felicidad

Extraña investigación (pero reconfortante para los entusiastas de la cultura) la que acaba de encargar el Departamento de Cultura, Medios y Deportes del Gobierno británico a la London School of Economics: dado que muchos análisis concluyen que la cultura, las artes y el deporte nos hace felices, ¿cuánto en términos económicos podría medirse esa felicidad? El resultado – una avalancha de cifras que son consecuencia del entusiasmo por la cultura – confirmará lo que siempre pensaron los usuarios de bibliotecas (y lo que ya nos decía un estudio del Pew Research Center, que indicaba que los usuarios de bibliotecas son más felices que los demás): existe una relación significativa entre ser un usuario frecuente de biblioteca y sentirse bien.Es decir, sentirse más feliz… y también más sano.

El equivalente en cifras económicas de usar de forma habitual la biblioteca se ha estimado en el marco anual en las 1.359 libras esterlinas (unos 1.650 euros), por lo que podemos decir que ir a la biblioteca nos hace tan felices como una (buena) paga extra. Al mes, la equivalencia económica de frecuentar la biblioteca está en las 113 libras esterlinas, 137 euros.

Que los ciudadanos se entreguen a actividades deportivas y culturales (y aquí se incluye no solo ir a la biblioteca del barrio, sino también frecuentar museos, disfrutar de exposiciones o acudir al teatro) tienen más beneficios sociales. Por ejemplo, aquellos miembros de la sociedad que están comprometidos con las artes (es decir, leen libros de su biblioteca, van a  ver estrenos teatrales/cinematográficos o frecuentan exposiciones) describen en un 5,4% más su salud como buena. Pero no solo ellos ven su salud mejor, también se mejoran los ratios de mortalidad y se bajan los factores de riesgo para ciertas enfermedades. 

En el caso de la educación, el impacto también es muy positivo. Los interesados en las artes aseguran en un 14,1% más que los demás que quieren seguir ampliando su educación (y aquí el estudio abre un parentésis para recordar que en líneas generales quienes tienen más educación son más productivos económicamente) y son más activos a la hora de buscar trabajo cuando se quedan en paro que quienes no tienen interés en estas materias. Y, en el terreno del voluntariado, responden en un 6% más que son voluntarios frecuentes. 

¿Por qué poner cifras a la hasta ahora etérea felicidad de la vida cultural? El estudio (podéis descargaros todas las partes en la web del Gobierno británico) asegura que con esto en la mano podrán tener argumentos para tomar decisiones en el terreno cultural. Es decir, podemos interpretar, en estos tiempos de austeridad y recortes en los que la cultura parece estar pagando todos los platos rotos, tener en valores económicos su efecto en la sociedad puede ayudar a salvarla.

Sin embargo, y como recuerdan en The Guardian, no deja de ser paradójico: el gobierno británico se ha lanzado en los últimos años al cierre masivo de bibliotecas para espanto de sus – hasta entonces, como demuestra el estudio, felices – ciudadanos.

 Foto  Axel Schwenke