El gato de Hemingway

Una de las grandes rupturas en lo que a relaciones de escritores se refiere de comienzos del siglo XX fue la que separó a Ernest Hemingway (ese hombre que conseguía caerle mal a tantas personas…) y John Dos Passos. Los dos escritores eran amigos íntimos (aunque con sus más y sus menos como toda relación de amistad, especialmente cuando Hemingway empezó a distanciarse de su segunda esposa, Pauline, que era muy amiga del matrimonio Dos Passos) pero acabaron teniendo un desencuentro que los llevó a dejar de ser amigos. El momento en el que se rompió esa amistad, o el hecho que la resquebrajó por completo, sucedió en Madrid, durante la Guerra Civil, cuando los dos autores estaban en la ciudad en guerra escribiendo sobre la resistencia la II República.

La historia es analizada en Hotel Florida. Verdad, amor y muerte en la Guerra Civil, el fascinante libro de Amanda Vaill en el que la autora sigue tres historias de amor (una protagonizada por Hemingway, claro) en el Madrid de la época y que Turner editaba este verano en castellano. En Idealistas bajo las balas (que está en bolsillo) Paul Preston también le dedica un capítulo al asunto.

Los dos autores se enfrentaron por culpa del destino de un hombre, José Robles. Robles había sido antes de la guerra el traductor al castellano de Dos Passos y cuando el autor llegó a España se puso en contacto con él. Robles trabajaba como intérprete (de un miembro de la inteligencia militar soviética, cuenta en su libro Preston, lo que lo ponía en una situación un tanto delicada y que a los ojos de los historiadores actuales es un poco confusa). Robles era además – y aunque él era partidario de la II República – miembro de una familia fuertemente monárquica (y cuyas simpatías no estaban, por tanto, con la república).

En el 36, Robles fue evacuado con el gobierno y los organismos públicos a Valencia y allí fue detenido. Lo que pasó después queda a la especulación (igual que las razones por las que pasó: tenía un hermano que era oficial del ejército y simpatizante con la causa franquista y que estaba en ese momento en la cárcel en Madrid, de la que salió tras prometer fidelidad a la II República… para irse a refugiar a la embajada de Chile en cuanto estuvo en la calle, como cuenta Preston, pero las acusaciones que se rumoreaban en su momento eran de lo más variadas, como señala Veill) aunque se sabe que Robles fue fusilado en algún momento del 37. En primavera a su hijo ya le habían dicho que había muerto.

Pero entre su detención y las noticias de su muerte, pasaron meses. Y durante esos meses Dos Passos estuvo presionando a todos sus contactos para saber qué había pasado y dónde estaba su traductor. Y entre los contactos con los que hablaba estaba su amigo, Hemingway, que tenía buenos contactos que le pasaban información exclusiva.

Dos Passos quería saber qué había ocurrido y en caso de que se hubiese producido una injusticia exponerlo al mundo. Hemingway creía que era una irresponsabilidad (los apoyos de la II República ya eran bastante limitados, decía). “No digas ni una palabra de ese tal Robles”, apunta Amanda Vaill en Hotel Florida que le dijo Hemingway cuando Dos Passos había empezado a preguntar por la suerte de su traductor. “¿No sabes que cada día desaparece alguien?”, le dijo y le insinuó que quizás Robles había cambiado de bando.

La cuestión es que quizás Hemingway supo mucho más de lo que le decía a Dos Passos antes de que él se enterase. Una entrada del diario de Josephine Hearst, también escritora y también conocida de ambos, recoge un encuentro entre los dos autores tras un bombardeo en el Hotel Florida en Madrid bastante tenso, porque se había enterado de algo que su amigo posiblemente sabía desde hacía tiempo. “Se ha enterado: Robles ejecutado. Quiere investigar”. Y esa última frase explica las razones que empujaron a la amistad a romperse.

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