total de 40 novelas tendrás que dedicar 15 minutos de tu tiempo cada día durante toda tu vida.

Eso es lo que hizo Anthony Trollope, un escritor que empezó a publicar en 1847 y que durante los 38 años siguientes superó los 40 títulos con su disciplina del cuarto de hora diario. Como publican en Quartz, que es el medio que ha exhumado su sistema de trabajo, publicó 47 novelas, 18 libros de no ficción, 12 historias cortas, dos obras de teatro y artículos variados. Además tenía tiempo para escribir cartas (ya sabéis que en la época era el único método para comunicarse con los conocidos).

Trollope escribía en intervalos de 15 minutos que aplicaba cada día de su vida. Aunque solía alargar los tiempos de escritura a tres horas diarias, la clave no estaba en el total de tiempo empleado sino en esos quince minutos concretos que duraba cada período de escritura. El escritor se ponía delante un reloj, para ser siempre consciente del tiempo que avanzaba y de cómo iba su cuenta de tiempo, y se obligaba a escribir sin descanso durante esos 15 minutos. Cuando acababa el cuarto de hora tendría que haber escrito como mínimo 250 palabras. Al día (escribiendo tres horas al día) conseguía hacer 10 páginas (en un cuarto de hora escribía la mayor parte de una página) y al año unas “tres novelas de tres tomos”.

El sistema de Trollope se puede además aplicar a otras cuestiones de la vida, ya que como nos explican desde Quartz el secreto de su éxito no está tanto en el para qué lo usaba sino en cómo lo hacía. Dividiendo lo que hay que hacer en fragmentos pequeños de tiempo se siente que se están haciendo más cosas y es más fácil sentir la satisfacción del trabajo hecho y no caer por tanto en el agobio de todo lo que queda por hacer.

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