Los libros ilustrados tienen una historia muy larga y han estado presentes en los hábitos lectores durante siglos. En el siglo XIX, la ilustración estaba creciendo en España, ya que el boom de los medios de comunicación impresos llevó a que se crease un amplio campo de trabajo para los ilustradores. Estos creaban para las revistas y para los periódicos, que se hacían más atractivos con su trabajo. De ahí, los ilustradores saltaron también a los libros – entre ellos las novelas – que se publicaban enriquecidas con ilustraciones en sus versiones más cuidadas.

Entre todos esos ilustradores que trabajaban en el siglo XIX y que dotaban a los libros de un elemento más de atractivo estaba Eusebi Planas.  Formado en París, donde vivió en los primeros años de la década de los 50 del siglo XIX, volvió a Barcelona tras declararse una epidemia de cólera en París y, desde esa ciudad, se convirtió en uno de los ilustradores más importantes de la segunda mitad del siglo XIX. Planas era uno de los ilustradores de los folletines, literatura muy popular y con gran tirón entre el público.

Su nombre se puede localizar fácilmente en las portadas de los libros de la época, con un ‘ilustrado por Eusebio Planas’. En la Biblioteca Digital Hispánica se pueden encontrar varios de los libros que ilustraba. Lo que ahí se ve no es más que una parte muy reducida de su obra, ya que Planas habría ilustrado unos 180 libros a lo largo de la carrera que desarrolló en la industria editorial española.

Planas no solo era un nombre recurrente, sino también uno exitoso. Además de ilustrar libros también hacía diseño de invitaciones, carnés de baile, cajas de cerillas o cartelería. Las ilustraciones que hacía para las diferentes novelas se vendían exentas, como litografías. Como explica Jean-Louis Guereña en Detrás de la cortina (Cátedra), conoció “un gran éxito comercial”.  Sus obras, añade el historiador, eran de las que se coleccionaban e incluso se enmarcaban en los hogares españoles de la época. Tenía tanto éxito que acabó creando un taller que trabajaba en sus ilustraciones.

El Planas clandestino

Pero, además de esas ilustraciones, Planas producía otras de otro tipo: como explica en su libro Guereña, Planas también era un ilustrador de temática erótica, “claramente pornográfica”. Por supuesto, este no era el tipo de arte que se enmarcaba en los hogares de momento. Era literatura – ilustración clandestina. Alguna de la obra de Planas – la visible – estaba ya en la frontera de lo que podría ser considerado o no erótico en el momento, como apunta en el libro Guereña, ya que el ilustrador no dudaba en mostrar más de lo que otros ilustradores enseñaban en sus obras para libros. A eso se sumaba que había sido el autor detrás de los dibujos de libros como Historia de la prostitución o Historia natural del hombre y de la mujer.

Sin embargo, el ilustrador y su taller no solo creaban ilustraciones para este tipo de libros, sino también para otros que se vendían bajo mesa. Estos libros no están firmados por el ilustrador (obviamente) pero los historiadores han empezado a atribuirle las ilustraciones de algunos de los títulos publicados en aquel momento de literatura clandestina. Estas ilustraciones eran más caras y por tanto salían más rentables a quien las hacía. Además de ilustrar ese tipo de libros, en su taller también podían comprar (los hombres, claro) ese tipo de ilustraciones.

Y aunque esta doble vida pueda parecer sorprendente, lo cierto es que no lo es tanto. La producción de ilustraciones eróticas o pornográficas era muy corriente en la Europa de la Belle Époque y también llegaba a España, donde se podían comprar por correo e incluso en los kioskos del momento o a vendedores ambulantes que ofrecían su mercancía por las calles con más tráfico de las ciudades españolas. Los historiadores están ahora empezando a recuperar la memoria de ese pasado (y el libro de Guereña es, de hecho, uno de los ejemplos de ese trabajo).

 

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