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Uno de los sueños recurrentes en la redacción de Librópatas es el de dejar el mundo del periodismo y montar una librería. Sabemos que es más probable que nunca lo hagamos, pero la idea de montar la librería Librópatas y estar todo el tiempo rodeadas de libros nos parece la mejor perspectiva laboral de futuro posible. Imaginaos: puedes leer todo lo que quieras y tu trabajo es recomendar libros y más libros. Es el paraíso.

En la redacción de Librópatas tenemos una amiga que conoce muy bien cómo son de verdad las librerías por dentro y nos dice, cuando nos emocionamos demasiado, que montar una librería no es tan fácil y que estar al pie del cañón en una librería no es tan idílico como puede parecer. Esa es (a pesar de que esta es una historia sobre cómo una librería te puede hacer muy feliz) la idea que una consigue sacar también de leer Mi maravillosa librería, de Petra Hartlieb, que acaba de publicar Periférica.

Mi maravillosa libreria es una historia que podría parecer el argumento de una novela feel-good. Dejemos claro desde el principio que no lo es. El libro es un texto de no ficción y cuenta las experiencias reales de su autora. Petra Hartlieb era, como nosotras, una periodista. En unas vacaciones en Viena hace unos años con su marido (ejecutivo de marketing en una editorial alemana) escuchó a unos amigos hablar de una librería de las de toda la vida que acababa de cerrar en la ciudad. La historia le llamó la atención (sí, ella como nosotras – y quizás como el 50% de los periodistas – también quería montar una librería), consiguieron ir a ver el bajo de la librería (que se traspasaba para cerrar el concurso de acreedores en el que estaba metida) y ver el potencial detrás del polvo y los muebles pasados de moda.

Cuando volvieron a su casa en Hamburgo, Petra y su marido hicieron una de esas cosas un poco locas que haces cuando crees que las cosas no van a pasar como esperas. Mandaron un mail al gestor que llevaba el concurso de acreedores con una oferta para hacerse con la librería cerrada y decrépita. Cuál sería su sorpresa cuando no mucho después les llegó un mail diciendo que eran los ganadores de la subasta con la que se estaba liquidando el concurso: de pronto se convirtieron en los dueños de una librería.

Así fue como montaron la librería (por el resumen de la parte trasera sabemos ya que la librería se va a convertir en una de las más populares de Viena) o más bien se podría decir que la montó Petra. Su marido tuvo que presentar su dimisión pero en Alemania ¡¡¡tienes seis meses antes de irte del trabajo!!! (increíble, sí), así que no podía mudarse directamente a Viena. Lo que viene después tiene mucho de historia que te arranca una sonrisa (les ayudaron los vecinos y los amigos a montar los libros, los conocidos les traen de comer los días de mucho trabajo, los préstamos al principio se los hizo un amigo sin intereses…) pero también mucho de desmitificación. Porque montar una librería da mucho, mucho trabajo.

mi maravillosa libreriaNo vas a estar recomendando libros como en un club de lectura

Leyendo el libro de Petra Hartlieb se puede ver claramente que hay muchas cosas que no son tan bonitas como siempre nos imaginamos cuando pensamos en trabajar en una librería. Unas de las cosas que puede parecer fascinante es la de recomendar libros. Tú eres quien les dice a los compradores las cosas que les pueden gustar. Eres como un médico que receta libros. O como un casamentero que busca al libro perfecto para que sea la media naranja del lector. O eres quien hace que todo el mundo lea a ese autor que te encanta. No es exactamente así… Llega un momento en el que te cansas de repetir veinte veces el mismo argumento.

Trabajar de cara al público puede ser muy, pero que muy duro

No hace falta ser librero para saberlo. Cualquier persona que trabaje de cara al público pasa por lo mismo. Compradores que ni saludan al entrar, gente que se enfada porque los libros no llegan todo lo rápido que quieren, quienes se empeñan en decirte que como es que no lo tienes si en internet lo hay… Cuando acabas de leer Mi maravillosa librería estás más segura que nunca de que lo mejor que puedes hacer cuando entras en una librería es decir hola con una sonrisa.

Navidad es el infierno

Navidad es esa época del año en la que todo el mundo se vuelve loco con los regalos y las compras y es el peor momento para quienes trabajan en una tienda. Es una época clave, ya que es cuando se hacen más ventas (hay estadísticas sobre cuántos libros del total de los que se venden en un año se compran en Navidad y son impactantes) y por tanto una época crucial para la salud económica de la librería. Pero para quienes tienen que vender libros (¡¡y empaquetarlos!!) es el infierno: Petra Hartlieb cuenta que acaba siempre agotada por completo y que llega a soñar con no ser capaz de dar el cambio.

No te vas a hacer rico

Nos lo imaginábamos, aunque en realidad cuando sueñas con montar una librería posiblemente no te importa. Los libros pueden dar para vivir, pero nunca para hacerte millonario.

Foto kaboompics