san valentin

Puede que mientras se ve la avalancha de cosas rosas y de corazones que llegan a las tiendas durante el día de San Valentín (y unos 20 años antes para no nos olvidemos de la fecha, año arriba, año abajo) se pierda de vista los orígenes de esta celebración. Todo empezó con aires de bacanal en los tiempos de los romanos. Los orígenes del día de San Valentín están en las Lupercales, unas fiestas de exaltación de la fertilidad que se celebraban entre el 13 y el 15 de febrero, y en la que los participantes hacían un sorteo para escoger pareja (que sería la pareja que tendrían para lo que durasen las fiestas y no de forma digamos platónica). El cristianismo la adaptó después y le dio un toque santo. “Era más bien una orgía de borrachos, pero los cristinos les pusieron ropa encima”, explica a NPR Noel Lenski, un historiador.

La fiesta siguió por tanto siendo una jornada de petición de fertilidad y de amor, aunque más asociada a las velas y los rezos. Con el paso de los tiempos, y la intervención de la poesía, se fue convirtiendo en el día de la exaltación del amor romántico que hoy conocemos. Muchos son los que asocian el comienzo del San Valentín moderno (ya sabéis, el intercambio de mensajes amorosos y exaltación del amor romántico) a Geoffrey Chaucer, el poeta del siglo XIV. En Parlement of Foules (de 1382, escrito en honor al aniversario de boda de Ricardo II y Ana de Bohemia) incluye unos versos en los que se une a la jornada con el amor romántico: “Porque era el día de San Valentín, cuando cada pájaro viene a escoger a su pareja”. En más o menos la misma época (por 1400) también apareció una mención al día de San Valentín en un poemario en Francia, donde se describen las celebraciones de la corte y se incluye el San Valentín entre ellas.

Tras estas primeras y medievales expresiones literarias de San Valentín, la fiesta cogió cierto impulso en la parte escrita. Ya en la Edad Media los enamorados se intercambiaban tarjetas y es posible encontrar algunos poemas escritos por enamorados que han sobrevivido al paso del tiempo. John Donne y William Shakespeare incluyen menciones a la fecha en sus poemas y tragedias, respectivamente, en el siglo XVII.

Y en el siglo XVIII San Valentín era ya una fiesta del amor institucionalizada o al menos recibió el empujón definitivo, en la que enviar cartas de amor era la norma y leer sobre ello ayudaba. Uno de los libros más antiguos que se conserva impresos en italiano sobre el amor es de hecho un libro de cartas de amor de una mujer para “entrenar” a su amante. Y los libros para sacar ideas para escribir a los enamorados no eran raros: en 1797 se publicó The Young Man’s Valentine Writer, un manual para sacar ideas para escribir mensajes de amor para la fecha.

En la época georgiana (la época de Jane Austen, por así decirlo) había unas cuantas tradiciones para San Valentín y todas estaban muy relacionadas con lo escrito, como demuestra el artículo que han publicado en GeorgianEra. Como los romanos, se sorteaban a mujeres solteras (pero no para una orgía, sino para escribirles una más inofensiva carta de amor al día siguiente). El envío de cartas de amor era común: según una de las noticias que entrecomillan en el texto, en la oficina central de Correos movieron en 1805 80.000 cartas (20.000 más que el año anterior).

Las cartas se convirtieron en tarjetas impresas con poemas predeterminados en la era victoriana y el día de San Valentín se convirtió en un negocio para los nuevos fabricantes de tarjetas.

Hoy San Valentín es un negocio que mueve miles de millones.

Imágenes Wikimedia, Sumall

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