marquesa de sade

La historia del marqués de Sade, cuya vida libertina le llevó a la cárcel y cuyas novelas estuvieron prohibidas durante décadas y siglos (y a 2012 su obra seguía prohibida en un país ‘moderno’ como puede ser Corea del Sur), es bastante conocida. El propio marqués de Sade se ha convertido, de hecho, en personaje recurrente que es mencionado o hace apariciones en las novelas que se ambientan en la época o lugar en el que vivió. Sin embargo, a Renée-Pelagie, también de Sade, se la ha tenido un tanto olvidada a la hora de contar la historia y su nombre solía quedar olvidado en las bambalinas de la historia literaria. Alguna biografía y una novela han intentado recuperarla en los últimos años.

Y esa novela, firmada por una autora de historias de época – sagas superventas, la que ha hecho que Renée-Pelagie haya aparecido en las mesas de novedades de las librerías. Mireille Calmel publicó en 2014 La marquise de Sade, que ha sido ya publicada en francés en bolsillo como La marquise. Roman libertin y que ha sido traducida este verano al castellano por Grijalbo como La marquesa de Sade. La novela, que recupera las formas y el lenguaje de la época en la que vivieron sus protagonistas (la historia es un intercambio epistolar en su mayoría), se centra en los primeros meses de matrimonio de los marqueses, un período del que Calmel cuenta que a ciencia cierta se sabe poco pero que en la realidad debió ser un momento crucial para la pareja.

renee pelagie de sadeRenée-Pelagie de Montreuil era una jovencita inocente, que tenía 21 años y había sido educada de forma férrea por su madre y su confesor. Su padre había sido responsable del tribunal de cuentas y su madre tenía una personalidad muy fuerte que hacía que pocos en la familia se escapasen a su control.

La familia tenía mucho dinero pero eran, gran pecado en la sociedad de la época, nueva nobleza. Renée-Pelagie, aunque no era hermosa (como nos cuenta ella misma en la novela que su madre le ha dejado claro) y era muy tímida, no fue destinada al convento, sino que se convirtió en un peón matrimonial para la familia para conseguir escalar socialmente.

El elegido fue Donatien Alphonse Louis de Sade, el único hijo del conde de Sade y miembro de una familia de la antigua nobleza y con muy buenas conexiones dinásticas. Su madre, por ejemplo, era pariente lejana del rey de Francia. El matrimonio les daría a los Montreuil una entrada en la corte. Donatien estaba enamorado de otra, una muchacha que no se quiso casar con él y a la que su padre tampoco aprobó, y su familia estaba muy necesitada de dinero con el que pagar las deudas del padre. Como señala Renée-Pelagie en la novela (narrada en primera persona), fue vendida y comprada al mejor postor.

Los novios no se vieron hasta el día del enlace. A pesar de que se prometieron con toda la pompa y ante el rey, en todos estos movimientos fue el padre del marqués de Sade quien se encargó de hacer lo que correspondía. Y si la idea de ver a tu novio únicamente cuando estáis ante el altar parece ya una crueldad, por mucho que fuese algo no tan raro en la época, más cruel parece pensar en cómo se formó la pareja. El marqués de Sade, aunque solo era 18 meses mayor que su novia, era ya el hombre que pasaría a la historia como un libertino. Pelagie era, sin embargo, tímida, poco experimentada y había recibido una estricta educación católica. Como indica su personaje en la novela, las relaciones entre los esposos no debían ser más que únicamente para tener descendencia, descendencia, por otro lado, que creía que solo Dios mandaría si eran virtuosos. Donatien no iba a ser virtuoso, así que ella tendría que serlo por los dos.

La historia cuenta que al menos ella se enamoró rápidamente de él, posiblemente a primera vista. Los hechos señalan que la marquesa de Sade no se separaría de su esposo hasta el final y que lo seguiría hasta la cárcel, donde llegaría a disfrazarse de hombre para ayudarlo a escapar. ¿Cómo una jovencita tímida y asustada consiguió enamorarse del libertino? Ahí es donde entra la ficción. En la novela de Calmel, se produce un juego epistolar que permitirá a Pelagie salir de los límites a los que su santurrona educación la ha sometido y descubrir ella misma el placer.

Sea como sea, la relación entre los marqueses duró muchos años y atravesó muchos y muy difíciles momentos, sobre todo porque la familia de ella (que había alentado el matrimonio) fue una de las mayores críticas (y persecutoras) del marqués. Sade pasó muchos años en la cárcel y Pelagie fue quien peleó para intentar sacarlo de allí. La marquesa ni siquiera abandonó a su marido cuando su familia decidió cortar relaciones (y acabar así con el flujo económico) y la sumió en una situación económica desesperada. Como nos cuenta Calmel en la carta propia con la que cierra la novela, fue además Pelagie quien recopió el manuscrito de Justine para que pudiese ser publicado de forma anónima y era además lectora de la obra de su marido (se conservan cartas en las que da sus opiniones sobre los mismos).

La historia, como suele ocurrir en estos casos, no se cierra sin embargo con un vivieron juntos para siempre. Sade salió de la cárcel con la Revolución Francesa y durante un tiempo formó parte del nuevo orden establecido por la revolución. Fue en esos años cuando Pelagie decidió divorciarse de él, quizás porque ante el temor que le inspiraba la revolución le pareció mucho más acertado volver al círculo protector de su familia. Pelagie moriría en 1809, poco antes de la muerte del marqués.

Imagen |de la edición francesa de La marquise