En el otoño de 1936, los grandes almacenes preparaban escaparates especiales y selecciones de productos destinadas a un público concreto. Buscaban a la mujer que vivía sola. “Date mimos a ti misma y relájate en este negliglée rosa y espumoso”, decía un cartel, que emplazaba a subir a la segunda planta del Emporium en San Francisco. Los carteles se encontraban por grandes almacenes y tiendas de todo Estados Unidos y eran el golpe de efecto que había logrado una editorial, Bobbs-Merrill, para vender uno de sus últimos libros, Live Alone and Like It.

El libro era una guía vital para la mujer soltera, la había escrito Marjorie Hillis (redactora en Vogue y ella misma glamurosa mujer soltera) y se convirtió en el bombazo editorial del año en EEUU. Dos días después de la primera edición del libro, la tirada se había agotado. El libro había llegado al mercado el 31 de julio y el 29 de agosto ya iba por su segunda reimpresión.

Durante los siguientes meses se siguieron vendiendo libros y más libros y en octubre, cuando los grandes almacenes habían caído bajo el embrujo de la maquinaria de marketing de la editorial, se habían vendido ya los derechos a Universal Pictures por una cantidad elevada para hacer una película que finalmente no se hizo. La autora, al cierre del año, había ganado 10.000 dólares en derechos de autor. Para comprender lo impresionante que es esa cifra, solo hay que compararla con lo que le costó al gigante de Hollywood los derechos del libro. Solo fueron 4.500 dólares.

Estos datos – además de impresionantes – podrían hacer pensar que Live Alone and Like It fue simplemente un producto de una buena estrategia de marketing y no lo que en realidad fue. Un libro brillantemente orquestado, sí, pero también muy acorde con los tiempos que corrían y muy ajustado al espíritu de los tiempos y a cómo era ser una mujer soltera en aquella época. El libro no se publicó en España (el otoño de 1936 no parece el mejor momento para algo así) pero sí llegó a otros países, entre ellos Reino Unido, donde también tuvo mucho éxito.

El manual llega ahora a España, publicado por Los Libros del Lince como El placer de vivir sola y como un “divertido manual que expone los privilegios y las bondades de vivir sola”. Las perlas de sabiduría de Hillis resultan bastante llamativas hoy en día y, a pesar de que algunas de sus obsesiones (como tener una buena ropa) resulta más fácil criticarlas en la actualidad, sus consejos se encuadran bastante dentro de la tendencia del ‘autocuidado’. Incluso si lees hoy a Hillis, se puede sacar bastante partido a lo que dice y a la filosofía de quererse antes que nada a una misma. El libro es además muy divertido y, por supuesto, una pieza fascinante como artefacto histórico. Porque Hillis es feminista (sea o no de forma buscada) con sus consejos para ser independiente y vivir feliz en la soltería, pero también alguien que permite comprender muy bien el momento en el que escribe y cómo ha evolucionado la situación de las mujeres en el siglo XX.

Porque de entrada si nos imaginamos a las lectoras de este libro sin pensar mucho en la historia, posiblemente visualizaremos mujeres a lo Mad Men. Nada más lejos de la realidad. En los años 50, la situación de las mujeres vivió un retroceso (las volvieron a meter en casa). En los años 30, estaban decididamente fuera de ellas. Tras la I Guerra Mundial y los cambios sociales y demográficos que trajo consigo, las mujeres habían cambiado y su lugar en la sociedad lo había hecho con ellas.  No solo habían muerto muchos hombres ‘condenando’ (según decían los periódicos de la época) a las mujeres a la soltería, sino que además la propia evolución social había puesto a las mujeres en una posición diferente. Habían entrado en la universidad, en los trabajos y habían salido del hogar en las últimas décadas. En los años 20 y 30, no pocas no quisieron volver ‘de vuelta’.

Eso hizo que, entre otras cosas, cambiase la idea de la mujer soltera. La solterona había dejado paso a lo que, en el universo de Marjorie Hillis, eran las ‘extra women’ y las livealoners. Eran las mujeres que no se casaban, por la razón que fuese, y que vivían solas. No hay más que leer El grupo, de Mary McCarthy, para verlo.

Las mujeres que vivían solas en España

¿Había ‘livealoners’ en España? En la prensa de los años 30, como demuestra una búsqueda por palabras clave en la Hemeroteca Digital de la BNE, hay muchísimos chistes sobre solteronas y muchos artículos en los que son referenciadas de forma paternalista, crítica y negativa (pero eso también existía en los países en los que Hillis tuvo tanto éxito). A pesar de ello, también es posible encontrar artículos en los que la solterona aparece de otro modo.

