De la mayoría de los escritores sabemos menos de lo que nos gustaría, especialmente cuanto más atrás viajamos en la historia de la literatura; la información sobre ellos se perdió o no se consideró digna de recopilar… No es el caso de Victor Hugo, que gozó de gran popularidad en vida por su obra, y por su labor política. Esa fama le supuso muchas ventajas, pero también algún que otro inconveniente, como ser uno de los objetivos favoritos de los caricaturistas de la época, quienes a menudo lo retrataban en los periódicos sin muchas contemplaciones, prestando especial atención al desequilibrio entre el tamaño de su (pequeño) cuerpo y su (enorme) cabeza, a su gran frente, o a defectos de carácter como la ambición.

Aunque también las hay casi hagiográficas, y es que a partir de su exilio – cuando se retrata a un hombre barbudo, robinsoniano, y fiel a sus convicciones – y especialmente tras la vuelta, las caricaturas son cada vez más amables: Victor Hugo se ha convertido en el genio, el pensador, el justiciero, y sus retratos reflejan el cambio en la percepción de la sociedad, siendo reflejado incluso como un astro del cielo.

En total, se estima que existen más de 500 caricaturas de Victor Hugo, algunas realizadas por firmas tan prestigiosas como las de Daumier, Doré, Cham, Gill, Lepetit, o Nadar, y cerca de 150 se podrán ver a partir del 13 de septiembre en su casa museo de París, en una exposición centrada precisamente en este tema.

Vía Actuallité y Maison de Balzac

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