Uno de los elementos casi clásicos de los cuentos de hadas era el príncipe azul salvador y ‘solucionador’ de todos los males. La princesa protagonista se enfrentaba a una situación complicada (a veces, como le pasaba a la Bella Durmiente, tenía que esperar pacientemente dormida a que llegara su salvador) hasta que aparecía un perfecto príncipe de algún reino lejano (o no) y obraba la magia. Daba el beso que la despertaba del letargo, la rescataba de la malvada bruja o ajustaba el zapatito y la sacaba de la pobreza. Si eras una princesa de cuento, deberías tener claro que tenías que esperar al príncipe.

Pero ¿necesitan las princesas de los cuentos que alguien las salve? En realidad, no. Las princesas son perfectamente capaces de salvarse ellas solas, como ocurre en las historias que componen Érase una vez una princesa que se salvó sola, de Sara Cano y que acaba de publicar Nube de Tinta. El libro es una colección de cuentos, muy vinculados al mundo moderno.

No se trata de nuevas versiones de historias clásicas del universo de los cuentos de hadas ni tampoco, a pesar del título, de historias “canónicas” de princesas. Aquí las protagonistas son niñas normales y corrientes (pero sí, princesas potenciales del universo de los cuentos) que se enfrentan a los problemas de las niñas de hoy en día.

En todas estas historias, las niñas se salvan solas o, como mucho, tienen el apoyo de otras niñas (aplicando un principio muy destacable, el de sororidad) en su proceso de ‘salvación’.

Los cuentos están muy marcados además por la agenda del momento y por los temas que marcan la vida de las niñas de hoy en día. En la introducción, Cano reconoce que esto hace que sus cuentos corran el riesgo de dejar de ser rápidamente realistas y que “expiren muy pronto”, pero al fin y al cabo eso sería para la autora una buena noticia. “Espero con todas mis fuerzas que expiren muy pronto”, explica. Las niñas de sus historias tienen que salvarse ellas mismas del racismo y la xenofobia, el slut-shaming o el trato diferenciado según géneros (el ‘pero si eso son cosas de chicos’).

El libro está recomendado para 12 años en adelante, explican desde la editorial, aunque tras leerlo creemos que puede perfectamente funcionar y llegar a niñas y niños un poco más jóvenes.

Además de las historias de Cano, el libro incluye las ilustraciones de varios ilustradores bastante conocidos. Agustina Guerrero, María Hesse, Ana Santos, Aitor Saraiba, Naranjalidad, Lady Desidia, Laura Agustí, Elena Pancorbo, Amaia Arrazola y Alex de Marcos ilustran cada uno de ellos una de las historias, haciendo que la edición tenga cierto aire de libro-joya.

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