Honoré de BalzacYa cuando hablamos de los escritores y sus vicios ocultos pasamos de puntillas por la adicción al café de Honoré de Balzac, que se ha convertido por sí misma en todo un mito, y es que se afirma que el autor francés ingería el equivalente a 50 tazas de café diarias.

Él creía que la cafeína estimulaba la creatividad, y así lo dejó escrito en su ‘Tratado de los estimulantes modernos’, donde afirmaba que el café hacían a las ideas “ponerse rápidamente en marcha, como los batallones de un gran ejército dirigiéndose a su terreno de combate legendario”. También era el café quien le permitía mantener su rutina de trabajo, que consistía en irse a la cama a las seis de la tarde, para después levantarse a la una de la madrugada, pasarse el día escribiendo y tomando café, y después dormir otras siete horas.

En realidad, y a pesar de que la cafeína ayuda a mantenerse despierto, a concentrarse, a memorizar mejor y a tomar decisiones, algunos estudios científicos sostienen que esa sustancia disminuye nuestra creatividad, pues para ser imaginativo es mejor tener una menor capacidad de concentración. Sin duda no era un problema de Balzac, quien escribió 85 novelas en 20 años (dan ganas de abusar de la cafeína), y era capaz de estar trabajando 15 horas seguidas.

Lo más curioso es que Balzac comenzó bebiendo café turco, muy espeso (su favorito), pero cuando eso ya no le estimulaba “lo suficiente”, pasó a tragar directamente los granos de café con el estómago vacío. Afirmaba que se trataba de “un método horrible y brutal” que recomendaba solo a hombres de “vigor excesivo” como él.

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