odioPuedes odiar a Cervantes y no arder en el infierno literario: prácticamente lo prometemos. Lo demuestra la historia de la literatura y el odio que algunos grandes escritores sentían por algunos de sus colegas que, el tiempo ha demostrado, también eran grandes escritores. Algunas veces el odio era simplemente por cuestiones literarias, como ocurría con Charlotte Brontë y lo poco que le gustaba Jane Austen (odiar a Jane Austen es una especie de deporte literario, por cierto, y hay más escritores que odiaron a Jane). Otras veces era una cuestión personal, como la animadversión que Mary McCarthy (la de El grupo) sentía por Lillian Hellman (empezaron por cuestiones políticas y acabaron con demandas millonarias).

Este mapa, realizado por la edición estadounidense de The Huffington Post, recoge algunos de esos odios encarnizados entre grandes escritores famosos.

Foto SarahDeer