notas margen

Una vez, leyendo un libro de la biblioteca me encontré con que alguien había pintado con lápiz una flor en uno de sus márgenes. Y, otra vez, tropecé con un poema que habían dejado en el medio de las páginas (¿esperando que el próximo lector lo leyese o por puro error?). Y, sí, a veces enfada un poco ver como otros lectores han dejado su marca en los libros de la biblioteca (a todos los que subrayan los libros que alguna vez tuvieron que usar para clase y los dejan así para los que vienen detrás… digamos que los tengo en una especie de lista negra) pero otras, sobre todo cuando libros y mensajes tienen cierta historia, despiertan más curiosidad que otra cosa.

Lo cierto es que aunque pintar en los márgenes de los libros parece cosa de hoy en día (ya sabéis, lo típico que se repite siempre de que los niños de ahora son peores que los de antes) lo cierto es que es una práctica tan antigua como los propios libros. Incluso en los medievales, esos que nos parecen tan respetuosos porque alguien tenía que copiarlos a mano y convertirlos en pequeñas obras de arte, ya se han encontrado dibujos y mensajes hechos por lectores (o copistas) aburridos mientras se enfrentaban al texto.

La marginalia, que es como se conoce a este tipo de comentarios y escritos, está sin embargo ahora mismo de una moda que nunca antes había vivido. De hecho, el interés que despierta le ha valido ya la consideración de exposición cultural. La The New York Society Library acaba de abrir las puertas de una exhibición especial que se centra en este curioso punto, la Readers Make Their Mark: Annotated Books at the New York Society Library. Con esta premisa, la biblioteca (una de esas que suelen aparecer en las guías turísticas de Nueva York) va a dejar ver a los visitantes los escritos y mensajes que otros lectores han ido dejando en los libros de su fondo durante los años.

Los libros expuestos no serán además simplemente tomos recientes que alguien ha garabateado. Entre los libros que se pueden ver en la exposición, como explican en una nota de prensa en el site de biblioteca, se encuentran dos libros del siglo XVI en los que John Dee, consejero de Isabel I de Inglaterra, dejó comentarios o una primera edición estadounidense de Emma, el clásico de Jane Austen, en la que un primer lector dejó sus mensajes.

La exposición también invita a reflexionar sobre lo que las notas dejadas en los márgenes de los libros dicen sobre los lectores. Algunas de esas notas son oscuras y dicen poco más, apuntan, pero otras nos permiten crear una suerte de genealogía de la lectura y descubrir mucho sobre el lector que las firma.

Interés creciente en los escritos al margen

La exhibición estadounidense no es además la única muestra del interés que cada vez más despiertan este tipo de elementos. Un artículo en The New York Review of Books recordaba recientemente que en Oxford la marginalia se ha convertido en una especie de nuevo hobby – interés emergente entre los universitarios y que la Universidad de Cambridge ha acogido recientemente una exposición sobre las notas que los lectores dejaban en los libros entre 1450 y 1550 (una, de alguien que había dejado una mancha de tinta confesando su crimen, es bastante sublime).

Los fans, por otra parte, del estudio de esta materia suelen publicar en redes sociales estos contenidos en los que se conocen como Marginalia Monday: los lunes suben fotos de marginalia a las diferentes redes sociales.

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