Las primeras galerías comerciales, los grandes centros comerciales de finales del siglo XIX y de principios del XX, tenían una sala destinada a que sus clientes pudiesen sentarse a leer. La sala de lectura se veía como una especie de punto de descanso, en el que se podía esperar a quienes compraban o se podía descansar del bullicio de las compras. “Después, había abierto un buffet, en el que se ofrecían gratuitamente siropes y galletas, y una sala de lectura, una galería monumental, decorada con rico lujo, en la que incluso se atrevía a ofrecer exposiciones de cuadros”, se lee en El paraíso de las damas, la novela de Émile Zola sobre unas galerías comerciales, sobre la estrategia de su propietario. Selfridges, el imperio de las compras londinense, tenía una sala de escritura y hasta una sala del silencio para relajarse del bullicio.

Y, ahora, unas cuantas décadas más tarde, Ikea va a hacer algo parecido. El gigante de los muebles va a crear su propio espacio para la lectura.

Claro que, en este caso, será una suerte de acción efímera y limitada a un lugar. No podemos irnos al Ikea más cercano y sentarnos a leer en sus sofás (o quizás sí, que en Ikea tienen mucha manga ancha con cómo se prueban sus muebles). La compañía va a crear una sala de lectura en una de sus tiendas del norte de Londres entre hoy y el próximo 5 de agosto. La acción es en colaboración con la organización del Man Booker Prize y la lectura será por tanto alguno de los libros que estuvieron en competición por el premio. El lector-visitante podrá sentarse en uno de los sofás y leer. Incluso podrá llevarse un libro a casa (y gratis).

Antes de ir habrá que pedir cita, ya que cada momento de lectura estará ajustado a un calendario de turnos. Como explican en Quartz, le quita un tanto de espontaneidad a la cosa, pero al menos servirá para llamar la atención sobre la lectura.

 

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