Teresa de Escoriaza tiene varias columnas en las que defiende que las solteronas ya no existen como figuras trágicas, pero también hace algunos comentarios sobre cómo es la vida de la solterona. “El matrimonio, para la muchacha moderna, no es una obligación, una necesidad, un recurso. Puede tomarlo o dejarlo, según las condiciones en que se presente“, escribe en otra columna. Otra, titulada ‘Las felices solteronas’, es de hecho un canto a la filosofía vital que Hillis también defendía (aunque no estén relacionadas). Una solterona puede llevar una vida estupenda, escribía Escoriaza en Mundo Gráfico en febrero de 1936. “El primer (prejuicio sobre la mujer) consiste en creer que toda mujer se muere por casarse”, escribía ya en el mismo medio en octubre del 33.

A ella se suman las dos mujeres que, en unas cartas remitidas a Blanco y Negro en los años 30, hablan de la cuestión. En la revista, hay dos cartas de dos lectoras diciendo que las solteronas como concepto ya no se estilan.

Marjorie Hillis, influencer

Pero volvamos a Marjorie Hillis y su best seller. Joanna Scutts ha analizado el libro, su impacto y cómo dotó a las mujeres solteras de su momento de una especie de confirmación de que estar soltera y ser feliz con ello era posible. Sus conclusiones y descubrimientos son parte de The Extra Woman. How Marjorie Hillis led a generation of women to live alone and like it, publicado por Liveright este mismo año y que es el libro que es inevitable querer leer cuando se termina El placer de vivir sola. En la obra de Scutts es donde hemos descubierto la estrategia de marketing del editor y cómo el libro fue un abrumador best-seller.

Hillis tuvo éxito no solo porque escribía bien y de forma divertida, así como por los consejos que daba, sino también porque lo hacía desde la experiencia propia. Ella misma era una de esas ‘extra woman’, una de esas ‘mujeres extra’ que se habían quedado solteras. Era la mayor de las dos hijas de un pastor y su esposa (autora en los años 10 de una conservadora guía para mujeres sobre cómo debían vivir, muy lejos de lo que su hija luego recomendaría). Su hermana era mucho más joven que ella y se casó dos veces. Hillis podría haberse quedado atrapada en el hogar familiar, pero logró evitarlo. Se buscó un trabajo en Vogue, que mantuvo incluso cuando tuvo que volver a casa a cuidar a sus padres, y cuando se quedó huérfana se buscó su propio apartamento. Una mujer soltera se merecía su propio apartamento, como bien abogaba después en sus textos.

¡Nada de pensiones para señoritas! Una bien podía recibir, y tener un buen bar para ello; hacer un montón de actividades y quedar con mucha gente, viajar y hasta tener un affaire (si se tenía más de 30 y se sabía bien qué se estaba haciendo). Al menos eso era lo que Hillis les diría luego a sus lectoras.

El placer de vivir sola apareció en un momento en el que el público estadounidense estaba deseoso de leer libros de autoayuda y de mejora personal. Eran los años post Crack del 29 y ese tipo de libros triunfaban (y no solo en EEUU), porque todo el mundo parecía querer encontrar la fórmula para ser más feliz, tener más dinero o simplemente más suerte en la vida. Hillis escribió su guía para mujeres solteras y para ser feliz siéndolo, dotándolo de unos valores que como recuerda Scutts son “nada menos que revolucionarios” a pesar de su aparente aire frívolo y superficial.

Su guía se convirtió en un fenómeno cultural. El libro fue de hecho el octavo libro de no ficción más popular del año (y salió no olvidemos en la recta final del verano) y en los tres primeros meses de venta del libro Hillis ganó el equivalente a unos 150.000 dólares de hoy en día.  Pero no solo tuvo muchísimo éxito de público (entre las mujeres y entre los hombres), sino que también tuvo un efecto llamada (como Scutts demuestra analizando los títulos de libros que salieron después). Hillis se pasó los años siguientes escribiendo libros y columnas (y ganando bastante dinero con ello) y se convirtió en una suerte de ‘mujer soltera por excelencia’, la soltera defensora de la soltería que los medios siempre empleaban como fuente.

La estrella de Hillis como la soltera por excelencia no se apagó hasta que, unos años después de la publicación del libro, se casó a los 49 años. La prensa estadounidense se dio un festín con su matrimonio.

Foto | Colección Harris & Ewing, 1936, Library of Congress
Viñetas | Hemeroteca Digital, BNE, años 30

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