La señorita«La Señorita» forma parte de la trilogía «de los Balcanes» de Ivo Andric, junto con ‘La crónica de Tranvik’ y ‘Un puente sobre el río Drina», aunque lo cierto es que poco tiene que ver con ellas. En este caso asistimos a un estudio psicológico en toda regla: el de la señorita que le da título, una mujer avariciosa y usurera,  que tras prometerle a su padre en su lecho de muerte que se haría cargo de la casa y que nunca dependería de nadie, cae presa de su propia obsesión por el dinero. Ambientada en la primera mitad del siglo XX, en las ciudades de Sarajevo y Belgrado, la Historia que no aparece más que incidentalmente, salpica todo el relato, y junto con el análisis de carácter, es otro de los grandes aciertos de este libro.

«Ya en los primeros años había empezado la señorita, en la tienda de su padre, a recibir a hombres y a mujeres que necesitaban dinero urgentemente. La cosa empezó de manera modesta e inofensiva, pero se fue desarrollando con rapidez y tomó proporciones peligrosas, especialmente más tarde, cuando recibió el dinero del seguro y fue declarada mayor de edad. Mientras que Veso, que no sabía nada de sus planes, hacía pequeños negocios regateando con los campesinos por dos o tres pieles de zorro, la señorita empezaba a experimentar la delicia que a personas como ella proporciona el dinero que se va hinchando, esa embriaguez fría que al usurero que está en su húmedo tenducho calienta e ilumina secretamente mejor  que el sol y que la más hermosa primavera. Y cuando el negocio de prestamista empezó a desarrollarse y el número de visitantes creció, ella llegó a recibir no solo en la tienda, sino también en casa. Naturalmente aquello último sólo se concedía a clientes elegidos, más importantes y provechosos. La desolada y triste casa sin risas ni charlas, sin calor ni adornos, a la que incluso los mendigos evitaban, empezó a acoger visitantes nuevos e insólitos. Entonces podía verse cuán distintas eran las personas a las que el dinero y el hambre de dinero atraía con hilos invisibles».