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Esta historia empieza prácticamente como una novela, aunque lo que seguirá a continuación no es el argumento de una poderosa historia de ficción sino una historia literaria real. Un escritor francés estaba en una tienda de viejo cuando se encontró con un ejemplar de un libro publicado en los años 40 por una autora para él desconocida. El escritor leyó el libro, se entusiasmó con él y, como suele ocurrir en estos casos, acabó hablando sobre lo leído con otros. Esas conversaciones acabaron llevando al libro olvidado a la editorial Gallimard y propiciando una investigación para intentar descubrir quién era la persona detrás de lo narrado. Tras todo ello, Rien où posser la tête, de Françoise Frenkel, se convirtió en uno de los fenómenos literarios de la rentrée de 2015.

El libro acaba de aparecer ahora mismo en las librerías españolas, publicado en su traducción al castellano por Seix Barral. En España, se titula Una librería en Berlín. “La traducción literal del título en francés, Rien où poser sa tête [Nada donde reposar la cabeza], resultaba imposible. Barajamos varias líneas, desde intentar respetar en lo posible el original (Ningún lugar donde descansar), hasta adaptaciones más libres (Huida de Berlín, o la propia Una librería en Berlín)”, nos explica por correo electrónico la editora de Seix Barral, Irene Lucas, cuando le preguntamos por el cambio de título. “Tras debatirlo con el equipo, optamos por este último título porque en él reunía la pasión de Françoise Frenkel por la literatura, que la llevó a realizar el sueño de abrir una librería francesa, y la parte histórica, pues Berlín representa, durante la II Guerra Mundial, esa Alemania nazi que la obliga a huir”, añade.

OK_libreria berlin_SeixBarral_10176055 1-5Siempre resulta curioso e interesante descubrir cómo solucionan las editoriales este tipo de problemas y también cómo los cambios pueden modificar la percepción que tenemos de los libros o de sus contenidos. Tras leer Una librería en Berlín y dejar el volumen en el salón, unas visitas vieron el libro y me preguntaron si era una “novela feel-good”. El título les había llevado a pensar en esa clasificación.

“Me sorprende un poco”, apunta Lucas cuando se lo comento, “pues ese tipo de novelas suelen tener portadas a color y harto diferentes en su estilo; nosotras apostamos por el blanco y negro porque da seriedad y el toque histórico al aspecto de un libro. Y en el texto de contra también reforzamos la idea de testimonio y de fuga vital de la autora. ¡Creo que si esa persona lo hubiera leído no hubiera tenido duda!”.

Y sí, si se ha leído a Frenkel no queda duda de que esta no es una novela feel-good, por muy felices que nos las prometamos cuando empezamos a leer las primeras páginas. Allí nos encontramos a una mujer entusiasta, polaca formada en París, que decide montar una librería. La librería no es una librería cualquiera: es una librería francesa en el Berlín de los años 20, la primera librería especializada en libros franceses de la ciudad y una con unos lectores entusiastas. Pero pocas páginas más tarde la historia acaba atrapando a la librería y a su librera. La llegada de los nazis al poder no solo hace que los libros se conviertan en algo peligroso, sino que pone también en peligro la vida de la librera. Françoise Frenkel era judía. La librera acaba volviendo a Francia, pero lo cierto es que eso no es más que el primer capítulo de una historia mucho más larga. Lo que Frenkel narra en las páginas de Una librería en Berlín es su historia de supervivencia, el cómo logro sobrevivir en la Francia ocupada/colaboracionista (ella vivía en el sur de Francia, pero no por ello las cosas eran más sencillas) hasta cruzar la frontera y pasar a Suiza.

Y además el texto no es una novela: Françoise Frenkel existió y lo que nos cuenta son los hechos reales que vivió en ese período. Su libro es un poderoso testimonio.

Un libro olvidado, un éxito ahora

El libro no ha permanecido inédito hasta ahora. Frenkel publicó su testimonio en los años 40: lo escribió en 1943, justo tras los hechos que narra, y se publicó en 1945 en Suiza. Sin embargo, el libro pasó completamente desapercibido. Los investigadores que han intentado seguir las huellas de la autora solo han encontrado una pequeña recensión en la prensa de la época sobre el texto. Lo publicó Le Mouvement féministe, el medio de la alianza de asociaciones feministas suizas. La crítica es muy buena, pero solo quien la hizo supo ver, en los medios de entonces, el potencial y la calidad de esta historia.

Frenkel se convierte en una de esas recuperaciones de autores (especialmente de autoras) del pasado que últimamente parecen protagonizar las mesas de novedades. Los lectores tenemos la sensación de que, de un tiempo a esta parte, las editoriales se han lanzado a recuperar olvidados autores de principios del siglo XX, con historias que habían quedado perdidas en las estanterías. Sin embargo, cuando se les pregunta a los editores, tanto a los franceses como a los españoles, por el tema no parecen estar en absoluto de acuerdo con esta visión de las cosas.

una librería en berlinNo es una moda, siempre ha estado ahí. Quizá ahora sea más patente. Siempre ha habido un sinfín de libros maravillosos publicados hace tiempo que clama al cielo que no tengan la oportunidad de llegar a nuevos lectores”, apunta Irene Lucas, de Seix Barral.

