Daisy Buchanan

Los felices años 20 fueron un período fructífero para las artes populares. En moda, los 20 lo cambiaron prácticamente todo: las faldas se acortaron, los cabellos también y las mujeres se convirtieron en, en cierto modo, dueñas de su propio cuerpo. En música, se hicieron populares muchos de los géneros que aún hoy en día se siguen escuchando. En literatura, fueron los años de muchos grandes autores que marcaron la pauta para la novela moderna. Uno de los más populares (y de moda este verano gracias al cine) fue Francis Scott Fitzgerald, que retrató la locura de los Felices 20 y sus habitantes. Scott Fitzgerald era además el marido de la flapper por excelencia, Zelda Sayre, y fue uno de los escritores que retrató a las flappers. Daisy Buchanan, la protagonista femenina de su novela más popular, El gran Gatsby, se ha convertido en el ejemplo clásico del que todo el mundo echa mano cuando se quiere explicar qué era exactamente una de esas mujeres alocadas y fashionistas de los años del charleston.

¿Qué era exactamente una flapper? Las flappers eran aquellas mujeres que llevaban vestidos cortos (tan cortos que cuando bailaban se les veían las rodillas,que maquillaban para que llamasen la atención), el cabello cortado a lo bob, bailaban alocadamente, no usaban corsé (aunque ahí hay quien dice que no fueron las flappers quienes lo hicieron desaparecer, ya que ellas siguieron usándolo para conseguir ese aspecto lánguido y andrógino que estaba de moda) y se maquillaban de forma evidente (hasta entonces las mujeres decentes no lo hacían). También fumaban, conducían a toda velocidad y tenían una relación con el sexo bastante liberada. En definitiva, eran las primeras mujeres realmente modernas. La literatura y el cine las han convertido en mujeres superficiales que únicamente sirven hoy en día como iconos de estilo (y estilo flapper siempre, siempre, siempre vuelve).

Sin embargo, quedarse con que las flappers eran únicamente chicas alocadas podría ser un error. Casi todo lo que nos llega de ellas y sobre ellas hoy en día viene a través de lo que otros contaron (y de las interpretaciones que el cine y la moda han hecho de estas mujeres) aunque las flappers también tenían voz propia. Lo que ellas escribieron no ha sido tan leído como lo que ellos escribieron, aunque también hubo escritoras flappers.

Zelda Fitzgerald

F_Scott_Fitzerald_y_Zelda__DellwoodZelda Sayre fue una de ellas. Ya convertida en Zelda Fitzgerald, tras su matrimonio con el popular escritor, comenzó a probar con diferentes artes para descubrir cómo se sentía cómoda expresándose. Todo el mundo sabe de sus intentos (casi desesperados) por convertirse en bailarina en París (aunque ya era demasiado mayor para ellos), lo que pocos saben es que Zelda pagaba sus clases de baile con lo que ganaba como escritora.

Zelda Fitzgerald escribió relatos breves (literatura flapper) que se publicaban en revistas para chicas. Algunas de sus obras se publicaron (aunque ella no estaba de acuerdo) firmadas por su marido, Francis Scott Fitzgerald, lo que cotizaba mucho más. Lo cuenta la introducción a sus obras completas publicada por la Universidad de Alabama y lo novela Giles Leroy en Alabama Song.

Cuando ya había sido internada en un psiquiátrico, Zelda Fitzgerald escribió en dos meses Save me the wals, su única novela y en la que narra su visión de los hechos del matrimonio con Scott Fitzgerald. Se la mandó a su editor, quien se la mandó a su marido. El escritor purgó la novela y la censuró (y se enfadó muchísimo porque Zelda le había pisado el tema que estaba usando en Suave es la noche). La novela fue publicada, pero no tuvo ningún éxito, aunque ahora hay quien se está volviendo hacia la única obra larga de Zelda Fitzgerald. Curiosamente, Save me the wals acaba de ser publicada en castellano por una pequeña editorial de Granada, Román y Bueno, como Resérvame el vals.

Zelda fue, además, la inspiración para muchos personajes de su marido, que no dudó en copiar pasajes del diario de su esposa en algunas de sus novelas.

Dorothy Parker

Dorothy_ParkerDorothy Parker escribió relatos, es autora de reportajes y sátiras sobre su época y fue poetisa, aunque en su momento fue desdeñada por ser «versos flapper».

Su biografía podría ser un ejemplo de las muchas cosas que hicieron las flapper. Trabajó como asistente en revistas como Vogue y Vanity Fair, escribió en The New  Yorker desde su fundación en 1925 y guiones para Hollywood. También escribió sobre la Guerra Civil española. Se divorció, abortó y tuvo varios amantes, todo muy flapper. Al final de su vida, acabó en las listas negras del FBI en los 50 por simpatizante comunista. Cuando murió en los 60, dejó todos sus bienes a la fundación de Martin Luther King. De hecho, hoy en día está enterrada en unos jardines en su memoria en la sede principal de la  National Association for the Advancement of Colored People.

Todos sus libros soy hoy en día fácilmente localizables. Parker fue una escritora popular (se acabó incluso convirtiendo ella misma en un personaje) y está traducida al castellano. Nórdica ha editado recientemente y por primera vez en España una parte importante de sus poemas, en Los poemas perdidos.  También editaron, en una de sus preciosas ediciones ilustradas, Una rubia imponente, uno de sus relatos más populares, que narra el auge y caída de Hazel Morse, «una rubia que se sentía muy orgullosa de sus pies diminutos y era capaz de soportar el sufrimiento por vanidad».

Anita Loos

En el caso de Anita Loos, fue el cine quien oscureció su fama. El éxito de la adaptación de su novela Los caballeros las prefieren rubias, protagonizada por Marilyn Monroe, hizo que la obra cayera en el olvido, aunque, como recuerdan en un club de lectura de la universidad de Stanford, el libro había sido un mega bestseller. Una experta de su departamento de inglés dice que la protagonista, Lorelei, es la «Huck Finn de la era flapper». En su época consiguió palabras de elogio de lectores de lo más diverso.

Anita Loos escribió también guiones de cine (muchos guiones de cine), más novelas (hay una continuación a Los caballeros las prefieren rubias) y colaboraciones con The New Yorker o Vanity Fair. Tusquets ha editado en castellano tanto su novela más popular como sus memorias Adiós a Hollywood con un beso.

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