agatha christie

En diciembre de 1926, Agatha Christie protagonizó el mayor de los misterios de su carrera. La escritora desapareció, como por arte de magia, y nadie sabía el lugar en el que se encontraba. Aunque Christie no era entonces tan popular en todo el mundo como lo sería unos años después (y como lo es ahora), la autora sí era popular en Reino Unido y el caso fue lo suficientemente llamativo para que al menos dos periódicos españoles (dos de los que tenían más tirada) incluyesen en sus páginas una mención a la historia. En el Heraldo de Madrid del 15 de diciembre, el que habían encontrado a Agatha Christie era tema de portada. 

La historia tiene todos los tintes de una novela de misterio. Christie estaba casada entonces con su primer marido, Archibald Christie. Archibald Christie (por lo que sabemos ahora, no por lo que los medios sabían entonces) se había enamorado de otra mujer y quería el divorcio, para empezar una nueva vida junto a ella. La escritora y su marido discutieron acaloradamente y al final ella acabaría abandonando la casa, tras anunciar a su secretaria que se iba a Yorkshire. Pero nunca llegó a Yorkshire y pocos días después su coche apareció abandonado al lado de un lago en Surrey, con la ropa de la autora y un pasaporte caducado. 

El público enloqueció ante esa historia. Los faros del coche estaban encendidos, como explica la crónica que publicaba el Heraldo de Madrid (que se puede leer en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España), lo que añadía aún más toques inquietantes a la historia. La Policía empezó a buscarla «preferentemente el cadáver de la víctima en los seis o siete pequeños lagos de la comarca». 5.000 voluntarios se lanzaron a buscar a la escritora por Surrey, ayudados por la policía con todos los elementos posibles a su disposición (aeroplanos incluidos). El interés del gran público era tal que, según los datos que publicaba entonces el Heraldo, se llegaron a vender 15.000 billetes de tren para ir de Londres a la zona donde supuestamente había desaparecido la autora. Los que no iban en tren iban en coches haciendo «interminables caravanas automovilísticas» de curiosos.

Pero el 15 de diciembre la noticia saltaba: el propio marido de Agatha Christie la había localizado en un balneario, sufriendo de supuesta amnesia (tal es así que el breve de El Sol apunta que Archibald Christie dudaba incluso haber sido reconocido por la autora). El caso quedó desestimado, porque el cadáver que debía aparecer en los lagos estaba vivo y coleando. Christie estaba en Yorkshire, el lugar donde había dicho que estaría, bajo nombre falso (aunque alguien en el hotel la reconoció y alertó a la familia).

Lo mejor de la historia es, sin embargo, que el misterio sigue sin estar resuelto. Las teorías sobre lo que realmente pasó mientras Christie estuvo perdida por Inglaterra son variadas (desde que todo fue para conseguir publicidad hasta que era víctima de una depresión).