Camilo_castelo_branco

La última vez que estuve en Oporto pasé por delante del Centro Portugués de Fotografía y decidí entrar. Fue una mezcla entre tener un tiempo por delante sin nada que hacer, curiosidad y grandes expectativas en lo que me iba a encontrar en la tienda del museo. Había una exposición sobre la evolución de los paisajes en la fotografía, que era interesante, pero, sobre todo, había una exposición permanente sobre la gente que había estado en ese lugar cuando era una cárcel (y lo fue hasta no hace tanto). Y, a pesar de que era menos importante e impresionante que la de los paisajes, fue lo que me cautivó. Los paneles explicaban cómo era la vida en la cárcel (y sí, las cárceles decimonónicas no eran nada agradables) y las personas célebres que habían estado allí. Entre esas personas célebres estaba el escritor Camilo Castelo Branco, uno de esos clásicos de la literatura portuguesa que suelen aparecer en las listas de ‘libros portugueses que deberías leer’ y al que deberíamos prestar mucha más atención. Porque Castelo Branco no solo era un escritor romántico (del Romanticismo) sino también un autor de lo más intenso en su vida personal.

De Castelo Branco nadie dijo, como de Lord Byron, que era «loco, malo y peligroso conocerlo» pero bien podrían haberlo dicho. Tuvo una vida agitada y escandalosa, casi siempre por líos amorosos. De hecho, a la cárcel fue por uno de esos líos.

Ana_PlacidoHacia 1855 (la leyenda dice que se conocieron en un baile en 1850 y se enamoraron a simple vista, pero los expertos han creado otra cronología) el escritor conoció a Ana Plácido, una joven de Oporto que se había casado con un rico indiano. Manuel Augusto Pinheiro Alves había vuelto desde Brasil lleno de riquezas y se había casado con la joven Ana en 1850, cuando ella tenía 19 años. Ana Plácido no era muy hermosa pero sí muy inteligente, lo que fascinó a Castelo Branco.

Hacia 1856, el escritor y la joven esposa del rico indiano se convirtieron en amantes. Ana Plácido tuvo un hijo en 1858, que en ese momento pasó como hijo de su marido pero que hoy todo el mundo acepta (y entonces sus conocidos lo comentaban en petit comité) que era hijo de Castelo Branco.

La historia habría sido una de tantas de amores prohibidos del pasado si no hubiese sido porque Pinheiro Alves tomó cartas en el asunto y se enfrentó a los amantes. Primero fueron separados y Ana fue enviada al Convento da Conceição, en Braga, donde permaneció algo más de un mes. Después, y una vez que Ana volvió a Oporto y volvió a unirse a Castelo Branco, la pareja de amantes fue denunciada y apresada por adúlteros. El adulterio era entonces un delito penado con la cárcel en Portugal (y no solo en Portugal: Léonie d’Autet acabó en la cárcel cuando fue descubierta en una pensión con Victor Hugo, quien no era su marido) y tanto Castelo Branco como Ana Plácido fueron encerrados en la Cadeia da Relação, la cárcel de Oporto. Ana Plácido fue ingresada en la zona de mujeres con su hijo, en una celda privada. Castelo Branco tuvo el mismo trato en la de hombres, aunque a él lo ingresaron más tarde (antes estuvo intentando huir de la justicia).

Estuvieron en la cárcel más de un año. Durante su estancia en la cárcel los dos escribieron. Castelo Branco trabajó escribiendo artículos, traducciones y algunas de sus novelas. De hecho, él mismo aseguraba que había escrito Amor de Perdición (una de sus novelas más célebres) en quince días en prisión. De su estancia en la cárcel, Castelo Branco dejó un libro Memorias de la cárcel (en portugués no es nada difícil encontrarlo), aunque si lo leéis esperando su propia historia o un testimonio de su propia experiencia no lo encontraréis. Realmente es un libro sobre lo que vio en la cárcel y sobre las historias de los que estaban allí. Es bastante inquietante y muy interesante, pero no es un texto sobre él o sobre Ana Plácido (quien, por cierto, solo aparece en un capítulo del final y una sabe que es Ana Plácido porque nos han alertado en el prólogo de los expertos).

Para Castelo Branco aquella no era la primera visita a la cárcel. Ya había estado años atrás cuando se fugó (o raptó, como ponen en mi edición de Memorias de la cárcel) con una joven, Patrícia Emília do Carmo de Barros. Patricia Emília fue una de sus primeras historias amorosas complicadas y pasionales. Castelo Branco tenía entonces unos 20 y pocos años (ella 16) y ya había estado casado. De la relación, que acabó con la familia de ella separándolos y con el escritor en la cárcel, nació una hija, Bernardina Amélia, que fue criada por una monja… la siguiente relación amorosa tumultuosa de su padre.

Para Ana Plácido aquella sí era su primera estancia en la cárcel. Ella tampoco escribió un texto biográfico realmente sino más bien una colección de relatos, Luz coada por ferros, que fueron editados luego de forma minoritaria (Ana Plácido también escribía, pero sus obras no llegaron a grandes públicos) y que ahora son fácilmente localizables en la red. Hay una especie de capítulo de reflexiones de muy ardua lectura y el resto son historias (truculentas y folletinescas) que dicen mucho más de la autora y de su situación de lo que podemos pensar. En todas ellas, jóvenes inocentes son burladas por hombres malvados…

Castelo Branco y Ana Plácido salieron de la cárcel porque un tribunal los encontró inocentes (aunque sí, tenían una relación adúltera) y se irían a vivir juntos. Tras la muerte del marido de Ana Plácido, el único hijo que había tenido dentro del matrimonio se convirtió en el heredero del que legalmente era su padre. Castelo Branco y Ana Plácido tendrían dos hijos más, aunque no se casaron hasta 1888. La vida juntos no fue un camino de rosas. Uno de sus hijos acabó completamente loco, otro murió joven y el tercero era un viva la virgen despilfarrador. Castelo Branco sufrió varios achaques médicos y se fue quedando progresivamente ciego (a causa de la sífilis), lo que acabaría llevándole al suicidio en 1890. Ana Plácido vivió cinco años más.

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