Durante la Guerra de Vietnam, Carmen Sarmiento, periodista de Televisión Española, le pidió a su jefe que la enviase a cubrir la contienda. Otros medios habían enviado a mujeres a cubrir la guerra (entre los 500 periodistas que estaban en el frente estaban Oriana Fallaci, Linda Grant Martin o Michèle Ray), pero a su jefe la idea no lo convenció. “¿Cómo vamos a mandar a una mujer a la Guerra del Vietnam?”, le dijo.

A Georgina Higueras, periodista de El País, le aplicaron un doble rasero. Uno de sus compañeros acababa de estar en las manifestaciones que adelantaban la próxima guerra de los Balcanes y ella acababa de presenciar la matanza entre sindis y mohajirs. Uno de sus jefes le dijo que su compañero era “un valiente”, mientras ella era una “insensata”.

No hay que adentrarse mucho en la lectura de Reporteras españolas, testigos de guerra. De las pioneras a las actuales, de Ana del Paso, que publicaba con el comienzo del verano Debate, para encontrar las dos historias. En el plano temporal, las declaraciones de los jefes de Sarmiento e Higueras están separadas por unos cuantos años. En el del libro, por unas cuantas páginas.

Las dos historias sirven para ilustrar los prejuicios, los estereotipos y el ambiente paternalista (y machista) a los que las periodistas españolas tuvieron que enfrentarse en su carrera. Aquí se habla de su trayectoria como corresponsales de guerra y enviadas especiales a la batalla, pero lo cierto es que la conquista de los puestos en medios por parte de las mujeres (hoy mayoría en los estudios de Periodismo) tuvo que romper con muchas barreras y sigue todavía lamentablemente teniendo que hacerlo (solo hay que leer el listado de los nombres de los consejos de dirección para verlo).

La trayectoria de las periodistas españolas como corresponsales de guerra empieza en los 80, aunque eso no quiere decir que antes las mujeres no cubriesen estos eventos. En la conquista por los derechos de la mujer y en las muchas puertas que fueron abriendo las mujeres profesionales de finales del siglo XIX y sobre todo las primeras décadas del XX y que frenó la Guerra Civil (donde, por otra parte, muchas mujeres, españolas y no españolas, escribieron sobre la guerra), empezaron también a aparecer nombres de periodistas firmando informaciones de guerra.

Esas primeras pioneras cubrieron la Guerra de Marruecos (como hicieron Colombine, María Teresa de Escoriaza o Consuelo González Ramos) o la I Guerra Mundial (como hizo Sofía Casanova, la primera periodista – mujer u hombre – extranjera en entrevistar a Troski). La postguerra mandó a las mujeres a la casilla de salida en muchas cosas y el periodismo no se mantuvo al margen de ello. Muchos de estos nombres estaban olvidados, borrados (como le ocurrió a Colombine) u oscurecidos hasta no hace tanto tiempo, haciendo que esas nuevas pioneras de los 80 tuvieran que empezar de cero nuevamente.

Y a ellas – y a las periodistas que las siguieron desde entonces y hasta hoy cubriendo guerras, batallas y tensiones en todo el mundo – es a las que dedica Del Paso su libro, una especie de censo de profesionales que permite descubrir las luces y las sombras de la profesión y los retos a los que las mujeres tuvieron (y tienen) que enfrentarse a lo largo de su carrera. Porque ellas tienen que solucionar los dilemas éticos (qué contar, cómo hacerlo, cómo ser realmente equidistante) que tienen que superar sus compañeros, pero además han tenido que luchar contra muchos otros problemas que ellos no han tenido que conquistar. El periodista de guerra se ve siempre como un Hemingway aventurero… olvidando que allí también estaba una Martha Gellhorn brillante.

Los testimonios hablan de cómo se seguían viendo a las mujeres como “periodistas de segunda” (algo que a medida que se siguen leyendo testimonios más recientes se ve que no ha dejado de pasar del todo) en la cobertura de guerra o cómo se seguían aplicando ciertas ideas sobre lo que debía ser una mujer/madre y un doble rasero. Una de las periodistas entrevistadas por Del Paso recuerda como mayor peculiaridad en su carrera lo siguiente: “Fue la sorpresa explícita de mis colegas cuando se enteraban de que tenía cinco hijos. Me espetaban: ‘Pero ¿tú que haces aquí con cinco hijos?’, a lo que solía contestar: ‘Y tú, ¿qué haces aquí con los tuyos?”

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