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“El libro es delicioso”, nos explicaba cuando hablábamos con ella sobre Sabias, el ensayo que le ha dedicado a las mujeres olvidadas de la ciencia, Adela Muñoz, tras introducir en la conversación a Oliva Sabuco y su Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos. Sabuco es una de esas mujeres de la historia de la ciencia que se han quedado un tanto olvidadas en medio de la historia de la ciencia que producían los hombres y quienes, además, han visto como su trabajo les era arrebatado o cuestionado. La obra de Sabuco sigue siendo hoy en día protagonista de cierta polémica, ya que hay quienes sostienen que ella no fue la autora.

OlivaSabucoLa historia de Oliva Sabuco es la de una mujer adelantada a su tiempo, que trabajó en un terreno en el que no era habitual encontrar nombres femeninos. Sabuco, que vivió durante los siglos XVI-XVII, escribió un tratado de medicina. “Es una revolución”, apuntaba Muñoz describiendo la obra, “rompe con todos los tabúes”. Frente a lo que dominaba entonces, Sabuco defendía que para comprender y juzgar la valía de una persona había que centrarse en sus actos y no en su linaje. No solo eso. Como nos señalaba Adela Muñoz, en las cosas que Sabuco escribía se pueden encontrar hasta textos que adelantan las descripciones médicas de la depresión (la autora del Siglo de Oro la llama pena negra) y que su origen fuese la cabeza y no el corazón.

El libro de Sabuco protagonizó ya su polémica en su momento (la obra estuvo muchos años en el Índice, el listado de la Inquisición de libros prohibidos) pero, que es lo que esta ocasión nos interesa, protagonizó una polémica sobre su autoría. “Ella defiende su libro”, recordaba en nuestra charla Muñoz, apuntando además que la propia autora ofrecía “participar en un careo” con aquellos que criticaban o cuestionaban el libro.

El padre de Oliva Sabuco intentó hacerse con la autoría del texto, para ser quien se llevase los derechos de publicación. En Guardar la casa y cerrar la boca, de Clara Janés, se apunta que posiblemente fuese por cuestiones monetarias: su segunda esposa lo habría presionado para hacerse con el libro y sus derechos.  El padre de Sabuco no ganó el pleito y, sin embargo, hoy en día se sigue cuestionando la autoría de la escritora y se da muchas veces por bueno el que ella solo fue un nombre para hacerlo más interesante, una especie de golpe de marketing.

Como nos explicaba Adela Muñoz y como recoge en Sabias, esto se debe a que en 1903 se encontró un documento en el que el padre declaraba que era el autor y eso hizo que la Biblioteca Nacional decidiese dar por buena la posición del padre de la científica siglos después.  “¡Por un único documento privado!”, lamentaba la científica actual en nuestra conversación.

A ese papel se le ha dado muchísimo más peso que a otras pruebas, que a otros datos y que a otras evidencias, como por ejemplo “el que le dedique el libro a Felipe II”, como destacaba en nuestra conversación Muñoz. Dedicar un libro falsamente al monarca en aquellos tiempos se podría decir que no era lo que se estilaba… A eso, Muñoz suma que el libro está lleno “de expresiones femeninas” aunque son hombres todos los protagonistas y que se habla de la mujer de una forma positiva (en la misma época en la que Fray Luis de León publicaba La perfecta casada). “Es como si vivieran (Sabuco y Fray Luis de León) en dos mundos”, comentaba Muñoz, recordando que Sabuco “vivía en un pueblo pequeño” (lo que hace su aporte aún más interesante, ya que no estaba en los habituales grandes centros del conocimiento).

Imagen, impresora de la época vía

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