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Si en el mundo de la literatura se han quedado muchas mujeres olvidadas en los cuartos traseros de la historia, en el mundo de las ciencias no ha ocurrido menos. Muchas mujeres fueron olvidadas, fueron tenidas como menos importantes o fueron directamente vampirizadas en sus trabajos por los hombres de sus equipos e incluso de su familia. El paso del tiempo y el trabajo de los investigadores contemporáneos ha ayudado a sacar a la luz a esas mujeres pioneras y a sacarlas de las notas a pie de página.

Una de esas mujeres que permanecieron perdidas entre las sombras de la historia fue Mileva Maric, la primera esposa de Albert Einstein y una mujer que merece nuestra atención más que por ello. Maric es la protagonista de una novela que acaba de ser publicada en inglés, The Other Einstein, de Marie Benedict. El libro acaba de salir en Sourcebooks Landmark, una editorial que personalmente asociada a novela romántica pero que es, en realidad, la más poderosa de las editoriales ‘indies’ de Estados Unidos. No sé si han vendido los derechos a España o si se publicará en castellano, aunque, tras leerlo, sí puedo decir que tiene toda la pinta de ser uno de esos libros que acaban en las colecciones de novela histórica más populares.

the-other-einsteinLa novela de Benedict no es el único libro que se ha escrito sobre Mileva Maric aunque, como se pude comprobar buscando el nombre de la matemática en cualquier librería online, no es que haya muchos libros y muy fácilmente localizables sobre ella. La novela peca de cierto desequilibrio en sus partes (se centra mucho en los años como estudiante en Suiza de Mileva Maric y en su noviazgo con Einstein, menos en sus años de casada y en la separación final con el futuro premio Nobel), pero a pesar de ello es un interesante primer punto de partida para conocer la historia de esta científica olvidada y, sobre todo, para despertar el interés sobre ella. Cuando llegué a la página final, me fui de cabeza a Google para buscar más datos sobre ella y deseé encontrar una biografía académica que completase lo que acababa de leer. Benedict consigue despertar el interés por la protagonista de su novela. Además, y como indica en el texto con el que cierra la novela, para escribirla ha consultado muchas fuentes históricas de primera mano, como las cartas que intercambiaba el matrimonio y las cartas que Mileva enviaba a su amiga Helene, que es convertida en la novela en un personaje más.

Mileva Maric era una joven serbia recién llegada a Zurich a finales del siglo XIX. Su padre, un funcionario del Imperio Austro-Húngaro y un hombre hecho a sí mismo, le había dado una completa educación que la ponía muy por encima en conocimientos de las mujeres de su época. Maric tenía, además, un gran talento para las matemáticas, lo que la convertía en una matemática brillante. Cuando llegó a Zurich, donde su padre había logrado que la admitiesen en la universidad para estudiar Física, era una joven solitaria, que nunca había tenido amigas (las otras niñas habían sido crueles con ella, inteligente y con una acentuada cojera, como cuenta en la novela Benedict) y que estaba empezando a descubrir su lugar en el mundo. Maric era la única mujer de su clase (eran siete personas en total), lo que la convertía – junto con su origen del este – en una outsider. La única persona que desde un principio simpatizó con ella fue uno de sus compañeros, Albert Einstein.

Einstein se enamoró de ella y perseveró (Maric quería centrarse en sus estudios) hasta que empezaron una relación. Y, como cuenta la novela, aunque en un primer momento prometió a Mileva que la respetaría como científica, la realidad no fue exactamente esa. Einstein, o al menos el Einstein personaje de esta historia (que está contada desde el punto de vista de Mileva Maric, lo que hace que no sea – o no se debería esperar – totalmente objetiva), era bastante egoísta al final y supeditó sus propios intereses a los de Mileva.

De hecho, aunque se prometieron, tardaron en casarse varios años, a pesar de que Mileva Maric se quedó embarazada en medio (y quedarse embarazada siendo una mujer soltera no era algo muy recomendable en aquel momento y en aquella sociedad). Mileva tuvo que volver a la casa paterna y tener a su hija, Lieserl, casi en secreto. La existencia de Lieserl y sobre todo su final es uno de los grandes enigmas de la biografía de sus padres. Benedict se queda con una de las potenciales explicaciones, la de que acabaría muriendo en una epidemia de tos ferina sin que Mileva pudiese hacer nada para salvarla.

Tras el nacimiento de Lieserl, Albert Einstein y Mileva Maric se casaron, aunque Lieserl tuvo que quedar atrás (Einstein ni siquiera llegó a conocerla, a pesar de que su pista se pierde al año y medio). Juntos tendrían dos hijos más y Mileva Maric se convertiría en una ama de casa o al menos eso es lo que dice la historia oficial. La historia no oficial – y lo que sostienen la novela y unos cuantos expertos, tanto que es uno de esos temas polémicos que siguen sin resolverse en el mundo de las ciencias – es que Maric siguió trabajando en casa y que, en realidad, es a ella a quien se debe el pistoletazo de salida de la teoría de la relatividad, pero que su trabajo fue vampirizado por su marido (Benedict sigue en su novela la teoría de que ambos colaboraron en el desarrollo de la teoría, pero que Einstein se apropió de los resultados finales). Lo cierto es que la teoría se sustenta en datos (un artículo en Eldiario recogía la parte científica de todo esto no hace mucho) y en ciertas pruebas.

El matrimonio Einstein empezó a hacer aguas no mucho después de que se publicasen los artículos científicos en los que el científico defendía la teoría de la relatividad y otros conceptos (fueron los segundos los que les dieron el Nobel y en esos también hay quien ve la huella de Mileva) y acabaría rompiéndose unos años después. Einstein mantenía entonces una relación con su prima, Elsa, con la que acabaría casándose después. En los años en los que Einstein se distancia de Maric, este se estaba convirtiendo en cada vez más y más famoso (y si las teorías que indican que sus trabajos vampirizaban los de Mileva son ciertas, no hace falta ver mucho más allá para comprender qué haría que se llevasen cada vez peor).

En 1914, antes de que se rompiese de forma definitiva el matrimonio, Einstein le presentó una serie de peticiones a Maric si quería que siguiesen nominalmente casados. En la novela Benedict las recoge y parece el momento más increíble, más probablemente ficción de la historia. Son absolutamente ciertas. Maric, o eso le pedía su marido, tendría que convertirse en una suerte de ama de llaves glorificada y nada más, encargándose de que su ropa estuviese planchada y sus comidas listas. Tras eso, Maric abandonó el hogar familiar llevándose a los dos hijos supervivientes y Einstein se casó con su prima y continuó su camino para convertirse en uno de los hombres más famosos del siglo XX, una suerte, como recuerda Benedict, de santo laico.

La novela acaba ahí, pero la vida de Maric no lo hizo. En el acuerdo de divorcio del matrimonio, Einstein aceptó que, en caso de recibir el Nobel, el dinero en su totalidad fuese a parar a manos de Mileva, como así sucedió. Mileva Maric destinó el dinero a asegurarse su futuro (invirtió en tres pisos) y, sobre todo, a pagar los gastos médicos de su hijo pequeño, Eduard, que tuvo que ser internado en una institución en los años 30 tras una crisis nerviosa y el diagnóstico de esquizofrenia.

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