<a href=Hoy Simone de Beauvoir cumpliría 107 años, y es una razón tan buena como otra cualquiera para recuperar su figura, que sigue resultando fascinante: escritora, filósofa, existencialista, femenista… para conocer su figura nada como leer sus memorias. En Memorias de una joven formal‘ nos habla de sus primeros años y su educación en el seno de una familia burguesa muy conservadora, pero no solo sirve para indagar en los orígenes de la autora francesa, es también un interesante reflejo de la Francia de su tiempo, y una obra que engancha tanto como cualquier novela.

“Tan penetrada de sus responsabilidades como papá estaba liberado de ellas, tomó a pecho su labor de educadora. Pidió consejos a la cofradía de las “Madres cristianas” y conferenció a menudo con las señoritas. Ella misma me llevaba al curso, asistía a mis clases, revisaba mis deberes, me tomaba las lecciones; aprendió el inglés y empezó a estudiar el latín para seguirme. Dirigía mis lecturas, me llevaba a misa y a vísperas; recitábamos en común, ella, mi hermana y yo, nuestras oraciones, por la mañana y por la noche. En todo momento, hasta en el secreto de mi corazón, era mi testigo, y para mí no había ninguna diferencia entre su mirada y la de Dios. Ninguna de mis tías – ni siquiera tía Marguerite que había sido educada en el Sagrado Corazón- practicaba la religión con tanto fervor: comulgaba a menudo, rezaba asiduamente, leía numerosas obras piadosas. Su conducta se conformaba a sus creencias: pronta a sacrificarse, se dedicaba por entero a los suyos. Yo no la consideraba una santa porque la conocía demasiado y porque se enojaba demasiado fácilmente; su ejemplo me parecía aún más convincente; yo podía, por lo tanto debía, igualarme a ella en piedad y virtud. El calor de su afecto rescataba sus momentos de enojo. Más implacable y más lejana no hubiera obrado tan implacablemente en mí”.

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