el motel del voyeur 2

Cuando se llega al final de El motel del voyeur, el último libro de Gay Talese y que acaba de publicar en castellano Alfaguara, el lector se encuentra con una nota del autor que funciona como una suerte de aviso o una suerte de asunción de responsabilidades. “Como ya dejé claro en la primera edición de este libro, Foos era un narrador inexacto y poco fiable, pero sin duda fue un voyeur épico”, asegura en el segundo párrafo. Y es que si ya el libro de por sí iba a tener el tirón entre el público que supone la obra de un autor popular sobre un tema polémico (las aventuras de un voyeur), el libro se convirtió en todavía más polémico porque, cuando apareció la edición estadounidense, se despertó una tormenta periodística sobre lo que Talese contaba y lo que había de verdad y mentira en todo ello. Pero… vayamos por partes.

Gay Talese es uno de los autores de no ficción estadounidenses contemporáneos más influyentes, ya que al fin y al cabo es uno de los grandes nombres del llamado nuevo periodismo. El nuevo periodismo es una tendencia que nació en los años 60 en Estados Unidos en el que los periodistas entran a formar parte de la historia y la narran como si fuese un texto de ficción. Es decir, lo de leerlo como si fuese una novela no es un lugar común, sino la realidad. Todo se narra lleno de detalles, lleno de diálogo y el periodista lo cuenta todo desde dentro y lo vive. Se podría decir, cierto es, que la cosa no era tan nueva: En los años 30 ya se hacían cosas un poco similares y con bastante éxito (aquí varios ejemplos cercanos, desde las reporteras infiltradas a las crónicas de Casas Viejas de Ramón J. Sender). Pero sea como sea el nuevo periodismo como elemento canónico es el que vemos en los años 60 y en adelante.

Talese no fue solo uno de sus nombres más destacados, sino también quien ha continuado publicando cosas en esta línea y quien se ha asentado como uno de los autores ‘que hay que leer’. Lo lleva siendo desde los 60 y ha tocado temas variados y muy polémicos. Uno de los últimos fue el sexo. En 1981 publicó La mujer de tu prójimo, en el que abordaba las costumbres sexuales de los estadounidenses en los últimos años y en cuya investigación (como es habitual en el nuevo periodismo) participó de primera mano. El libro fue escandaloso y Talese fue tachado de prácticamente de todo, pero también llamó la atención de un hombre en Aurora, Colorado, que pensó que quien había publicado eso bien podría interesarse por él.

Así que el hombre de Aurora escribió al escritor y se citaron a principios de los 80. Tras firmar Talese un acuerdo prometiendo no hablar de él públicamente hasta tener su permiso, el hombre, Gerard Foos, le contó que llevaba los últimos años espiando a quienes se alojaban en su motel. Era un voyeur, así que había comprado un motel y lo había convertido en el escenario de su día a día y de sus observaciones. Las observaciones habían quedado registradas en un diario, que iba mantenido al día y que quería compartir con el periodista. Talese escuchó la historia, comprobó la veracidad de los agujeros secretos (Foos había creado unas falsas rendijas del aire que servían para observar desde el ático lo que pasaba) y él mismo observó durante una noche a los habitantes del hotel.

el motel del voyeurTras eso, Foos le envió su diario fotocopiado poco a poco e intercambiaron cartas y llamadas telefónicas, aunque el escritor (como repite una y otra vez en el libro) no tenía muy claro qué iba a hacer con todo aquello. La historia tenía el tirón de lo fascinante, pero Foos no le daba permiso para usar su nombre (y él no publicaría nada sin su nombre) y tampoco parecía un narrador completamente fiable. En realidad, los diarios de Foos dejaban claro que se consideraba el responsable de una suerte de investigación científica sobre el tema, una suerte de incomprendido sociólogo del sexo.

No sería hasta hace unos años cuando Foos dio permiso para que Talese escribiera su libro y lo hiciese usando su nombre real. Estaba convencido de que así se haría famoso y podría vender a buen precio sus muchas colecciones que acumulaba en su casa de objetos diversos (que nada tenían que ver con la observación).

El escándalo

Gay Talese se puso manos a la obra. Escribió el libro, se lanzó la campaña que preparaba su llegada al mercado, se publicó un longform en The New Yorker, la cuna de lo intelectual en EEUU, y empezaron los artículos en prensa. Por supuesto, hubo desde el primer momento un amplio debate sobre la moral de la historia (Talese no había avisado de que esto estaba pasando y además Foos no solo había espiado a sus clientes, sino que había sido testigo de muchos delitos, desde tráfico de drogas, a violaciones y un asesinato, sin hacer nada ante ello) y las implicaciones éticas, pero el libro estaba generando mucho interés y hasta estaba vendiendo sus derechos al cine. Y entonces estalló el escándalo.

Una investigación de The Washington Post ponía en cuestión el libro: Gerard Foos no pudo haber observado todo lo que dice que había observado porque su motel no fue suyo todo el tiempo que decía que lo había sido, aseguraban. Y, aunque Talese señalaba una y otra vez que era un narrador poco fiable, las cosas se podían comprobar en ocasiones y demostrar que no eran reales. El asesinato que había presenciado era imposible de encontrar en los archivos policiales, por ejemplo. Que Foos había sido un voyeur, sin embargo, también era confirmable. Había otras fuentes y, además, el propio Talese había estado en su ático-espía.

Tras ello empezó una escalada de contenidos en los medios y de análisis y contranálisis, en los que Talese aparece como una especie de voz de fondo. Al Post le dijo que el libro se desmoronaba así, pero un día después ya lo estaba defendiendo. En la entrevista que le hicieron en Vulture, se puede ver que está un poco harto de los medios y de los esfuerzos de relaciones públicas de la editorial que había publicado el libro.

La edición que llega a España es una tras la resaca de todo esto (el libro salió en verano de 2016 en Estados Unidos y fue entonces cuando se lanzaron todos estos análisis) y, por tanto, es una edición ligeramente modificada partiendo de ello (el propio autor lo reconoce en su nota, aunque deja claro que los cambios son mínimos). Más allá del escándalo, el libro hace pensar en los límites de la privacidad (es inevitable pensarlo mientras se lee, igual que será inevitable acabar mirando con ojos escrutadores las habitaciones de hotel) y también en cómo ha cambiado el mundo y sobre todo la vida íntima de sus habitantes. El voyeur vio cómo cambiaban las costumbres sexuales de sus huéspedes a lo largo de los años.

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