Si hablamos de jugar, posiblemente se piense directamente en los niños. Si se habla de un libro de juegos, lo más seguro es que la imagen que nos formemos sea la de un libro destinado a encontrar cómo entretener a los más pequeños. Y, sin embargo, jugar no tiene edad. Puede parecer una de esas frases que se ponen en las tazas buenrrollistas, pero es una aseveración digna de ser defendida.

El entretenimiento – y el usar los juegos para ello – no debería terminarse cuando cruzamos a la edad adulta. Por supuesto, no estoy hablando de entregarse al bingo, sino de una visión un tanto más amplia de los juegos, una que conecte con aquello que hacíamos cuando éramos estudiantes de primaria (aunque ya no lo seamos y aunque los juegos no sean los mismos). Hay quienes lo tienen bastante claro. Hay quienes lo tenemos menos.

Sobre ello reflexionaba mientras leía Invitación al tiempo explosivo, un manual de juegos escrito a cuatro manos por Julián Lacalle y Julio Monteverde y que es además un libro que ya solo merece la pena de entrada por su aspecto (la edición de Sexto Piso es muy buena y las ilustraciones de Arnal Ballester perfectas para el libro que tenemos entre manos). Mientras leía, no podía dejar de pensar en qué quería organizar una fiesta de juegos literarios surrealistas y poner a mi círculo a escribir poemas dadá con artículos de periódico.

Invitación al tiempo explosivo no es un libro sobre juegos, ni un recopilatorio de ellos. Lo es, en cierto modo (y leyendo las notas con las que finalizan todos los juegos se siente mucho interés por ir a la biblioteca y coger todos los libros que tengan sobre los surrealistas y cómo empleaban los juegos para crear sus obras y vivir surrealistamente), pero más que nada y sobre todo (y como su subtítulo indica) es un manual, uno que descubre unos cuantos juegos inesperados y llamativos.

“Simplemente hemos escogido aquellos juegos que nos han parecido merecedores de estar presentes en este trabajo, dejando en segundo plano su supuesta importancia o su representividad histórica”, explican sus autores en la introducción. Son juegos que tienen “un espíritu lúdico que va más allá de las normas establecidas socialmente para este tipo de fenómenos”, indicaban poco antes, apuntando también que eran juegos que hacen “vivir” el tiempo.

Es, por tanto, el manual de juegos que un adulto necesita, especialmente aquel que haya pensado que los juegos ya no son para la gente de su edad.

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