Si hay una cosa que nos encanta a los lectores entusiastas es hacer cosas literarias. El turismo literario es casi como algo natural. Es casi imposible no entrar en librerías (aunque no entiendas ni una palabra del idioma local…), buscar y visitar los museos de los escritores de cada zona (aunque no necesariamente hayas leído sus obras… aunque sabes que acabarás leyéndolas después) o seguir los pasos de algunos libros o eventos literarios mientras haces tus visitas turísticas no-literarias.

Roma es uno de los destinos turísticos con rutas literarias, aunque bien es cierto que cuando piensas en Roma y en excusas para visitarla los libros y lo literario no es lo primero que se te viene a la cabeza. Pero, sin embargo, no hay que forzar mucho las cosas para hacerse una ruta con paradas literarias y para hacer visitas a casas de escritores y escenarios literarios. Por eso, cuando la semana pasada me fui de viaje a Roma, decidí que haría turismo literario en la capital italiana.

Estas fueron mis paradas literarias en la ciudad durante mi viaje literario por Roma (aunque esta no es una lista total de todo lo que se puede hacer relacionado con libros y literatura en la ciudad).

Keats-Shelley House

En plena plaza de España, justo en donde empiezan las escaleras que la unen con la iglesia de la Trinidad del Monte, se encuentra el edificio en el que vivió sus últimos días, en una habitación alquilada a una mujer inglesa que recibía a turistas británicos, John Keats. No queda nada real de la habitación de Keats, porque las leyes vaticanas obligaban a quemar los muebles y las pertenencias de los muertos por tuberculosis, pero han reconstruido cómo hubiese sido usando muebles de la época similares. La habitación es bastante fascinante (y extraño: por sus ventanas ahora se ven hordas de turistas), pero el museo es más una ventana a la vida de los escritores románticos británicos en la Italia de principios del XIX.

Tras la visita se puede acabar merendando (eso fue lo que hice yo) en Babington’s, un salón de té situado al otro lado de la escalinata y fundado por dos señoritas británicas a finales del XIX. Ni Keats ni Shelley por supuesto tomaron nada ahí, pero seguramente los viajeros victorianos y eduardianos irían en peregrinación al lugar, el único sitio en el que se podía tomar y comprar té que no fuese una farmacia. ¿Quién dice que entre ellos no había viajeros literarios?

Casa de Goethe

Visitando la casa de Goethe tuve una relevación. ¡Goethe fue el pionero de todas esas historias de los telefilmes y de las películas comerciales en las que una persona (habitualmente una mujer) se va a Italia a descubrirse! Goethe también se fue a Italia a encontrarse consigo mismo, en un período en el que ya era un escritor muy famoso pero en el que él aún tenía dudas sobre qué hacer con su vida. Llegó con un nombre falso y se asentó en una zona llena de artistas (que es a un tiro de piedra de donde luego viviría Keats). El museo no reconstruye la casa ni siquiera la habitación de Goethe, pero si se pasa la exposición temporal de las primeras salas siguen otras cuantas que hablan de la experiencia italiana de Goethe. Y esas sí son muy interesantes.

Además, tanto las casas de Goethe como la Keats-Shelley tienen un acuerdo de colaboración. Si vas a una, te hacen después descuento en la otra presentando tu billete de entrada. Está en Vía del Corso, 18.

Cripta de los Capuchinos

Vale que yo no fue ahí pensando que me iba a encontrar con un destino literario y quizás es un poco traído por los pelos, pero después de ver dos casas románticas esta parece la parada más adecuada para seguir con el espíritu del Romanticismo. La cripta, justo saliendo del metro Barberini, es uno de los lugares más delirantes e inquietantes que he visitado en mucho tiempo. Incluso me dio un poco de mal rollo, no os lo niego. En algún momento, un artista convirtió los restos óseos que tuvieron que mover cuando cambiaron el monasterio de ubicación (y con él el cementerio) en la base para la decoración de la cripta. Desde lámparas a la decoración de los techos, todo está hecho con esqueletos.

