Hace ahora poco más de 100 años Barcelona se quedó a oscuras. En cuanto cayó el sol, las tiendas se quedaron a oscuras completamente. Algunas echaron el cierre y otras, las menos, se iluminaban con “bujías o aparatos de acetileno”. El tranvía no funcionaba, lo que hacía que hubiese que ir andando de vuelta a casa, y los grandes almacenes de la ciudad, enormes templos del consumo, tuvieron que cerrar sus puertas. Cuando se adentraba la noche, los centros de espectáculo que abrían habitualmente a esas horas tampoco lo hicieron. Estaban completamente a oscuras.

El apagón que sumió a Barcelona en las tinieblas estaba causado por la huelga de los trabajadores de una empresa, La Canadiense, que daba suministro eléctrico a la mayor parte de la ciudad (había otras compañías más pequeñas que en ese momento no estaban afectadas, pero eran pocos los particulares y los negocios que tenían su servicio contratado con ellas). La huelga de La Canadiense logró dejar a Barcelona sin luz durante muchos, muchos días, pero también fue un hito histórico en la lucha por los derechos de los trabajadores en España. El resultado del parón de esos trabajadores (al que se sumarían los de la competencia pero también los de otras industrias y servicios) en 1919 acabó siendo la entrada en vigor de la ley que limitaba a ocho horas la jornada laboral en España y que se convertiría en un hecho en los primeros años 20.

“España fue el primer lugar del mundo” en contar con una ley clara e incuestionable a nivel estatal sobre la jornada de las 8 horas (una de las reclamaciones clave de la lucha obrera durante el siglo XIX y principios del XX), explica el historiador Ferran Aisa. Algunos sectores en algunos países o algunas regiones concretas de algunos estados habían aplicado ya la normativa, pero no existía ningún país que lo hubiese establecido para todo el mundo y para todos los sectores. “En los otros países no había una legislación clara”, nos cuenta al otro lado del teléfono. “Se dice que la Unión Soviética lo había hecho, pero no está del todo comprobado”, apunta.

La lucha de los obreros de La Canadiense y de quienes los apoyaron no sirvió solo por tanto para luchar por sus propios derechos, sino que también tuvo consecuencias más generales. La historia de esa huelga, cómo se fraguó y cómo se vivió en Barcelona es ahora un libro La huelga de La Canadiense. La conquista de las ocho horas, que Aisa acaba de publicar en castellano en la editorial EntreAmbos (la primera edición apareció también este año en catalán). El libro permite descubrir un momento de la historia de la España de principios del siglo XX que debería ser más conocido entre el público generalista y también el poder y la solidaridad de la lucha obrera de la época.

Los trabajadores de La Canadiense se declararon en huelga a principios de febrero de 1919. Se habían solidarizado con unos compañeros que habían sido despedidos (aunque el conflicto entre la empresa y sus trabajadores venía de lejos y las condiciones en las que estos últimos desarrollaban su trabajo eran en ocasiones terribles, como ocurría entre quienes estaban construyendo el pantano de Camarsa). Los diferentes departamentos de la compañía se fueron sumando a la huelga hasta que a finales de mes su alcance se hizo incuestionablemente visible para la ciudadanía. Fue cuando Barcelona se quedó a oscuras.

“Fue el día 21 de febrero”, explica Aisa sobre el apagón. “Entonces intermitente casi cada día estaban sin luz durante unos 10 días o así”, añade. El gobierno había intentado suplir a los trabajadores en huelga por militares, pero esto no evitó que la ciudad quedara a oscuras. Como explica Aisa, no eran personal que estuviese preparado para ello pero además “les faltaba el carbón, los ingredientes para poner en marcha la central”. Dado que los carreteros se habían declarado en huelga, no había quienes llevasen el carbón desde el puerto a la central, lo que hacía que los militares tuviesen que asumir también eso.

Quizás, ese es el punto que más llama la atención a quienes leemos ahora sobre esa huelga. El paro no se limitó a la empresa afectada, sino que se fue extendiendo por todas las áreas de Barcelona. “Como una red”, explica Ferran Aisa. “Al principio solo eran ellos pero luego se fueron uniendo otros sectores. Había dos compañías más de luz, más pequeñas – porque la principal era La Canadiense – que se sumaron también a la huelga”, señala, recordando que luego el paro saltó a otros sectores como la metalurgia o el textil, un sector este último muy feminizado en su fuerza laboral. “Al entrar el textil piensa que el 80 a 70% eran sobre todo mujeres. Las mujeres jugaron un papel importante en la huelga”, añade.

Es inevitable por tanto comentarle al historiador lo mucho que esta solidaridad llama la atención 100 años más tarde. Aisa explica que esta situación tiene mucho que ver con la organización de la CNT, el sindicato que estaba detrás del paro, pero también con la fuerza en aquellos momentos del anarcosindicalismo. “Cuando había un problema muy gordo, no solo afectaba a los del mismo ramo sino que los demás ramos se solidarizaran“, apunta.

La huelga duró un total de 44 días, desde esos primeros días de febrero hasta marzo, y solo se desconvocó cuando se llegó a un acuerdo. El no cumplir con uno de los puntos del acuerdo hizo que se volviese a convocar una huelga, esta vez general y que afectó ya a toda Cataluña y no solo a Barcelona y su provincia. “Se comprometía el capitán general a dejar en libertad a todos los presos”, explica el historiador (durante la huelga habían sido detenidos muchos trabajadores y líderes sindicales). “Habían dejado ir a más de 3.000 que estaban en el castillo de Montjuic, pero quedaba un retén que podía ser entre 24 y 12 que estaban retenidos y que decían que tenían causas pendientes. Este fue el agravante que hizo que al no cumplirse este requisito se volviese a declarar la huelga al lunes siguiente, después de 44 días de huelga”, apunta. La nueva huelga duró 15 días. “Fue cuando el gobierno, que quería acabar con este conflicto, aprobó el real decreto de las 8 horas”, señala Aisa. Las ocho horas se convirtieron así en ley (aunque no entraría en vigor hasta unos meses más tarde, al cierre de 1919) y de aplicación general a todo el país.

Eso sí, la respuesta a la huelga abarcó más puntos. La patronal se dividió en dos en Barcelona, con una escisión mucho más radicalizada (que tras la huelga declaró el lock out, el cierre de fábricas) y que sería el germen de los años del pistolerismo, que abarcarían los primeros años de la década de los 20 en Barcelona. “Murieron más de 400 personas en la calle. Esto no era Chicago, era Barcelona”, destaca Aisa. Este sector de la patronal organizó su cuerpo de pistoleros, que asesinaban en la calle a sindicalistas (y que fue el punto de partida de una escalada de violencia).

Foto | Mundo Gráfico, 1919, vía Hemeroteca Digital

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...