“La tendencia ha sido más bien que durante los siglos, e incluso hoy en día, las mujeres, sus obras, sus trayectorias excepcionales han sido descuidadas, borradas, negadas y algunas de ellas han pagado eso con su vida”, advierte Thomas Simonnet, editor de Gallimard, también por email, cuando le pregunto si hay una tendencia ahora a buscar al autor o la autora olvidada. De hecho, nos invita a preguntarnos cuántas mujeres conocemos que hubiesen dirigido una librería tras la I Guerra Mundial. “Y aquí tienes una, Françoise Frenkel, ¡cuya historia y cuya voz emergen al fin!”, destaca, recordando que no solo es una “buena noticia” que nos interesemos más por este tipo de obras, sino que también considera que aún hay “grandes descubrimientos por hacer” de obras de este estilo “que la violencia de la historia y los hábitos de pensamiento han dejado en la sombra”.

Y cierto es que leyendo a Frenkel, su prosa concisa, llena de observaciones capaces de decir muchas cosas con un par de apuntes (es un texto, en mi opinión, que comparte las mejores características de la crónica periodística) sorprende que no haya triunfado antes, que los lectores de su momento no se dejasen fascinar por la historia como los de ahora.

Una mujer de la que no se sabe nada

A Frenkel la conocemos por lo que ella misma nos cuenta en la narración y, en realidad, poco más podemos saber. Aunque el libro y su reedición en Francia han propiciado una investigación para intentar encontrar a la autora y para reconstruir su biografía, poco se sabe realmente de ella. Después de la publicación en 1945 del texto, Frenkel se diluye en la historia y solo sabemos que murió en Niza en 1975. Se puede encontrar su rastro en algunos pleitos con el estado alemán para que la indemnizasen por los bienes perdidos en la guerra, pero poco más. Frenkel es prácticamente un misterio. Por no haber, ni siquiera hay una foto de la autora (una conocida al menos).

OK_libreria berlin_SeixBarral_10176055 1-3En la introducción al texto que acompaña la edición española, Patrick Modiano habla de cómo ese misterio hace que todo resulte más atractivo al lector. Cuando le preguntamos a Simonnet sobre si el misterio tiene ese efecto sobre el libro (si lo hace más interesante y le da más fortaleza), el editor apunta que el misterio jugó una parte importante en el redescubrimiento del libro, pero también que Frenkel es mucho más que eso, destacando su escritura “un juego muy delicado entre precisión y flujo, descripciones frías y empatía que da margen al lector para soñar”. “El misterio se encuentra ahí”, dice.

El libro, por supuesto, también invita a hacer muchas preguntas. Se sabe que Frenkel estaba casada con Simon Raichenstein, que era su socio en la librería berlinesa. Simon Raichenstein tuvo que abandonar antes que su esposa Alemania, porque su situación (tenía un pasaporte de apátrida) era mucho más peligrosa que la de Frenkel. Sin embargo, el marido de la autora no es mencionado jamás en la obra. “No se sabe la razón exacta”, apunta Simonnet cuando le preguntamos por qué cree que Raichenstein no aparece, aunque señala que se puede suponer que en el momento de la escritura no sabía nada sobre lo que le había ocurrido (nosotros hoy sabemos que fue deportado y que murió en 1942) y que además la guerra no había acabado lo que hacía que fuese peligroso nombrarlo. “Además, toda la familia es evocada únicamente de forma muy alusiva”.

Cómo pagar estos derechos de autor

Aunque poco sea lo que se sabe de Frenkel y a pesar de ese vacío de información que tenemos sobre ella (más allá de su poderoso libro), el hecho de que la escritora falleciese en los años 70 hace que el texto esté aún protegido por los derechos de autor. ¿Qué ocurre con los derechos de autor de un libro como este?

En la letra pequeña del libro, aparece una mención de la editorial señalando que “se han realizado todos los esfuerzos para localizar y recabar la autorización del propietario del copyright”. “Cuando un editor quiere publicar un libro cuyos derechos no puede adquirir (porque aparentemente no hay herederos que los gestionen, etc.) se suele poner en el mismo libro, en página de créditos, normalmente, lo que llamamos un disclaimer notificando que se ha intentado localizar al dueño de los derechos”, nos explica Irene Lucas, la editora de Seix Barral, cuando le preguntamos por el tema. En este caso, apunta, cuando le hablaron del libro desde la editorial francesa vieron que era un texto que merecía la pena. “Intentaron encontrar, sin éxito, a los herederos de los derechos de la autora, ya fallecida”, explica. “Nosotras nos sumamos a su iniciativa tras leer el libro, que nos pareció una de esas joyas perdidas que se deben recuperar”, indica.

Y una vez que el libro se publica, se generan beneficios derivados. ¿Tienen la obligación legal de mantener apartadas las ganancias por derechos de autor los editores esperando a que alguien venga a recogerlas? Lucas explica cómo funciona: “No es que las ganancias se guarden “en depósito”, simplemente la editorial tiene presente que, en cualquier momento en el que se reclamen los derechos, deberá abonar los royalties correspondientes”.

Imágenes: Primera página de la primera edición y el hotel en el que vivía la autora en Niza durante la guerra, cortesía de Seix Barral // Foto destacada Unsplash/Pexels

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