En la redacción de Mundo Gráfico habían recibido una carta para la Página de la Mujer, escrita por una mujer que se había quedado soltera porque, según ella, cuando estaba «en edad de merecer» había demasiadas mujeres para demasiados pocos hombres.

«Al menos que sea usted de las que creen que la mujer no tiene más misión que la de poblar la Tierra, ya demasiado poblada, no hay razón para que no considere usted su vida tan necesaria a la sociedad como la de cualquier otra persona. Es más: para ser justos, hemos de reconocer que los mayores servicios prestados a la Humanidad por la mujer lo han sido por mujeres solteras», le escribía, en aquel agosto de 1930, la periodista responsable de la sección, Teresa de Escoriaza, antes de arrancar una defensa encendida de las solteronas.

Ella, al fin y al cabo, era, para los criterios de la sociedad, una de ellas, aunque posiblemente bastante orgullosa de serlo. En sus Páginas de la Mujer, Escoriaza defiende a las mujeres que trabajan (incluso a aquellas que lo hacen «por gusto» y no por necesidad) o la igualdad de hombres y mujeres en temas de amor, entre otros temas. Escoriaza escribía sobre temas “femeninos” en este periódico y antes había escrito sobre otros temas diversos tanto como periodista desde España como fuera de ella.

En 1921 se había ido a cubrir a Melilla la Guerra de Marruecos, con unas crónicas diferentes a las que producían sus compañeros (hombres) que tuvieron el suficiente éxito como para convertirse luego en un libro. Escoriaza es, de hecho, una de las primeras corresponsales de guerra españolas, una de las pioneras en la cobertura de conflictos. El libro que publicó con la antología de sus crónicas (Del dolor de la guerra) es ahora una de esas cosas difíciles de encontrar.

No lo encontré en libros de segunda mano, como muchos otros libros publicados en los años 20, aunque sí en una reproducción facsímil hecha en India de la edición original de la época. Es una edición especialmente cutre, cierto es, pero que me ha permitido leer lo que Escoriaza escribía desde el frente de guerra. Sus crónicas tienen un cierto toque patriótico que a los lectores contemporáneos nos cuesta digerir, pero sí son un enfoque distinto del tema, tema por cierto estrella – por razones obvias – en los medios españoles del momento.

Escoriaza fue muy activa en la prensa española de los años 20 a 30. Su nombre entrecomillado entre 1919 y 1936 en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España arroja nada más y nada menos que 1.805 resultados, una cantidad abrumadora que bien merece que alguna tarde nos sentemos en la redacción (o más bien unas cuantas tardes) a tirar del hilo de lo que se puede encontrar ahí. Marta Palenque, de la Universidad de Sevilla, publicaba hace unos años en Arbol un primer perfil biográfico de Escoriaza, que permite descubrir un poco más sobre su figura y su trayectoria.

La periodista, que nació en San Sebastián en 1891, es un personaje muy de su época, una de esas mujeres modernas de principios del siglo XX, que rompían con las normas establecidas, que se labraban una carrera profesional y que tomaban decisiones (como la de ser una mujer soltera y libre) distintas a las que se esperaba de ellas.

Teresa de Escoriaza era una moderna. Había estudiado el Bachillerato entre Madrid y Francia y luego estudió en la universidad, esta vez entre Madrid y Liverpool.

En 1917, y en plena I Guerra Mundial (lo que hacía que cruzar el Atlántico en barco no fuese un paseo divertido…), se embarcó sola de camino a Nueva York. La aventura estadounidense era la de ser profesora de español en el país, pero fue también el primer paso de su carrera como periodista. Entre 1919 y 1921 fue la corresponsal de La Libertad en Nueva York, firmando sus crónicas bajo pseudónimo masculino, el de Félix de Haro. En 1921, empezará a firmar con su nombre lo que escribe.

Durante los años 20, fue una prolífica autora en prensa, además de una de las pioneras de la radio. Era una de las periodistas de Radio Ibérica de Madrid, en la que transmitía charlas feministas (posiblemente sea uno de los suyos el primer discurso feminista en la radio española y la primera española en intervenir en la radio) y también ofrecía otros contenidos para educar a las mujeres a través de la radio, como un curso de francés.  Igualmente, también fue traductora, editora de textos literarios y escritora ella misma.

A principios de los años 30, Escoriaza vuelve a Estados Unidos, para volver a ser profesora de español. La Guerra Civil la pillará en EEUU y la atrapará allí (en 1938 se convierte en ciudadana norteamericana). Su carrera se centrará en la enseñanza hasta que se jubila.

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