“Como tú comprenderás, a mí no se me importa tirar mil o dos mil pesetas en darle el gusto de que haga ese libro; más me costaría que me pidiera un automóvil o que gastara el dinero en cosas peores. Pero no quiero que por culpa del libro se rían de él todos los idiotas de Granada. ¿Has leído el libro?”.

Federico García, hombre acomodado, estaba preocupado, a finales de la década de los 10 del siglo XX en Granada, por una de las cosas que quería hacer su hijo. Federico García Lorca, que hasta entonces iba encaminado hacia convertirse en un músico, había encontrado su voz durante los viajes educativos que había realizado por España durante su época de estudiante, guiado por su profesor. Se había dado cuenta de que quería ser escritor y había convertido las notas que había tomado durante sus recorridos por las diferentes ciudades y localidades del país en un libro.

Publicar el libro iba a ser más barato que comprarse un coche, uno de los caprichos de los jóvenes acomodados del momento, cierto, veía el padre, ¿pero era el libro lo suficientemente bueno como para que el joven hijo no se convirtiese en el hazmerreír de la ciudad? El interlocutor con el que hablaba Federico García le dijo que sí, que el libro merecía ser publicado (no era el único), y una imprenta de la ciudad hizo la tirada.

El joven universitario reconvertido en escritor envío muchos ejemplares a sus amigos, incluido el profesor que lo había guiado por España (pero el profesor lo devolvió porque se sintió ofendido por no ser el protagonista de la dedicatoria que incluía el libro y las relaciones se volvieron turbias), pero el libro fue una de tantas ediciones a cuenta de autores a lo largo de la historia que no se quedan en nada. La familia tuvo durante muchos años un armario lleno de ejemplares de esa primera edición que nunca fueron distribuidos.

Posiblemente, la edición no habría tenido mucho más eco si el joven universitario que escribía sobre Castilla, los niños de un hospicio gallego o monasterios anclados en el tiempo no se hubiese convertido, con el paso del tiempo, en uno de los escritores más destacados e influyentes de la literatura española del siglo XX. Impresiones y paisajes (llamado en origen Caminatas románticas por la España vieja, pero su autor le cambió el título) fue durante décadas un libro perdido y medio olvidado por los lectores generales (no por los expertos en Lorca, claro), pero en los últimos años ha tenido una recuperación.

Alvarellos Editora publicaba el año pasado El gran viaje de estudios de García Lorca, que seguía su viaje en 1916 por Castilla, Galicia y León. El libro no es una edición de Impresiones y paisajes, pero sí una edición de “los textos del compañero de Lorca, Luis Mariscal, y el propio cuaderno de viaje del futuro poeta”, como explican en la presentación del libro. De Lorca, ese libro recoge cartas, telegramas, artículos y fragmentos de Impresiones y paisajes. Ahora Biblioteca Nueva publica Impresiones y paisajes, acompañado de ilustraciones de Alfonso Zapico y en una edición de Jesús Ortega y Víctor Fernández (sus textos introductorios son la fuente informativa de la que hemos extraído los datos sobre el proceso de creación del libro).

Impresiones y paisajes es un libro, como su título apunta, impresionista. Lorca no escribe un libro de viajes al uso, parándose a narrar lo que ve y la experiencia del viaje, sino que se centra en las emociones y las impresiones que le genera el viaje y el encuentro con las gentes. A veces, leyendo, ni siquiera se tiene claro dónde está, pero sí lo que le ocurre ante lo que ve. El libro no debe leerse por tanto para seguir las aventuras de un joven estudiante viajando por los caminos de la España de 1916, cuando emprenden las diferentes rutas (primero una en primavera por ciudades andaluzas y segundo una por Castilla y León y Galicia en otoño), sino más bien como el primer intento literario de un escritor canónico.

Y, sobre todo, este viaje no es importante por el viaje en sí, sino por ese momento crucial que marcó el futuro profesional de García Lorca, ese momento en el que decidió que la música no era lo suyo pero sí lo era la literatura.

Foto de grupo | vía Alvarellos 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...