No se sabe por qué lo hizo ni tampoco muy bien quién lo hizo, aunque se cree que fue a mediados del XVIII. Y, atención que aquí viene el toque literario, el primero en dejar constancia de que esto existía fue el marqués de Sade, en sus escritos sobre su viaje por Italia. Él recomendaba visitarlo por la noche, con las velas encendidas. Ahora solo puedes verlo en horarios de museo (y casi mejor).

Antico Café Grecco

En Via dei Condotti, muy cerca de la Plaza de España. Es la cafetería más antigua de Roma y funciona desde 1760. Goethe se tomó su café allí, pero también Stendhal, Lord Byron, Henrik Ibsen, María Zambrano o Hans Christian Andersen. Según la Wikipedia, Keats también fue cliente, pero teniendo en cuenta que el pobre llegó a Roma en un estado terrible y que el amigo que lo acompañaba tenía que llevarlo en brazos de una habitación a otra parece poco probable que saliese a tomarse el aperitivo…

Cementerio Acatólico

El cementerio donde están Keats y Shelley. A mí no me dio tiempo a visitarlo (cierra bastante temprano), pero se queda en mi lista de lugares pendientes para mi próxima visita literaria. Es una de las grandes paradas clásicas en todas las listas de rutas literarias que puedes hacer por Roma. Cerca hay una café literario, Lettere Café, en el que se puede aprovechar para reponer fuerzas, y también una pirámide (sí, una pirámide).

Estatua de Santa Teresa

Vale, la gente va principalmente a ver la escultura del éxtasis de Santa Teresa de Bernini (en la iglesa de Santa Maria della Victoria) porque es una obra maestra del Barroco. Pero puedes meterla en la lista también como parada literaria porque no olvidemos que Teresa de Jesús era escritora. Y, según la Wikipedia, ahora la estatua y la iglesia reciben no pocas visitas porque es uno de los elementos que aparecen en El Código DaVinci, de Dan Brown. La escultura es realmente una obra de arte impresionante (y no puedes dejar de hacerte fan de la familia que la encargó, cuyos miembros aparecen en los laterales cotilleando entre ellos).

Otras paradas literarias

A la lista se debería sumar la Biblioteca Vaticana, que suele aparecer en las listas de las bibliotecas más bonitas del mundo. Se puede acceder como lector y se pueden visitar exposiciones temporales. Su página web es cero usable, así que recomendamos investigar con buen detalle antes de la visita (y no hacerlo mal, como fue mi caso) y ver cómo se puede acceder a ella.

Los escritores Luigi Pirandello y Alberto Moravia también tienen casas museo, pero sus horarios son muy reducidos y/o funcionan con cita previa. Poder visitarlos tiene por tanto mucho de suerte.

En mi recorrido literario también pasé por la Confetteria Moriondo & Gariglio, que está muy cerca del Panteón. Un poeta romano del que nunca había oído hablar (Trilussa) la menciona en sus versos porque se quedó muy impresionado con su chocolate. Eso ponía mi guía Lonely Planet. Y si un poeta que no conozco cantó al chocolate… ¿qué más excusas necesito yo para ir a un sitio?  Todavía fabrican algunos bombones siguiendo recetas del XIX. Si les preguntas cuáles son, te lo dicen. Enfrente de la confitería había, además, una librería de viejo.

Y, por supuesto, no hay nada mejor que callejear fijándose en las paredes de las casas, porque parece que todos los escritores importantes estuvieron en Roma en algún momento y suele haber placas en las direcciones en las que se hospedaron. En las librerías me tropecé con libros de viajes romanos de Émile Zola, Charles Dickens o Henry James. Y paseando lo hice con la placa que marcaba dónde había estado Stendhal viviendo en sus vacaciones romanas.

Fotos Librópatas, cuadro Wikimedia

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