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Uno de los clichés que se les achacan a las novelas de romántica histórica es que siempre acaban siendo protagonizadas por el mismo tipo de personajes. Siempre hay un lord inglés en una casa de campo (por supuesto muy atractivo y con una gran cuenta corriente) del que se enamora alguna mujer posiblemente mucho más pobre. Pero lo cierto es que, como todo lo que toca este género, es una generalización. Como ocurre en muchos otros géneros, sí hay historias que se repiten y temas que son usados una y otra vez por los escritores, pero también hay muchas otras historias y otros muchos temas que se usan a la hora de crear historias.

Hemos hecho una selección de algunas novelas de romántica histórica que se salen de las típicas historias del clásico lord, pero hay muchas más. Os invitamos a compartir vuestras favoritas en los comentarios.

Gilded Age

baron-300wLa era que todos conocemos gracias a Edith Wharton: el final del siglo XIX en Estados Unidos, con la clase alta neoyorkina, esa que siempre aparece en las novelas de romántica histórica como ‘las ricas herederas que vienen a casarse con el arruinado noble inglés’. Joanna Shupe está en plena publicación de una saga de novelas sobre magnates de los negocios de esa época y en ese escenario y no, no hay herederas casándose con ricos nobles ingleses.

Dado que la anterior saga de Shupe (Regencia y mucho más típica) está siendo publicada por Titania, no sería extraño que también llegue esta segunda saga. La última entrega, que acaba de salir en inglés, Baron, tiene a magnate del ferrocarril y (y esto me ha encantado) a médium experta en conectar con espíritus de los muertos (super gran negocio de la época: los fantasmas estuvieron muy de moda durante toda la Belle Époque y llegaron, tras las muchísimas muertes de la I Guerra Mundial y la epidemia de gripe, a los años 20). Por supuesto, la mayoría de esos expertos en fantasmas no eran exactamente lo que decían y Baron juega con ello.

Siglo de Oro

Ya la hemos mencionado en alguna otra ocasión, porque la idea ya nos pareció original en el momento de descubrirla. ¿Se puede hacer novela romántica histórica ambientándola en el Siglo de Oro? Es lo que ha hecho en su trilogía Nuria Llop. “Como lectora habitual de romántica histórica empecé a saturarme de las historias de amor de la aristocracia inglesa victoriana o de Regencia y de los highlanders. Echaba de menos algo diferente y me costaba mucho encontrarlo”, nos explicaba entonces la autora. Las tres novelas se mueven en medio de una constelación de personajes muy ligados al mundo teatral de la época, un escenario muy interesante por su importancia en la época.

Guerra de Sucesión

No la he leído, aunque me ha llamado mucho la atención la época escogida cuando la vi mencionada en Twitter. Una de las novedades de Phoebe para este otoño es una novela ambientada en una época que no suele ser habitual en la novela histórica romántica, la Guerra de Sucesión (en general, se podría decir que la historia de España aún está por explotar en novela histórica romántica). Los límites de su consentimiento, de Yolanda León, sigue a Isabel de Corverán, superviviente al cerco de Xàtiva y una más de las personas de familias que apoyaron al archiduque Carlos de Austria (que como sabemos ya todos, perdió esa guerra). Sí, es posible que sea la clásica historia de enemigos convertidos en amantes, pero en un escenario que no es el recurrente.

Victoriano distinto

Ja-most-extraordinary-pursuit-juliana-grayuliana Gray es el alter-ego de una escritora de las que se incluyen en las listas de ‘ficción femenina’ (ese género que daría para tantos artículos y debates sobre qué puede ser realmente eso de ‘ficción femenina’). En castellano han publicado una de sus trilogías, Romances a la luz de la luna, que es una suerte de mezcla de Abril encantado con clásica película de guerra de sexos. Tres primas huyen a un castillo en Italia para ocultarse del marido de una de ellas, sin saber que el castillo ha sido alquilado también a tres hombres de la alta sociedad.

Gray ha estado muchos años sin publicar nada más, pero este año ha vuelto a las mesas de novedades con una novela corta con ¡un héroe setentón y una heroína más o menos de su quinta! (no todo van a ser jóvenes…) y con el primer tomo de una saga que incluye al fantasma de la reina Victoria, a expertos en Antigüedades y a una secretaria eduardiana que es la protagonista (A Most Extraordinary Pursuit).

Mujeres de negocios (que sí, que sí existían)

Aunque no era lo habitual, en el pasado también había mujeres que tenían sus propios negocios, que eran emprendedoras (ahí está aquella inventora de corsés de la que os hablábamos en verano), que tenían un papel muy activo en la empresa familiar o que la heredaban directamente de sus padres. Susanna Ives, que acaba de lanzar How to Impress a Marquess sobre una escritora de best-sellers en la recta final del siglo XIX (las escritoras han protagonizado ya unas cuantas novelas, con mayor o menor grado de fidelidad histórica), tiene una novela anterior, Wicked, My Love, protagonizada por la directora de un banco (más o menos en la sombra) a mediados del siglo XIX, donde el peso de la trama (el conflicto que sirve como vehículo a la historia amorosa) está en un fraude financiero.

Una novela de institutrices realista

Vale, las novelas de institutrices son un clásico del género, un elemento recurrente en el que que la institutriz se enamore del Lord X de turno (y viceversa) ya no sorprende en absoluto. Pero lo cierto es que, a pesar de que el formato es absolutamente recurrente, las novelas suelen pasar (al menos en este género y en este momento) muy por encima de lo que era ser una institutriz en aquella época de verdad. En mi pila de lectura, espera Other people’s daughters: the life and times of the governess, un ensayo de Ruth Brandon sobre la materia.

En mi lista de libros leídos está The Game and the Governess, de Kate Noble (no traducida al castellano, aunque sí hay alguno de sus libros anteriores). La novela sigue los pasos de un conde, conocido como ‘el Afortunado Ned’, que se hace pasar por su secretario para ganar una apuesta. Gracias a ello descubre la vida sin privilegios de los trabajadores de las grandes casas inglesas y a Phoebe, la institutriz de la casa a la que va de visita, a quien claramente no hubiese conocido en sus circunstancias de verdad. Y, aunque por supuesto hay licencias literarias, la novela muestra de forma mucho más realista que la media a una institutriz de principios del siglo XIX en Inglaterra.

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